Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos más profundos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

lunes, 14 de abril de 2014

Hay días…



Hoy me desperté después de tener un sueño horrible que no recuerdo, la sensación de angustia pegada a mi pecho me oprime el corazón, es tan trabajoso sentirse así. Y en el fondo es que te sigo extrañando, y me dan ganas de llorar, siento las lágrimas ya en la línea de salida pero no lloro, no me gusta llorar, las cosas se vuelven borrosas y después desaparecen en un todo de agua que ahoga más de lo que alivia. Ya sé que puedo ser feliz, sí, imagíname feliz.
Alguna vez han sentido que no tienen ningún deseo de salir de la cama, ni tienen ganas de hacer nada, como una sensación de desidia, aunque no se esté precisamente triste ni deprimida. Podríamos pensar que más bien parece pereza, y definitivamente así es como los demás lo verían. Me siento aletargada, como si estuviera sedada, pero consciente, no tengo ánimos para nada, nada me provoca, se que tengo cosas que hacer, pero no me importa postergarlas.
Tengo tanto amor y sin embargo sacarlo de adentro muchas veces me cuesta. No me sale bien abrirme y sólo dejarlo ser, no importa con que etiqueta venga, no importa, soy torpe, huidiza. Antes hasta me daba trabajo abrazar, me quedaba ahí dura con los brazos muertos a los costados de mi cuerpo, no los podía mover, ahora ya aprendí, y también a sonreír cuando quiero y agradecer, me gusta agradecer. Con las palabras no me fue mejor, es tan delicado y a la vez tan poderoso decir “te quiero” que antes que eso digo otras cosas, y a veces ni siquiera se le parece, logro decirlo muy poco, quisiera decirlo más, no mucho más, tan solo un poco más.
Hay cosas que empezamos sin saber muy bien por qué. Quizás porque creemos que nos lo debemos. A nosotros, a nuestra vida, a nuestra alma. Hay cosas que empezamos sin saber cómo ni dónde acabarán, si escaparán o no a nuestro control, si es que hay algo en esta vida que se pueda controlar. Todo, en cambio, tarde o temprano escapará. Pero hay días en que uno no se imagina estando donde está. Y hay días en que uno quiere llorar y se muerde los labios. Días en que se extraña el mar. Y este no es uno de esos días.
Hay días que quisiera dedicarte, días que yo misma dedico a querer hacerte feliz. Días en que me pregunto por qué no te tengo, algunos días en que lo entiendo y hay días en que no quiero entender nada. Hay días en que te quiero tanto que me duele, otros en que escogería odiarte y otros en que quiero escaparse de todos lados. Hay días que parecen llevar impreso tu nombre, días demasiado horribles o demasiado bellos. Otros días en que definitivamente pienso que lo mejor es dejar correr las horas, que el día termine, que la sensación de que este es uno de esos días se vaya.
Pienso que si pudiera hacer las cosas de nuevo las haría como las hice, no lamento mis errores, ni aún el dolor, pero tengo algo con el miedo, eso sí, con el miedo expresándose en tantas formas apatía-febril actividad-sueño-amores-aislamiento-apego-silencio-grandes enojos. No lamento el miedo en realidad, sino haberle dado el poder de decidir conmigo y muchas veces por mí.
Estoy juntando silencio porque las palabras dejaron de sorprenderme; mis palabras y las de algunos otros también. En cambio el silencio es de una textura profunda y aterciopelada. Todo es suave en medio del silencio, la felicidad o el dolor. En silencio todo es distinto, y me deja escucharme… cada latido, cada suspiro, cada sonrisa tranquila…
Estos días vivo mi contradicción más plenamente, sé lo que quiero pero a la vez y casi simultáneamente siento una tristeza… me digo que las personas son así, pero eso no me alcanza para justificar o no entristecerme. Tengo que aprender a soltar más rápido, no importa que tan cerca o tan lejos o tan fuerte o débil esté, la realidad es la realidad y hay que mirarla fijamente, el idealismo distorsiona y a la corta o a la larga me veo destrozada. Mis días sin ti son tan oscuros, tan largos, tan grises, tan absurdos, tan agrios y tan duros, son un derroche, las horas no tienen principio ni fin, tan faltos de aire, tan llenos de nada... como duelen los días sin ti.
