Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

martes, 8 de mayo de 2018

UNA MUJER QUE GRITA ¡SOCORRO!


Hace unos meses me encontré con una amiga que hacía varios años no veía. Después del saludo y la alegría de volvernos a encontrar nos sentamos a conversar. Todo fluyo normal, con las clásicas preguntas de ¿cómo te ha ido?, ¿qué hacen los muchachos?, ¿y tu marido?… Nosotras siempre nos llevamos bien y confiábamos una en la otra, por lo que nos contábamos muchas cosas, y eso a pesar del tiempo no cambió, porque después de un rato hablando, muy apesadumbrada me dijo que no estaba conforme con su vida, que ya no se reconocía. Eso me preocupó y mientras siguió hablando la observé detenidamente y realmente no parecía la misma persona. Continuamos conversando y me dijo que estaba aplastada por la rutina del día a día. Que ella toda la vida se había levantado con una sonrisa y prometiéndose que el día sería mejor que el anterior y que ya no sabe desde cuándo no es así.
Yo me sentía consternada por lo que estaba escuchando. Cabizbaja continuó diciendo que con sus 48 años se siente de 90, que dejó de luchar por sus sueños hace años, que no recuerda ni siquiera en qué momento ocurrió. Que en los últimos años siempre ha estado desesperada por el tiempo porque no le alcanza para todo lo que tiene que hacer y por eso comenzó a dejar de hacer cosas que le gustaban. Primero dejó de ir a la peluquería, después dejó de hacer ejercicios, dice que no sabe qué tiempo hace que no se sienta a leer un libro (algo que le apasionaba), también dejó de reunirse con sus amigas para charlar, pasear o simplemente beberse una cerveza entre risas, en fin, dejó de hacer innumerables cosas que le encantaban y le daban felicidad. El dinero lo emplea solo en las cosas de la casa y en los eventos familiares, y todo su tiempo también.
Yo no pude escuchar más. Perdí la paciencia, me levanté y le dije casi a gritos “¡Qué te pasa! Porque de vez en cuando te tomes un tiempo para ti, para hacer lo que te gusta, para reunirte con tus amigas, para leer un libro, para lo que se te ocurra no significa que los desatiendes ni que los quieres menos, y la casa tampoco puede llevarse todo tu tiempo porque le saques un poco el pie no se va a venir abajo. Tus hijos y tu marido tienen que entenderlo, ellos saben que los amas más que a nada y abusan, pero ¿cómo te pueden valorar si tú no te valoras a ti misma?”
Callé de repente temiendo haber lastimado sus sentimientos, pero con la certeza de que había dicho lo que debía. La rabia me roía por dentro. Hace muchos años la conozco y es cierto que no es la sombra de lo que era antes. Es cierto que con la adultez vienen también otras obligaciones, el trabajo, la casa, los hijos. Queremos cumplir con todo y lo hacemos. El trabajo porque es nuestra realización personal o simplemente por razones económicas y la familia porque es tan importante en nuestra vida y los queremos tanto que nos parece poco todo lo que hacemos por ellos.
A nosotras se nos va la mano en facilitarles la vida. Queremos darles tanto y que no pasen trabajo que en nuestro día a día solo empieza a haber espacio para sus necesidades y vamos dejando de lado las nuestras. Los hijos comienzan a abusar y se vuelven egoístas, sólo les importa lo que quieren y necesitan. Dejan de valorar a esa persona que les dio la vida y que está dispuesta a sacrificarlo todo por ellos. Y con la pareja pasa lo mismo, como también está inmersa en su trabajo lo único que le preocupa es llegar a casa y que todo esté en orden y que los muchachos tengan todo lo que necesitan. También se le olvida que la persona que trabaja, limpia, lava, cocina, cuida de los hijos, atiende las tareas, en fin, esa persona que les hace la vida cómoda y llevadera, tiene derecho a tener un poquito de tiempo para ella. Y no se dan cuenta cómo se va marchitando a su lado, que ya no es la misma persona de la que se enamoró sencillamente porque ya no tiene vida propia vive en función de toda la familia.
Pasó un largo rato sin que ninguna de las dos dijera una palabra.
