Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

lunes, 25 de enero de 2016

Brindo por la amistad

“Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”.
Ralph Waldo Emerson (1803-1882)
poeta y ensayista estadounidense

La amistad es la manifestación de sentimientos y valores hacia una persona con la que coincidimos en intereses, ideales, objetivos y valores. Es poderse comunicar en cualquier momento con la persona amiga a sabiendas que siempre encontraremos respuesta a nuestras inquietudes o preguntas. Los amigos nos traen calor y luz con el brillo de su presencia, nos hacen tomar conciencia de que no estamos solos y ellos consiguen llegar hasta nuestra alma… son un presente de Dios.
En nuestro paso por este mundo conocemos muchas personas y cada una de ellas viene a cumplir un papel en nuestra vida. Todas quedan en nuestra memoria, por un motivo u otro, bueno o malo. Sin embargo, hay algunas muy especiales que te demuestran que aunque pase el tiempo ciertas cosas nunca cambian. Me refiero a esa amiga-hermana. Esa auténtica Amistad implica una comunicación sin fronteras, una comunicación profunda, en donde se respetan los sentimientos mutuamente y, al mismo tiempo, nos podemos abrir y decir todo lo que sentimos. Es por ello que hablar con una amiga resulta tan reconfortante para nuestra alma. La comunicación profunda que existe entre amigas es la que permite “conocernos tan bien” y ese conocimiento tiene sus privilegios y concesiones. Es lo que nos ubica como distinguidas en la vida de otra persona.
Esa con quien andas por todos lados, que te da consejos, que te hace reír mucho, esa a quien le cuentas todo y con quien sientes que eres entendida, esa con quien compartiste la cama en un viaje y no te dejo dormir en toda la noche haciendo cuentos y haciéndote morir de la risa, esa que pasa contigo los momentos más difíciles de tu vida, esa que te llama a toda hora para saber como te sientes y que haces, esa que te abraza en silencio y te siente llorar, esa que te cura con sus palabras y cariño las heridas que otros te hacen, esa que escucha cuando estás enamorada y con quien pasas horas hablando del mismo tema, esa que pide a Dios por ti en sus oraciones, esa que es capaz de entender cuando la dejas plantada por estar con tu enamorado, esa que te dio el consejo correcto pero no la escuchaste, esa que paga las cuentas por ti cuando estás “bruja”, esa que es una buena compañía hasta cuando el plan es ”no hacer nada”… esa es tu mejor amiga, tu hermana. Esa es la persona que te demuestra que la amistad sí existe.