Muchas veces me resguardo dentro de mi armadura, esa que yo misma me hice, que ajusta pero no molesta. Pero también yo misma la he llenado de agujeros en esos días que me harto de mis palabras y quiero otras palabras y quiero más que palabras; y han habido días en que la he llenado de remiendos, días en los que algunas cosas me incomodan o me abruman o me hieren y prefiero estar dentro de mi armadura protegida, escondida; a veces creo que necesito que alguien venga y me la arranque de golpe porque sola no puedo… bueno, sola sí puedo, pero todavía sola no me animo.
Hay días en que quizás sería mejor quedarse en la cama sin descorrer las cortinas de la vida, taparse la cabeza con la sábana y esperar que toda idea loca que se atreva a despertar obtenga su merecido: acabar en el diván del olvido. O quizás hoy decida que no. Pero tengo demasiados miedos. Miedos que se contradicen y se pelean por mí. Es por eso que cuando me acerco busco aferrarme y a la vez me alejo. El miedo que me cerca es tan soso que no puedo entender que me dure tanto: ese miedo es a perder mi corazón en ti y no recuperarlo nunca más. Total igual mi corazón se escapa y en este instante un pedazo está perdido en una caricia tuya en aquel lugar; lo que me hace reflexionar sobre lo inútil de los miedos y más aún de las murallas que no resguardan.
Estoy en esos días que exploto, por todo. Me siento furiosa conmigo y me encierro, pero encerrada me abrumo, me derroto, me agoto, me renuevo, me esperanzo y me sigo llenando de amor. Entonces me canso de estar cerrada y me aburro de la tristeza y uso los libros, la música, los mimos para tranquilizarme, pero el maremoto en el pecho salpica inesperadamente y tanto caos siempre termina en desborde de lágrimas y yo no quiero ese desborde, quiero estar tranquila y disfrutar, aunque sea un microsegundo del amor que me excede sabiendo que todos son momentos y aunque parecen eternos no lo son, y es bueno sentir…
De pronto me quedo sin palabras, contemplo mi nostalgia en un silencio roto y laberíntico, que me aleja de todos y de mí. Tanto que asumo como natural la imposibilidad de acercarme, de dejar que me toquen. Ausente y callada hago lo que debo, esperando que saque de ese estado el amor que hay en mi, en las hojas de un libro, en una amiga, en un encuentro de cuerpos, en una canción, en un recuerdo… y entonces termino mi mutismo, y mi corazón despedazado y dolido se recompone. A veces sigo siendo la niña que se impacienta por crecer y sueño como si mi inocencia estuviera entera, y duermo como si ya hubiera hecho todo, pero no he hecho todo y por eso me levanto.
Los años junto a ti han sido los mejores de mi vida. Todos tienen el brillo de tus ojos y tu inacabable sonrisa, tienen tu voz suave rodeándome la silueta y el eco de tu risa. Contigo todos los cielos han sido perfectos... sin olvidar las constelaciones en el techo de tu habitación. Es lo mejor que me pudo haber pasado. Eres tanto que no he logrado definir... y a decir verdad, no lo intento, creo que sobrepasas todos los sinónimos para describirte. Hoy te necesito más que nunca, estuve tan cerca y a la vez tan lejos. Hoy fue un día en el que la cercanía me hizo enloquecer, milímetros de distancia, pero aún así parecieron kilómetros, sin nada por hacer. Casi corrí a perderme en otro cuerpo, en otra vida, por la locura de no tenerte y a la vez el miedo de perderte.
Mejor dejo de pensar, de reflexionar, de creer, de imaginar, de desear, de esperar, de todas esas cosas que siempre terminan poniéndose en mi contra, mejor me voy a algún rincón dentro de mí, dónde esté mi yo solitario, ese que me conoce y me comprende, ese al que le ha tocado la misma suerte que a mi yo y que al igual que yo ya está cansado, así entre los dos nos damos algo de consuelo.
Mejor lo dejo aquí porque creo que en algunas ocasiones estoy divagando, me estoy desviando de lo que empecé a escribir y no sé ahora ni cómo terminar. Lo cierto es que he caminado por mares y desiertos, he pasado por el sol y la luna, y que cambié todos los mandamientos por el de “como tú, ninguno”. No es extraño que sea una auténtica locura acostumbrarme a estar sin ti, y que hasta la delgada tela de tu camisa me parece una distancia insoportable. Todo ha sido tan bello a tu lado, que creí encontrar el paraíso junto a ti. No tienes todo lo que quiero pero eres todo lo que quiero.

viernes, 11 de abril de 2014

Mi momento Zen



Llevo varios días con ganas de disfrutar de un día diferente y relajante, y al menos para mí el escenario ideal es la playa. Allí me tomo las cosas con calma y me olvido del estrés. Me encanta la ciudad pero, de vez en cuando, necesito huir al mar. Si no lo hiciera, acabaría saturada del humo, del caos y de la agresividad del asfalto.
La playa. Ir a primera hora de la mañana, cuando apenas hay gente, pasear por la arena, por el agua o simplemente, sentarme a mirar el horizonte, las olas... ese sin dudas es mi momento Zen, mi momento de armonía total con el universo. Me relajo escuchando los murmullos de la playa. Sobre todo si no tiene mucha gente (o ninguna) y no es que no me guste la gente en la playa, pero cuando lo que quiero es estar tranquila prefiero la playa vacía.
Paso un rato muy agradable y al volver a casa me siento aliviada y en paz. El mar es capaz de modular nuestro estado de ánimo, eliminar los pensamientos negativos y el desequilibrio emocional. me inspira un montón... no puedo vivir sin el mar, sin mi playa, me relaja, me encanta, me siento libre en ella... no digo solo para pasar el día entero allí, sino que cuando tengo un problema y necesito pensar y no se a donde ir, voy a la playa...
Y los días nublados tienen otras ventajas. La primera es que hay mucha menos gente en la playa, lo que da mucha paz. No hay nada como una playa tranquila sin murmullos alrededor. Me paseo por la playa sintiendo tu presencia, imagino que me hablas mientras piso la orilla con mis pies descalzos. Me entierro yo misma en la arena y luego me sumerjo en el mar, las olas son bravas, la bandera roja, pese a ello mi locura ¿Sentirás esa locura tú, de verme pelear contra las olas? la viviré contigo y dormiré en la tierra hasta que amanezca, lo he hecho otras veces y el sentimiento de libertad es enorme, cuando me imagino contigo, soy esa tierra de nadie, ese umbral solitario, vacío, ese punto de luz que no logro ver pero que intuyo.
Mientras todo esto y muchas otras cosas suceden yo vivo mi momento de reflexión para conmigo misma. Momento de construcción de mi propio proyecto de vida, incierto como el de todos, pero a diferencia de la mayoría... ilusionada. Cuando regreso de una estancia en la playa todos los que me conocen me dicen lo mismo, se te ve tranquila, contenta, serena... y tienen razón, así me siento, porque mi momento Zen lo disfruto minuto a minuto.
“Mi momento zen” sí…, ese momento en el que conectas realmente con tu interior, con tus sentimientos, con tu cabeza y hablar para ti misma…, allí no escucho música (solo el murmullo que producen sus aguas), ni veo tv…, simplemente estamos el mar y yo… y me dedico a hablar conmigo misma… es el único momento en que no tengo la mente ocupada en mil cosas.
Me encanta dejarme llenar por el viento. Alzarme y extender los brazos para sentir como la brisa, cargada de sal y de olores traídos de lugares lejanos, me rodea, me envuelve, mece mi pelo con el mimo de una abuela, acaricia mi cuerpo con la pericia de un amante experimentado y penetra, abriéndose paso a través de mi nariz y mi boca, dentro de mi, haciendo suyos todos mis sentidos y mi ser. Sueño que soy gaviota bailando, fundida con el aire, con la soledad, con el silencio, con la ilusión efímera de la ingravidez azul… y el tiempo se detiene.
Estoy en un estado de paz conmigo y con el mundo que necesitaba desde hace tiempo y lo estoy disfrutando. No tengo grandes aspiraciones, pero sí sueños como casi todo el mundo. He decidido no amargarme con lo que no puedo solucionar. Mis paseos y caminatas con el mar y el horizonte como compañeros de andanzas me sirven para recargar las pilas del todo. hace que mi interior se encuentre ordenado y calmado. Cuanto mayor es el caos en el que me encuentro inmersa, mayor es la paz en la que me sumerjo... Y a quien no le guste o agrade, no me importa... yo seguiré cultivando mi paz interior junto al mar.
Los invito a encontrar ese momento ZEN de paz y quietud. ¡TODOS NOS LO MERECEMOS! La alimentación como tal no lo es todo, tenemos que alimentar nuestra alma, si no lo hacemos nosotros… ¿Quien lo va a hacer?

martes, 8 de abril de 2014

No llores más, hijita


Si lloras por haber perdido el sol,
las lágrimas no te dejarán ver las estrellas.
Rabindranath Tagore

Te han roto el corazón. Parece una ley: en algún momento de la vida, uno llora y sufre por amor, y parece que el mundo se destruye a nuestros pies. Cuando tus ojos me miran, como hoy, brillosos por las lágrimas que bajan por tus mejillas, mi corazón y mi ser se retuercen de agonía porque no quiero que tan temprano se marchite tu alegría.