Una verdadera amiga puedes pasarte días sin hablar con ella, incluso sin verla pero más de una vez será tu mejor refugio, la que hará que te levantes mil veces y, les cueste lo que les cueste, te sacarán una sonrisa. Su casa será tu segunda casa y su armario el tuyo. Y son el abrazo más sincero cuando las cosas no salen como una espera.
Insisto, la Amistad sí existe, sólo que tú debes encontrarla (y ser) una auténtica amiga y no vivir engañada con el maquillaje de lo que aparenta esa autenticidad, ya sea en ti o en la otra persona. Ahora recuerdo esa cita de J. Collins, crítico literario inglés, cuando afirmó: “En la prosperidad nuestros amigos nos conocen; en la adversidad nosotros conocemos a nuestros amigos”. Si tenemos verdaderos amigos jamás estaremos solos, en ninguna situación porque sus simples palabras nos darán confianza y nos harán sentir el cariño que nos profesan. A un amigo no se le mira ni por encima ni por debajo del hombro a un amigo se le mira a los ojos. Todo el mundo quiere tener un amigo pero nadie procura serlo.
Por cosas que me pasaron, durante mucho tiempo estuve dudando si realmente existía la amistad verdadera, de hecho dejé de creer en la amistad. Hasta que conocí a la que hoy ya no es mi amiga, es mi hermana. Llegó en un momento en necesitaba esa amiga que me hiciera reír, que me acompañara en todos los momentos, los lindos y los feos, que me escuchara y me entendiera, que me quisiera de una manera tan especial como sé que ella me quiere.
Llevo once años junto a ti, hermanita. Once años yendo a cada cumpleaños, estando en cada mal momento y gritando contigo en cada bueno. Estás en muchísimos de los recuerdos que mi mente atesora con cariño. Me conoces como nadie jamás lo ha hecho, te conozco como tú nunca has dejado a nadie hacerlo. Me has hecho pasar muchos de los mejores momentos de mi vida en estos años. Y en ellos también aprendí que prefería defenderte ante todo y todos que alejarme de tu lado.
Estoy segura que algún día ambas seremos suficientemente fuertes para reír por todo aquello que lloramos. Nunca me he unido a alguien de esta forma. Eres el mayor apoyo que puedo tener. Algunas veces me has dicho que estas en deuda conmigo, pero yo no podré agradecerte nunca la amistad que ambas creamos.
Cuando te conocí pensé algún día seríamos grandes amigas. Yo lo supe y el destino nos unió un tiempo después. Cuando he llorado en silencio tu has visto las lágrimas y cuando tu has necesitado un abrazo yo he estado ya allí antes siquiera de que lo pidieras. Estamos unidas por algo tan fuerte como invisible, y no puedo obviar un sentimiento así. No sé exactamente como nos unimos, fue cosa del tiempo, pero sé que hay cosas que el tiempo une por alguna razón. Somos de las que no se separan nunca y siempre están ahí para ayudarse, de las que están en toda hora y en todo momento.
Te has hecho parte de mi vida, te doy las gracias por todo lo que hemos vivido, las risas, las travesuras, siempre encontramos algo para divertirnos y sacarnos una sonrisa aun cuando estamos mal. Gracias por las salidas y los cumpleaños, las comidas que siempre compartimos, por la confianza que me tienes, por alegrarme las tardes, por quererme tal cual soy, por brindarme el gran corazón que tienes, por lo divertida que eres y por muchas cosas más.
Para mi eres muy importante, eres una hermana y espero que no cambies nunca. Sabes que si necesitas algún consejo o ayuda voy a estar ahí para ayudarte en las buenas y en las malas. Yo te valoro mucho como persona y como amiga, por eso tienes un lugar especial en mi corazón. Ojala que esta amistad nos dure hasta que nos hagamos viejitas. Créeme que si me preguntan que estaré haciendo dentro de 30 años, diría “tomándome un café con mi mejor amiga”. Espero nunca me olvides, siempre me quieras y cada vez que leas esto te haga sonreír y te de la calidez de cada abrazo que te brindo. Te quiero, amiga. No desde siempre, pero sí para siempre.
La familia que tenemos es una sola, la que nos ha tocado, con sus ventajas y desventajas, y esa nunca se pierde. Pero los amigos, ellos son una familia que vamos construyendo para nosotros. A mis amigos los aprecio mucho y valoro enormemente que sean mi familia. Con certeza tienen un lugar en mi corazón. Si el verdadero propósito de la vida es lograr la felicidad, nuestros amigos son un medio indispensable para ello.
Brindo por las amigas que nunca dejan de reírse de los errores, de las que se ríen antes de que abras la boca y de las que se inventan cualquier historia para hacerte reír. Por las que te alegran la vida sin darse cuenta de que lo hacen. Porque a todas les une un hecho tan simple como ser amigas sin haberlo planeado ni elegido. Por las que hablan de la otra con orgullo y las defienden aunque no tengan razón. Por las que saben perdonarse con un abrazo, por las que siempre recuerdan las mismas anécdotas y salen por los mismos lugares. Por las que más que amigas, llegan a ser hermanas. Y se quieren como tales.





lunes, 18 de enero de 2016

Encuentro húmedo

Después de tanto tiempo sin vernos, de pronto, estar así, frente a frente, cuando menos lo esperábamos… corrimos uno a los brazos del otro sin decir nada, sin reclamar nada, sin preguntar nada… solo una cosa importaba, estábamos juntos y con mucho sentimiento desbordándose entre nosotros. Lo nuestro es fuego que se consume en la hoguera de nuestras pasiones, es amor del bueno, es deseos desmedidos, piel que ansía el rose de otra piel, es candela y sin duda alguna estamos a punto de arder de placer...
Comenzamos a besarnos, a acariciarnos, a amarnos de una manera casi desesperada... dando traspiés llegamos al cuarto, nuestras manos trataban de deshacerse de la ropa a toda prisa mientras nuestras bocas seguían unidas en intenso beso. Nos separamos por un par de segundos, el para quitarse más rápidamente los jeans que aun llevaba puesto y yo para deshacerme de lo que me quedaba de ropa... compartimos una sonrisa de complicidad.
Completamente desnudos, volvimos a unir nuestros cuerpos... Sus besos y caricias fluían apasionadamente por todo mi cuerpo, yo le correspondía de la misma manera, gozaba de cada caricia, de cada beso, de cada movimiento... nos amamos con ansiedad, con desesperación. Esta vez la separación había sido muy larga. Permanecimos abrazados cuando la calma llegó... Y entonces entre besos tiernos y miradas cariñosas comenzamos a decirnos lo mucho que nos habíamos extrañado, lo mucho que nos habíamos deseado en la distancia...

En un momento de silencio escuchamos un pequeño ruido entre los dos y comenzamos a reírnos, era su estómago quejándose. “¡Tengo hambre! ¿hay algo en el refrigerador? Huevos, hamburguesas, cualquier cosa estaría bien ¿no?", dijo entre risas y dándome un beso se levantó de un salto para dirigirse a la cocina.Yo sonreí viéndolo salir del cuarto alegre como un niño con un dulce y me sentí feliz, me parecía mentira tenerlo ahí nuevamente.
Me levanté de la cama, envolviéndome en la sábana y me dirigí al baño... sabía que si iba a la cocina con él no terminaríamos de preparar nada de comer como otras veces y yo también me moría de hambre. Abrí la ducha para dejar correr el agua por mi cuerpo... estaba verdaderamente feliz,por fin estábamos juntos de nuevo. Comencé a enjabonarme y a sonreír mientras me deleitaba visualizando mentalmente cada instante de los vividos tan solo hacía unos minutos, cuando escuché la puerta del baño abrirse... sabía que entraría de inmediato cuando se diera cuenta que estaba duchándome y para ser sincera yo lo estaba deseando, una ducha con el siempre era doblemente placentera.
Creo que me leyó el pensamiento por la sonrisa y el brillo de sus ojos. Se puso detrás de mí y sus manos con movimientos suaves comenzaron a recorrerme mientras el agua jabonosa se escurría por mi cuerpo, siguió su juego hasta que pegó totalmente su cuerpo al mío y su boca empezó a jugar con mi cuello. Yo, solo me dejaba llevar por las sensaciones…
Deslizó una de sus manos hasta mi sexo mientras seguía perdido en mi cuello… Ya yo no podía aguantar más, me di la vuelta para buscar su boca... nos besamos y al separarnos ligeramente pude contemplar su miembro en todo su esplendor, me mordí el labio mirándole… sonrió con malicia al notar mi lujuriosa mirada y sin darme tiempo a nada me besó apasionadamente, levantando una de mis piernas, flexiona un poco las rodillas y me penetra profundamente... Mis brazos se aferran a su cuerpo, y con un movimiento rápido me pega a una de las paredes de la ducha... Y ahí, comienza a embestirme frenéticamente, su movimiento brusco y continuo me lleva a otro mundo, el clímax es violento. Su boca busca la mía... sus manos presionan fuertemente, cuando deja de besarme para hundir su cabeza en mi cuello y lo escucho gemir de placer, avisándome que ha llegado también al clímax...
Nos quedamos abrazados, esperando que nuestros cuerpos volvieran a la calma, experimentando, disfrutando aún de ese placer mutuo. Nos separamos muy despacio y nos metemos de nuevo bajo el chorro de agua, mirándonos divertidos, como niños cómplices de una hermosa travesura... Salimos de la ducha y mientras nos secábamos el uno al otro me dijo: “Vamos a comer que me estoy muriendo de hambre”. Envueltos en las toallas nos dirigimos a la mesa donde él había preparado algo sencillo con dos cervezas de esas que nunca faltaban en el refrigerador.
Al terminar regresamos a la cama, pero esta vez para descansar uno en los brazos del otro.
Podría vivir con mi piel enganchada a la tuya y mis manos sintiendo la caricia de tu pelo contra sus palmas, escucharía durante cien siglos las palabras que salen de tu boca y pediría en el último de mis suspiros, poder deleitarme con tu recuerdo sintiéndolo muy dentro de mí hasta la eternidad.