No llores mi niña, no puedo verte llorar, es superior a mi y me destroza la vida verte sufrir. Cambiaria cada lágrima tuya por una gota de mi sangre si con ello pudiera calmar tu desconsuelo. Se que duele mucho, duele tanto, tanto, cuando en el alma muere una ilusión, es difícil ver el cielo cuando el dolor nubla tu corazón. Cuando la tormenta es fuerte no ves el horizonte pero dicen que no hay mal, que por bien no venga, así es la vida de contradictoria, ten por seguro que él es el que más perdió.
No llores por amores que no te merecen, no dejes que las penas se adueñen de tu belleza y la tristeza te invada el alma. Todas tenemos días tristes en los que no se encuentra la salida y la oscuridad te nubla. Son días largos, que no tienen fin, y ningún aliciente para sonreír. Pero pasan. Pasan y quedarán escondidos en algún lugar de tu memoria de donde ya difícilmente saldrán.
No te preocupes, ya vendrán nuevos amores, él te acaba de mostrar hasta donde llega su inmadurez. Te queda una vida por delante, a los 18 sufres por amor pero son los primeros sufrimientos por amor, que en esas edades tempranas no dejan de ser amor de niños, el día que en verdad te enamores... será diferente ya verás... y será tan especial que ni te acordaras de éste.
Te queda un largo camino por recorrer donde conocerás a mil personas mas y tendrás otros amores, también romperás corazones al igual que el te rompió el tuyo porque nada es para siempre... el amor es bello pero duele, eso es algo que lleva intrínseco. Disfruta de tu vida bella, conoce, ama, y ten por seguro que hay alguien mejor que está en algún lugar esperando por ti, que sabrá valorarte y amarte como tu te mereces.
Yo sé que a veces el dolor de tan fuerte quema, envenena las almas ardientes… pero no llores más, hijita, a quien no lo merece… Fue cruel… pero ríe, goza de la vida, que afuera ya salio el sol, seca ya tu carita y arréglate. El no merece tus lágrimas yo te aseguro que mañana estarás mejor. Un poquito mejor… y vendrán días con sol que iluminarán de nuevo tu vida, con la alegría de enfrentarte al mundo que, aunque no lo creas, siempre te espera.
Como yo, que siempre espero tu bienestar y felicidad para poder tener yo ser feliz. Porque te quiero y cualquier cosa que te dañe, me daña a mí porque me causa mucho dolor tu dolor. Y por eso te abrazo fuerte para darte mi fuerza y sobretodo mi cariño para que puedas refugiar en él, y sientas que siempre estoy y voy a estar a tu lado, siempre. Queriéndote. Porque desde que naciste, créeme que no sé hacer otra cosa.
Mi vida, piensa ¿qué puede ser más valioso que tu misma? Recuerda la frase: “Lo que no te mata, te hace más fuerte”. Este es el mejor momento para valorarte y quererte; déjate llevar por tu instinto de mujer que grita dentro de ti que quiere sentirse viva, libera tu corazón, despeja tu mente de preocupaciones, y sobre todo ten esperanza. Tú puedes salir adelante a pesar de los sufrimientos por los que tengas que pasar. Toma lo mejor de todo, recoge los pedazos de tu corazón, reconstruye tus ideales y sigue… quiero que te sientas fuerte, valiosa, tal como lo eres. Que le demuestres lo grande que eres y que puedes seguir adelante y ser feliz… Es verdad que las decepciones duelen pero también es verdad que tú, como mujer, eres menos frágil y más fuerte de lo que muchos piensan.
A veces enloquezco cuando veo que sufres y yo no puedo ayudarte. Porque no encuentro la forma, la manera de sacarte el dolor. Al menos trato de ser el bálsamo en el que te refugies cuando no estés bien, estar siempre para que recurras a mi cuando sientas que la vida te ha dado la espalda y te sientas sola, o cuando no te sientas a gusto con tu vida y un enorme vacío se apodere de ti. Me visto de una enorme coraza para sostenerte, para ver qué sucede y cuál es la solución.
Tal vez no tengo más que darte que todo este amor inmenso que siento por ti, y mi vida, que sin duda, es más tuya que mía. Cuando yo estoy mal siempre recurro a ti, quién mejor que tú que eres mi felicidad. Y que poco a poco, tu ternura encuentra la mía y tarde o temprano me haces sonreír, al sentir que sólo con que tú me mires sonriente ya me llenas la vida, el corazón y el alma de amor.
Sé que las cargas del corazón son muy pesadas por eso necesitamos sacarlas para que el peso sea más liviano y llevadero. El corazón se rompe, a veces por amor, otras veces por sueños no cumplidos o infinidad de motivos… Los pedazos de nuestro corazón quedan esparcidos por el suelo, roto, destruido y hecho añicos… Duele, pero te aseguro por experiencia que podemos recogerlos y pegarlos de nuevo, recomenzar y luchar por un mañana mejor, donde encuentres la paz y la felicidad.
Quizá uno de los acontecimientos más dolorosos en la vida de una mujer sea el abandono de la pareja, sin embargo, la vida no acaba con esto, al contrario es un aliciente para seguir viviendo y buscar valiosas motivaciones para hacer de nuestra vida una obra de arte. La vida ni empieza ni termina en una pareja; empieza y termina en ti, en esa maravillosa conquista llamada TÚ MISMA.
Por eso espero paciente que encuentres el camino, yo como siempre seguiré a tu lado. Esperaré que te levantes repleta de fuerza y llena de vida para seguir viviéndola conmigo. Yo daría todo, mi princesa, porque tú seas feliz, ya que sino lo eres mi vida carece de sentido. Encuéntrate, mi amor. Cierra los ojos con fuerza y verás que la luz entra de nuevo. Que mañana las cosas duelen menos y pasado, seguramente, las habrás olvidado.
Déjame secar tus lágrimas y mírame con esos ojos llenos de vida, con ese brillo tan intenso que el mismo sol se marchita al ver la felicidad en ellos. Quiero mi amor, ver en esos ojitos reflejado un mundo nuevo, lleno de dicha, donde no exista el dolor. No llores alma mía, no te lamentes más, vendrá de nuevo otro día y con el sol renacerás. No solloces así, que con cada suspiro que haces arrancas un trozo de mí. Se me rompe el alma verte así. Ni siquiera sabría cómo explicarte cómo puede llegar a doler tanto el alma de una madre ante el sufrimiento de un hijo.
Mi amor, mi princesita adorada, tú eres alegría, vida, estás llena de sentimientos y eso es muy importante en este mundo loco y esquizofrénico. A pesar del dolor que hoy sientes nunca olvides que el amor es el sentimiento más hermoso que existe... así que no tengas miedo a volver a entregar tu corazón, no tengas miedo a amar o a llorar... porque más triste es pasar por la vida sin haber sentido el amor...
Tú eres especial porque llenas de alegría y luz cada espacio donde estás. Por eso ya no llores, mi princesa, ya no más corazón.