Voy a amarte hasta que las estrellas desaparezcan del firmamento y las hojas de los árboles dejen de caer con la llegada del otoño… el sentimiento que has despertado en mí seguirá perdurando mientras las olas del mar sigan llegando a las costas y el sol siga ocultándose para acompañar al atardecer. De eso no tengo duda alguna.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Vivo y muero por ti

Acabo de despertar y hoy como siempre estoy pensando en ti y queriéndote mucho más. Los meses siguen pasando, tu ausencia se prolonga y ya no puedo soportarlo, te necesito tanto… Pedirle a mi cabeza que deje de pensar en ti es como pedirle a mi corazón que deje de latir.
Comienzo nuevamente el día echándote de menos, amándote en la distancia, sintiendo tu ausencia en cada respiración de mi pecho, en cada latir de mi corazón, en cada acto inconsciente de mis manos que te buscan, que buscan tu cuerpo para aferrarse a él…
Estoy aquí, entre tus cosas, deambulando por la casa y el mundo se me cae en este silencio. Me recuesto en el sofá y mis pensamientos vuelan. Quiero verte, estar entre tus brazos, que seas el dueño de mis gemidos, el culpable de mi debilidad. ¡¡Tu!! El amor crece y crece en mi interior, y no parece tener límites. No seré yo quien le ponga límites a un sentimiento increíble y que me llena de felicidad, que inunda cada resquicio de mi corazón con tu esencia. ¿Qué hago yo tan lejos de tu cuerpo? Si al mismo Dios le consta que me muero por estar contigo. Que no existe para mí, mejor abrigo que tus brazos. Eres mi insomnio y paradójicamente también eres mi sueño. Extraño tus caricias, tus manos entre las mías, las charlas por largas horas, aquellas carcajadas por todo y por nada.
Te extraño tanto, que imagino que todos notan la falsedad de mi sonrisa aunque no se la expliquen. Finjo que tu ausencia no duele, pero me estoy despedazando. Me estoy muriendo sin ti… Extrañarte me está matando. Regresa de una vez por todas y hazme suspirar con tus besos, con tus caricias, con tus palabras en mi oído… extraño el roce de tu hombría contra mi feminidad. Ven para que me hagas temblar de puro placer, para darte lo que te gusta y alcanzar juntos el infinito. La explosión de nuestros cuerpos extasiados, y el regreso a la realidad… Sólo para pedir más…
Nunca imaginé enamorarme así y ahora no concibo mi vida sin ti. Tú me haces sentir especial y muy amada. Simplemente tuve que abrir mi corazón para que entraras y convirtieras mi vida en un cuento de hadas. Tú haces que cada día se convierta en el más maravilloso de mi vida. Sé que es duro estar separados, los días que son interminables sin ti, no pasan las semanas para volver a verte, y no pasan los meses para no tener que separarme más de tu lado.
Te quiero besar, detenerme unos segundos en tu mirada y luego besarte más. Entregarme en ese beso que es lenguaje, intimidad, complicidad. Besarte es tan bello como amarte. Sentir en tus labios la urgencia de tus deseos, en tu saliva probar el elíxir de la tentación, y sentir como tu lengua me invita a ir más allá de un beso. Tus dedos en mi piel que se eriza al sentir tu tacto suave y varonil… Siento un dulce deseo de ti, de tu aroma, de tu hombría, de escuchar cuando me dices “eres mía”, deseos de amarte y que me ames.
No hay forma de ocupar tu lado de la cama, la sombra de tu ausencia se adueña de mi insomnio, y no tengo más remedio que deambular en las noches para no soñarte. Tu recuerdo llega a mí más fuerte. Así pasan las semanas, los meses deambulando sin tu amor. Muriendo por esos besos que incendiaban mi ser y me llevaban a entregarte todo. Soy lo que queda de mí sin ti.
Aquí recostada en el sofá con mi mente que no para de pensar y de llamarte he perdido la noción del tiempo transcurrido, enciendo un cigarrillo y al detenerse mis pensamientos, este silencio aplastante y doloroso se hace más grande. Ya no puedo más, necesito salir, me levanto para irme cuando de repente escucho el picaporte de la puerta. Quedo inmóvil, mi respiración se detiene, el corazón quiere salírseme del pecho, mis ojos se vuelven a la puerta y se llenan de lágrimas al ver al dueño de las llaves traspasar el umbral. Se ve cansado, tiene una barba incipiente no acostumbrada…
Levanta la vista y me ve, suelta la maleta y se queda paralizado, en sus ojos hay alegría, dolor, deseo… sentimientos encontrados… pero sobre todo hay amor, mucho amor que sale desde lo más profundo de su alma.
Es tal la emoción, la alegría y el alivio que siento al verlo, que no soy capaz de articular palabra. Y cuando lo intento el cubre mis labios con un beso tan apasionado y me estrecha con tanta fuerza que ni siquiera puedo moverme, tengo la sensación de que se me derriten hasta los huesos. El silencio continúa, sólo nos aferramos uno a los brazos del otro.
El beso termina pero continúa abrazado a mí como si temiera soltarme. Lo inesperado de su llegada, el beso y sentirme envuelta por sus brazos que no me sueltan, me ha dejado sin habla. Suspira y murmura junto a mi oído: “Jamás dejaré de amarte y desearte, suceda lo que suceda, este sentimiento jamás morirá. En el momento en que nuestros ojos se encontraron, supimos que estábamos unidos para siempre”.
Estos reencuentros son mágicos, ese abrazo desesperado por sentirnos de nuevo unidos, esos besos llenos de amor y de ganas, esas miradas que lo expresan todo sin necesidad de decir nada, en momentos así solo brilla en nuestros ojos una frase: “como te echaba de menos, por fin estamos juntos de nuevo”. Siempre es así.
Tú has conseguido despertar en mi un sentimiento tan fuerte que has hecho que deje de pensar con la cabeza para dejarme llevar por el corazón. Aposté lo que tenía por ti, y no sé si habré ganado o no, solo sé que soy la persona más feliz del mundo a tu lado.