viernes, 4 de abril de 2014

Una mirada



Nos inclinamos a pensar que nuestros ojos son sólo un medio de recibir información, pero lo cierto es que son poderosos transmisores de signos vitales en el ámbito social. La forma en la que miras a una persona, respondes a una mirada fija o retiras una mirada puede marcar la diferencia entre un encuentro exitoso y agradable u otro embarazoso e hiriente. Prolongar un contacto de ojos o encontrarnos con la mirada de una persona indica una intensa emoción, y puede ser un acto de amor o un acto de hostilidad.
Una mirada tiene la capacidad de expresarlo todo… nos habla de amor, de alegría y tristeza, dolor y desamor… puede acariciar, fulminar o congelar, consolar y arropar… nos inspira confianza, puede causar temor o hablarnos de pasión… ofrece compañía, comprensión y gratitud, armonía y perdón… Es increíble la cantidad de cosas que podemos transmitir con una mirada, no hay duda que los ojos pueden expresar mucho y decir algo completamente distinto de lo que nuestros labios pronuncian. Incluso en una habitación llena de gente o en una fiesta puedes mostrar de forma efectiva con tu mirada que estás interesado en esa persona. Puedes sentir el calor de una mirada en medio de la multitud.
Así pasó en aquella fiesta… Estaba sentada en una esquina del salón, conversando amenamente con una amiga, encendí un cigarrillo y una sensación extraña de ser observada me invadió en ese momento, con un escalofrío giré la cabeza y lo vi.
Vi unos ojos dueños de una mirada penetrante mirándome desde el otro lado del salón. Me incomodaba la manera en que ese sujeto me observaba, trate de ignorarlo y volví a sumergirme en la conversación con mi amiga... Pero era inevitable, su hipnótica mirada me llevo a mirarlo nuevamente. Una especie de sonrisa se dibujó en sus labios, le devolví la inquisitiva mirada y le sonreí. Instintivamente descrucé las piernas y acomodé mi vestido tratando de cubrirme todo lo posible. Ante este gesto su sonrisa se amplió y desvió su atención.
Minutos después se puso de pie y quede sorprendida. Vi un macizo cuerpo de 180cm, llevaba un jeans que parecía hecho a la medida que enmarcaba unas largas piernas con una camisa celeste, se veía magnifico. Sus rasgos eran inciertos a la distancia pero al pasar muy cerca de mi pude verlo con más detalle. Sus ojos estaban sombreados por unas cejas perfectas acompañantes de una nariz recta que haría morir de envidia al mismísimo Alejandro Magno. No pude evitar imaginar como seria tocarlo, besarlo, sentirlo cuerpo a cuerpo. La chispa del cigarrillo cayó sobre mi pie trayéndome a la realidad.
La gente comenzó a bailar y el centro del salón se llenó. Bailé con un amigo y al terminar la pieza corrí a sentarme. A mitad del camino choque literalmente con él, nos quedamos mirándonos fijamente muy cerca uno del otro, en eso comenzó otra canción y sin decir palabra me atrajo hacia el y comenzamos a bailar. Permanecimos así, muy juntos y callados unos minutos hasta que terminó la música, aún agarrados nos quedamos mirándonos unos instantes y me beso en los labios. Suavemente lo alejé de mí. Un escalofrió me recorrió el cuerpo cuando se acercó a mi oído y sólo dijo, “vamos”. Salimos de la fiesta, sin siquiera saber cómo nos llamábamos.
Afuera arreciaba la lluvia. Su casa estaba a diez minutos del local. Un pequeño apartamento con un dormitorio, regido por una soberana cama instalada con la cabecera en un ventanal enorme desde donde se podría ver gran parte de la zona, pero la lluvia lo impedía aquella noche.
Puso música y en un momento estuve sola en aquella habitación. Al instante regresó trayendo dos vasos y dos cervezas. Abrió una y empezó a servir. Tome su antebrazo y dejó todo en la mesita de noche. Sin decir palabra me besó, le correspondí y comenzó a quitarme delicadamente la ropa. Por dios como gocé aquellos instantes, la manera en que me miraba... Esos ojos eran su arma en aquel momento, turbaron mi mundo… cada botón que desabrochaba dejaba más piel que oler, tocar, besar… Sus manos grandes se esparcían por mi cuerpo con exquisita y veloz suavidad.
Me moría por acariciarlo y sus prendas volaron sin darnos cuenta. Mis besos bajaron por su endurecido abdomen hasta su slip que cumplía un complicado trabajo pues debajo como un potro pidiendo pista estaba un enorme miembro erecto, que pronto estuvo entre mis manos y mis labios. Mi hombre era un atado de nervios ahora y sudaba tembloroso disfrutándolo.
Sus manos intentaban fallidamente soltar mi pelo… seguí con mis suaves besos en su orgulloso e indómito miembro. El ritmo natural acompañaba suaves caricias y podía sentir sus temblores, su respiración comenzó a llenarse de espacios vacíos y algún que otro gemido indicaban apenas una aprobación, su cuerpo pedía más… y pude ver ese brillo turbador en sus ojos nuevamente, con un movimiento liberé mi cabello y con mi lengua recorrí mis labios… su respiración acelerada se intensificó haciéndose entrecortada. Entonces pude ver un brillo animal en sus ojos, un brillo sediento de pasión y lujuria.
Comenzamos a besarnos, a cada segundo necesitaba con más intensidad sentirlo en mi interior. Sus manos acariciaban lentamente los costado de mi cuerpo… sus labios se separaron solo para respirar suavemente en mi oído, su aliento tibio erizo mi mente y moví suavemente mis caderas haciendo presión en él. “Tan impaciente… tan seductora… ahora vamos a jugar mi juego”, susurró en mi oído. Sonreí esta vez con picardía y pude ver como sus pupilas se dilataron. Algún que otro relámpago iluminaba nuestros cuerpos desnudos, cuerpos separados por una distancia que ardía cada vez más.
Se abalanzó sobre mí. Sus labios parecían querer devorar mi piel, sus manos se concentraron en acariciar mi cuerpo recorriendo lentamente cada centímetro. Yo yacía de espalda, tomé sus brazos intentando dirigir sus movimientos, tomó mis manos llevándolas arriba de mi cabeza con cierta presión, su mirada me convenció de dejarlo hacer, el gesto burlón y enigmático apareció nuevamente.
Eche atrás la cabeza y me entregué completamente a sus caricias, los movimientos de su boca encendieron en mí un fuego insaciable, su lengua acariciaba mi clítoris con movimientos atrevidos que me llenaban de sensaciones lujuriosas y calientes. Los temblores no tardaron en llegar, mi respiración era costosa y no podía incorporar mi cuerpo, levanté mi cabeza y lancé un gemido al aire, sus ojos estaban sobre los míos con esa mirada libidinosa. Trague saliva y le sonreí desvergonzada, podía sentir como el volcán de un orgasmo se desataba en mi interior, mis piernas comenzaron a temblar, mi boca se lleno de saliva y un sudor lujuriante cubrió mi cuerpo. Sus caricias continuaban, cada contacto era electricidad para mi piel.
En el clímax busque su mirada otra vez. Sus ojos lucían complacidos y libidinosos. Cuando libere la tensión de mi cuerpo su boca subió besando mi piel hasta que sus labios se encontraron con los míos fundiéndose en un beso carnal y lascivo. Mientras nos besábamos me penetró lenta y suavemente. El vaivén natural tomo un ritmo más fogoso, levanté mis caderas para dar mayor profundidad, los movimientos se aceleraban al ritmo de la danza que solo los amantes fogosos pueden interpretar, los siguientes minutos fueron memorables, mi vagina soportaba las arremetidas del galante caballero que fundía su boca con la mía.
Gemidos placidos poblaron la habitación, el movimiento se torno impetuoso y acelerado, el sudor corría por nuestros cuerpos. Sentí como ese delicioso hormigueo comenzaba nuevamente a encender mis entrañas, su respiración se entrecortaba gimiendo en mi oído. Mi cuerpo acompañaba sus arremetidas, el vértigo en mi vagina se expandió por mi cuerpo llevando mi mente a las nubes. El no tardo en llegar.
Se recostó suavemente a mi lado abrazándome y con dulzura me dijo al oído “me llamo Ernesto”. Su mirada ahora podía verse sincera y tranquila. Una sonrisa franca se dibujo en su boca. Devolví la sonrisa y suavemente se incorporo para besarme. Descansamos unos instantes, para luego ir caminado abrazados hasta la ducha, poquito a poco pues a menudo nos parábamos para devorarnos la boca. Nos duchamos pero al momento de vestirnos nos besamos y comenzamos a acariciamos de nuevo ameritando un segundo round... de pie y desde atrás el ángulo de penetración era tan perfecto y delicioso que no tarde en llegar nuevamente al orgasmo. Nos volvimos a duchar y nos marchamos.
Todo empezó con una mirada. Así nació una historia de amor.
Una mirada transmite muchísimas cosas, con sólo una a veces expresamos aquello que no nos animamos a decir. Hay miradas que matan, miradas que atrapan, miradas que enamoran, miradas que enternecen, miradas dulces, miradas frías… lo que siente tu alma lo transmite tu mirada, será por eso que dicen que los ojos son el espejo del alma.