Cuando pronuncio tu nombre siento la armonía de dos corazones latiendo a la vez, un bombardeo inusual de sangre que brota de mi corazón y oxigena mi ser. Tu descontrolas mis impulsos, actúo sin querer. Camino descalza sobre fuego por ti, hipnotizada, inconsciente, desvariando por tu amor. Tratando de llegar a ti con tan solo pronunciar tu nombre… vivo y muero por ti. No sé todavía cómo no me derrumbo por completo cuando me alejo de ti. ¡Si eres la vida!

martes, 24 de noviembre de 2015

Las mujeres somos increíbles

Ser mujer… primero que nada, es hermoso. Sí, es hermoso, con lo complicado que resulta. Somos el ser humano mas completo de la creación, hermanas de la naturaleza, formadoras de talentos desde el amor, siendo madres, amigas, maestras… y encontrar el delicado equilibrio entre la profesión y el mundo privado es toda una hazaña. Y aún sabiendo lo sacrificado y doloroso que es traer un hijo al mundo, disfrutamos de la belleza de ser madres y prestamos nuestro cuerpo para dar vida a una nueva y hermosa vida.
Nosotras venimos en medias, tacones y pelucas diferentes. Estamos en todas partes, en la calle, oficinas, playas, templos, espectáculos y siempre que podemos fuera de la cocina. Los automovilistas nos temen, los modistos nos odian, los hombres nos adoran, los niños nos necesitan, y las lágrimas nos protegen.
Lo más hermoso de ser mujer es tener el poder de la transformación y de la trascendencia de la raza humana. Si bien es cierto que los hombres hacen su aporte al poner el espermatozoide para la creación de un nuevo ser, es la mujer quien tiene el poder de transformar ese huevo fecundado en un ser humano completo, quien se encarga de alimentarlo, de llevarlo en su vientre hasta el momento del nacimiento y de llevarlo de la mano a lo largo de su vida para convertirlo en un ser humano íntegro.
Me apasiona todo lo que me embellece. Yo celebro ser fémina todos los días, no solamente hoy ni esta semana sino siempre. Es una de las cosas que más disfruto en esta vida, haber nacido mujer. He sabido gozar y llorar, caerme y levantarme y esto continúa siendo así.
Las mujeres tenemos el don de escuchar y comprender, de hacer varias cosas al mismo tiempo, ocultar las lágrimas perfectamente, seguir adelante como se pueda y hacer feliz a alguien con sólo una sonrisa. Sabemos destacar los pequeños detalles, valorar las pequeñas acciones, así como repudiar y enojarnos por lo más mínimo, por una palabra mal dicha en un momento inoportuno.
Las mujeres somos el amor tras una capa de pintura, el misterio tras una mirada y la ternura en metro y medio. Tenemos la astucia del zorro, el candor de un lirio, la audacia de un tigre, el fuego de un volcán, la pureza de la nieve, la intuición de cuatro linces, la mansedumbre de un arroyo, la curiosidad de un gato y la fortaleza del acero.
Como todas las mujeres, amo amar y ser amada apasionadamente sin motivo de vergüenza alguna pues un ser sin pasión es un ser muerto en vida. También, he experimentado el lado opuesto de amar y no ser correspondida y puedo decir de igual manera que he sabido lo que es que me amen y no corresponder. He sabido limpiar los errores para comenzar desde cero y salir triunfante comprendiendo que de los errores se aprende pues son lecciones para que el alma se renueve y se fortalezca. He tenido la oportunidad de hacer muchas cosas con la libertad de decir cuándo, cómo y con quién lo hago y con quién no.
Las mujeres somos sensibilidad a flor de piel. Sabemos tomar la fiebre, llevar adelante un hogar, ayudar a un niño perdido a encontrar su casa, sonreírle a un bebé al pasar… Y también sabemos ser histéricas; y querer algo, tenerlo, y después no quererlo más. Sabemos pedirle a alguien que se vaya, y querer que se quede, llorar de rabia, y guardar silencio… Ser mujer requiere su esfuerzo, y a veces necesitaríamos días de descanso. Pero sin duda somos hermosas, aún en esos momentos en que nos preguntamos por qué no nacimos hombres.