lunes, 17 de marzo de 2014

Enojadas somos un volcán en erupción


Las mujeres somos sensibles, delicadas y cariñosas… hasta que alguien saca la fiera que llevamos dentro. Generalmente tendemos a enojarnos más que los hombres, y sin duda cuando nos enojamos somos peores. Ya que los sentimientos son sentidos doblemente, por el tema de los polos del cerebro y demás, pero no vamos a entrar en cuestiones científicas.
Cuando nos enojamos dejamos salir una energía increíble que muchas veces no podemos ocultar aunque pongamos esfuerzo en ello, el enojo surge a consecuencia de situaciones que nos causan malestar y que a la vista de otras personas pueden parecer insignificantes. Puede suceder que tengamos más tendencia al enojo cuando nos sentimos cansadas, bajo un fuerte estrés o sencillamente porque algunas veces estamos más sensibles de lo acostumbrado, y lo que en determinado momento nos provoca enojo, en otro momento podría no afectarnos.
Uno de los peores escenarios con los que se puede topar cualquier hombre, es tener que lidiar con una mujer enojada, porque una chica molesta es sumamente difícil de manejar y controlar. Cuando una mujer atraviesa por un episodio de ira descomunal, el hombre que está a su lado debe guardar la compostura y la calma; deberá sacar a la luz el psicólogo que guarda en su interior (aunque algunos no lo tienen evidentemente) y así calmar la furia de la fémina que está más que molesta por algo que el caballero hizo o porque alguien más ha perturbado su entorno.
Muchos hombres dicen que las mujeres nos vemos más bonitas cuando nos enojamos, no lo creo. También dicen que cuando ellos se enojan nosotras siempre terminamos dándole la vuelta a las cosas. Lo cierto es que muchos enojos femeninos son incomprensibles para los hombres. Todo está bien, o así lo creen, y de pronto todo está mal. Es algo sorpresivo y no vacilan en calificarlo de ilógico, irrazonable, caprichoso e incluso histérico. Enseguida piensan: "¿Por qué se enojó?”, "No entiendo", "Es injusto".
Hombres y mujeres manejamos el estrés de manera diferente. Cuando nos enojamos, las mujeres queremos y necesitamos hablar porque al hacerlo liberamos el estrés logrando calmarnos y llegar a un acuerdo. Pero los hombres no son así. Cuando se enojan o no pueden resolver un problema liberan el estrés poniendo distancia de por medio o simplemente se ponen a hacer otra cosa (ver la televisión, arreglar algo o salir). Eso es muy fácil para ellos y creen que así lo resuelven, volviendo luego como si nada. Con esta actitud muchas veces lo que hacen es empeorar las cosas.
Todos los que se han enfrentado a una mujer enojada saben lo difícil que es manejar un episodio semejante. Por eso cuando hay un tema controvertido o una diferencia de opinión o un descuido de actitud… los hombres lo mejor que pueden hacer es escucharnos cuando les hablamos antes de que estalle la tormenta y tratar de no decir cosas que puedan agravar la situación. En ese momento no deben enojarse porque si lo hacen, nosotras retrucaremos su enojo y ahí la situación será difícil de controlar. Entraremos en furia y los dos terminaremos a los gritos. Y se los aseguro, nosotras gritaremos más que ustedes. Si están equivocados admitan sus errores, dejen el orgullo a un lado. Si saben que tenemos la razón admítanlo antes de que las cosas se pongan más feas.
Los hombres piensan que las mujeres nos enojamos “nada más, porque sí” sin embargo, usualmente nosotras somos bastante tolerantes y cuando nos enojamos es porque ya se acumularon varias cosas que simplemente hacen que nuestro estado zen se rompa en mil pedacitos. ¡Y por Dios!, que dejen de echarle la culpa al síndrome pre menstrual. Porque ahora esa es la moda. En otras épocas era normal hablar de menstruación pero no del síndrome pre menstrual por tanto si una mujer estaba de malhumor o angustiada tenía un problema de carácter. Es decir había mujeres problemáticas o gritonas, no mujeres con SPM, es decir de hormonas ni hablar.
Ahora, sucede lo contrario. ¿Y saben por qué? Porque hablamos tanto y con tanta libertad del SPM, que sin querer le hemos dado a los hombres un motivo cómodo para justificar todo lo que no entienden de nosotras. Para ellos si lloramos, gritamos, nos angustiamos, estamos de malhumor, estamos sensibles, nos enojamos… siempre es lo mismo: nos está por venir la menstruación. ¡Nunca nos enojamos porque han dicho o hecho algo indebido o se han olvidado de un aniversario! ¡Siempre es el bendito SPM el culpable de todo!, pasó de ser inexistente, la nada misma, a ser absolutamente todo.
Hay cosas que logran “sacarnos de casillas” y realmente en muchas de ellas simplemente reaccionamos y ya. En momentos así es mejor que nos dejen tranquilas porque somos como volcanes en erupción, si les pedimos que nos dejen solas deben hacerlo por el bien de todos, porque si no empezamos a discutir y terminamos saliéndonos un poco de lugar y en el caso que les pidamos hablar lo mejor es que escuchen nuestras razones.
Amigos, déjenme ayudarlos un poquito para que aprendan algo. A veces ustedes dicen cosas que consideran totalmente inocuas pero son frases que, una vez sueltas en un ambiente volátil, provocan una explosión. Así que si quieren tener una vida tranquila, que no los fulminen con miradas matadoras y otras consecuencias, lo más aconsejable es que no usen esas frases aparentemente tan inofensivas. No estoy bromeando, es así. Hay frases prohibidas cuando una mujer está enojada.
Por ejemplo, nunca digan “cálmate”, a ustedes puede parecerle lógico decirle eso pero decididamente es la idea más estúpida que pueden tener. Y si el enojo tiene algo que ver con ustedes, peor porque al decirlo están negando que exista alguna razón para perder el control, es decir le están diciendo que está loca. Y queridos míos, las mujeres algunas veces nos sentimos locas y bromeamos acerca de ello, pero cualquier cosa que nos acuse de locura nos llena de ira. Así que mejor digan: “vamos a resolverlo juntos”, de esta manera percibimos comprensión y eso muchas veces ayuda a… calmarnos.
Otra cosa… las relaciones están llenas de decisiones y para las mujeres es importante que los hombres nos ayuden a decidir, esa una manera de sentirnos apoyadas. Así, que cuando en determinados asuntos ustedes dicen “como quieras” o “lo que decidas estará bien para mí”, nos sentimos abandonadas. Es mejor decir “podría ser A o B, pero no me opongo tampoco a C. ¿Tú qué piensas?”. Esto muestra que estás escuchando y sugiere que te importa.
Algo más, decirle a una mujer en un momento de discordia “sabías que yo era así cuando te casaste conmigo” es decirle que lo que estás haciendo, que además a ella le disgusta, será así siempre. Y para ser sinceras hay muchas cosas que uno ni se las imagina cuando se casa porque sino… ni el sol les da.
Por último cuando dices “…” (nada), a veces por temor a decir algo inapropiado o pensando que si mantienes la boca cerrada estarás bien. Pues… NO. Eso empeora las cosas, porque nos parece que están haciendo oídos sordos con todo lo que estamos diciendo, es decir en buen español, que nos están tirando a mierda. Nosotras vemos el silencio como un manejo de poder y muchas se sienten menospreciadas y dejadas de lado. Así que mejor digan algo, aún bajo el riesgo de fallar porque es la manera de hacernos sentir que mantienen su cabeza en el problema.
¡Ah!, recuerden que cuando nos enojamos no somos “histéricas” somos “históricas” porque sacamos peleas o discusiones antiguas para ganar la pelea actual. Y sí, a veces estamos nerviosas, histéricas, nos vino la menstruación y efectivamente es por el SPM. ¡Pero no siempre!, así que cuídense. Más de una vez, cuando ustedes piensan que estamos en “esos días”, estamos a punto de volvernos realmente locas y en esos momentos somos ciertamente muy peligrosas.
Para los hombres la vida emocional de la mujer es un misterio. Para la mujer es importante sentirse tenida en cuenta en sus necesidades de apoyo emocional. De ahí que a menudo ellos se preguntan una y otra vez en qué fallaron sin obtener una respuesta "razonable". Por otra parte el hombre tiene miedo de los enojos femeninos. De ahí que frente al enojo de la mujer el hombre se bloquea, hace cortocircuito y reacciona con mecanismos que no responden a la situación concreta de ese momento.
Los motivos de por qué nos enojamos son variadísimos y los grados de intensidad también, pero no es más que expresar lo que sentimos ante lo sucedido y demandar respuesta. Y si no lo logramos casi todas al terminar la pelea hacemos como dice mi hermanita “pleito que no gano lo dejo enredado” porque sin dudas enojadas somos un volcán en erupción, ¿no creen?