Nos gustan los perfumes, ir de compras, los halagos, las joyas, las noches de luna y los versos de Neruda. Nos desagradan las visitas repentinas, la nariz brillante, los ratones, llegar a tiempo a una cita, los hombres sin rasurar…
Como todas yo he experimentado grandes momentos como grandes aislamientos, todos resultados de mis elecciones. Pero creo inequívocamente, luego de tantas desazones, que lo primerísimo que una mujer debe aprender es a conocerse y amarse a sí misma, aún en momentos de dolor, de incertidumbre, de malas decisiones, de soledad, de traición, de derrota, de enfermedad como en las luces de la dicha, de la alegría, del triunfo.
No es lo que está fuera de nosotros lo que esclaviza, maneja o manipula; es el equilibrio de nuestro mundo interior el que nos permite romper con cualquier tipo de cadenas, con ese silencio mortal que paraliza nuestra vida. Por eso tenemos que luchar por conseguir el equilibrio de nuestro ser integral, y que todo lo que realicemos nos haga sentir plenas y bien con nosotras mismas. Ser mujer es sinónimo de muchas cualidades innatas, esto nos hace adquirir experiencia y ser exitosas.
Muchas veces las mujeres somos rudas y salvajes para defender afectos. Crueles para decir verdades y luchar por ellas. Solitarias e introspectivas con nosotras mismas, cascabeles tintineantes para disimular tristezas. Nos sentimos a veces malas, buenas, envidiosas, generosas, desamoradas, amantes, dañinas, calculadoras, tiernas, estudiosas, perezosas, honestas, deshonestas, alegres, tristes, enojadas, amables, antipáticas, tímidas, desinhibidas, egoístas, bellas, feas, gordas, flacas, jóvenes, viejas, histéricas, locas, etc, etc.
Pero nacimos para dar vida, es nuestro mayor don. Estamos destinadas a ser luz. Nadie más soporta en silencio un dolor como el del parto y llora porque se le quemó el asado. Ni se acomoda en un bolso cincuenta chucherías y olvida la llave de la casa. Nadie más recuerda el color del vestido que llevaba una amiga años atrás. Ni le dice a una enemiga sonriendo: ¡Que linda te vez!
Disfruto grandemente de mi género, de ser mujer en todo el sentido de la palabra. Disfruto de mi soledad y de mi compañía y sobre todo, disfruto de ser mía, de ser dueña de mi propia persona. Amo los días lluviosos tanto como un precioso día soleado. Los deportes no son mi fuerte prefiero la música que alimenta mi alma. Me libero de lo que me atrasa aunque me duela y me nutro de lo que me eleva. Soy cariñosa, malcriada, caprichosa, engreída, algo loca, ligera de pensamiento, apasionada, traviesa, seductora, sensible, madre, hermana, buena amiga... 100% Loca, 100% Humana... Sencillamente 100% MUJER.
Ser mujer no es sinónimo de cocinar, lavar, planchar, esas cosas se hacen por amor a la familia o por necesidad. Ser mujer es abrazar con el corazón cuando las palabras sobran, amar con todo el ser sin medida y a cualquier hora. Amar con el cuerpo, con la mirada, con una caricia, con una palabra. Es muchas veces tener que llorar en silencio, y a solas y no por orgullo. Es entregarse sin dejar de ser ella misma, ser mujer… es usar todos los sentidos al mismo tiempo. Sin duda, somos increíbles.
En estos momentos de mi vida estoy bien porque ya he hecho las paces conmigo misma y me amo cada vez más. Amo cuando río, lloro, estremezco, vibro, a solas o en compañía. Venero lo que soy por sobre todas las cosas. Y le doy gracias a los hombres por existir en mi vida, a todos los que he conocido desde mi padre hasta mi actual pareja. De todos he aprendido grandes cosas y sobre todo, a descubrir lo bello de su energía masculina, igualmente los honro. Ambas energías conforman el Yin y el Yang.

Las mujeres somos seres excepcionales y enigmáticos. Sin nosotras no habría poesía ni canciones, ni grandes hombres, ni razón de vivir. Ni calor en el hogar ni ternura para el niño. Nosotras somos la mejor creación de Dios. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Tu dolor es mi dolor

Una de las cosas más frustrantes que nos puede pasar es ver a un ser querido triste, ver como el sufrimiento se apodera de la persona sin dejarla sonreír. Sobre todo cuando la persona que está triste es nuestra amiga, nuestra hermana.
Mi amiga está mal. Está sufriendo desde que un incidente inesperado la hizo conocer de otra relación que estaba manteniendo su pareja de doce años y por supuesto, esto mando su matrimonio a paseo. Eran felices, estaban enamorados y se llevaban muy bien, tenían muchas cosas en común. Ella es una mujer hecha y derecha, madre responsable, buena profesional, una persona muy inteligente, con un alma buena y un corazón enorme.
No es posible ser indiferente al dolor que causa una traición. Quien inventó las noches oscuras y los silencios moribundos fue alguien con quien jugaron con sus sentimientos. Una ruptura sigue siendo una ruptura más allá de cuáles sean las circunstancias. Es decir, no te recrees en los detalles y piensa que simplemente, es un adiós como cualquier otro. A veces, el destino es tan sabio que un desamor puede conducirte a tu verdadero amor pero tienes que darte la oportunidad a ti de ser feliz. Afortunadamente, el paso del tiempo pone cada sentimiento en su lugar.
Los síntomas de la pérdida amorosa son intensos y diversos. Contener el deseo de llorar no mejora el estado de ánimo, sino que puede llegar a empeorarlo. Desahogarse emocionalmente procura muchas veces un mayor descanso, facilita el sueño y libera tensiones. Cuando de una ruptura de corazón se trata, no existe mejor manera de sentirse mejor que echándolo todo para afuera.
Bien sé que nadie muere de amor, que toda tormenta pasa y luego llega la calma y sale el sol, sé también lo difícil que es comprender eso, cuando uno está sumido en la tristeza. No siempre es fácil para una persona recuperarse después de un duro golpe en materia de amor. La confianza es asesinada siempre por la traición. El amor duele, la traición mata. Mata el corazón y envenena el alma, la traición hiere el amor con estocada mortal y si el amor sobrevive?... nace la desconfianza con pena amarga.
Mi querida amiga, quisiera hallar la manera de ayudarte, de consolarte, porque realmente entiendo por lo que estás pasando y me duele tu dolor... Tu dolor es mi dolor... lo siento en el alma, en mi corazón. Quisiera remediar tus penas y aliviar el mal que te aflige, sé que mis palabras te ayudan, mas siento que hago poco. ¿Qué puedo hacer, qué puedo decir, que realmente te ayude?
Estoy contigo amiga, sé que es difícil lo que ahora estás viviendo, pero no quiero que sigas tan triste, eso te hace daño, aunque sé que no hay nada peor que el vacío y el dolor inmenso que puede ocasionar una traición. Una vez que el amor es traicionado, toda la magia se echa abajo. Pero sé que lo superarás, y cuando pase el tiempo el recuerdo no será doloroso, pero desde luego, salvo que tengas amnesia, no vas a olvidar.
Sufrir por amor es como vivir en la oscuridad, no dejes que eso pase contigo amiga, ante ti tienes la disyuntiva de perdonarlo o dar por terminada definitivamente tu relación, de ser esto último entonces debes superar esta ruptura por más que duela y rehacer tu vida y darte una nueva oportunidad para amar, recuerda que siempre hay una luz al final del túnel.

Sé feliz, te lo mereces, tú tienes un corazón demasiado grande, lleno de amor para dar y compartir con muchas personas.