Luego continuó diciendo que yo tenía razón que ya no la consideraban y que ella misma se lo había buscado. Que su marido muchas veces ni se molestaba en decirle que tenía una reunión y que iba a llegar un poco más tarde. Que su hijo de 14 años no la obedecía; el de 18 años decía que era ridícula y que la hija de 16 años sólo la busca cuando necesitaba algo. Todo el tiempo eran solicitudes de sus deseos y quejas de lo que no había podido hacer. Que ya ella no podía más porque no reconocía en ella a la mujer que siempre fue llena de sueños, de ilusiones, alegre… Ya no era la que sonreía sin razón, que contaba chistes para hacer reír a los demás, que todo el día cantaba aunque no tuviera talento, que hablaba sin miedo, que se sentía hermosa, feliz, que compartía con sus amigas, que se pasaba horas leyendo un buen libro… sus alegría y momentos de felicidad ahora se habían suscrito sólo a los momentos en que ellos eran felices y se sentían complacidos. Que ninguno de ellos notaba que allí había una mujer que en su interior gritaba: ¡Socorro!
Ambas volvimos a quedar en silencio. Al rato le dije que ella tenía que cambiar y reconsiderar algunas cosas porque de la manera en que estaba no era feliz. Y para poder seguir amando a su familia y dedicándole su vida, lo primero que necesitaba era sentirse bien consigo misma, volver a ser una mujer feliz, sin sentirse presionada por todo y por todos. Estuvo de acuerdo y me dijo que iba a cambiar algunas cosas en su vida, que ya lo había decidido porque ella amaba a su familia pero no podía seguir sin existir.
Ha pasado algún tiempo, hemos hablado en ocasiones por teléfono y hace una semana la volví a ver y les juro que la mujer que vi ante mí era muy diferente a la de aquel día. Había un brillo distinto en sus ojos, solo me abrazo y me dijo que ahora era muy feliz, que su trabajo le costó pero que al final todos entendieron que necesitaban cooperar en la casa para que ella pudiera tener un tiempo para ella. Y que desde entonces todo funciona sobre ruedas ella ha vuelto a la peluquería, a hacer ejercicios en casa, a pasar el domingo unas horas con sus amigas, a tomarse unas horas para leer un libro…
Amigas, si se han visto reflejadas en estas líneas, mírense en un espejo y díganse a sí mismas a quien ven. Si de pronto se encuentran añorando a la mujer que fueron antes y sienten que la fueron sepultando lentamente, simplemente pregúntense: ¿Les gusta esta mujer que ven o añoran volver a ser la que eran antes? Nunca es tarde para cambiar; tarde sería si mueres.
Cuando formamos una familia, nos adentramos a un mundo lleno de responsabilidades. La pareja, los hijos... El gato, el perro... La casa, las compras, el trabajo, la limpieza, las camas bien tendidas, el orden... Podemos ocuparnos de todo, pero entre una cosa y la otra también dedicarnos un tiempo para nosotras. Está bien ser mujeres responsables, pero no en exceso. Al menos no tanto que nos acabemos perdiendo nosotras mismas. Recuerda que te olvidas de ti misma cuando todo el mundo es más importante que tú: “no importa qué necesites, qué desees, qué quieras, los demás están primero”.
A veces nos convertimos en una mujer que se mueve con amor, con sensibilidad, con vocación, pero que dejó lentamente que todo la supere; y se quedó allí, en ese lugar, viendo pasar la vida de los otros, que se olvidó de sí misma. Y lo más triste es que los que amamos y por quien lo hacemos y sacrificamos todo, ni siquiera lo notan.
Reconocemos que ya no somos las mismas y añoramos a esa mujer que perdía horas arreglándose el cabello y que usaba mascarillas para lucir espléndidas, maquillajes intensos que mostraban a una mujer sensual y atractiva, escotes, pantalones ceñidos, tacones que endurecían nuestras piernas al andar... pero de pronto un día nos encontramos recordando a aquella mujer y sentimos que la fuimos sepultando lentamente. Presenciamos su lenta agonía y no hicimos nada para revivirla.
Tenemos que traer de vuelta a esa mujer y hacer que diga: ¡¡Presente!! Todos los días. Que haga sentir que ella importa y eso no significa ser egoísta... Intentemos recuperar a esa mujer bella que nos hacía sentir seguras, desterremos las culpas y si el desayuno, el almuerzo, la merienda o la cena se demoran un poquito porque estamos poniéndonos lindas, pensemos que ese cuidado de nosotras mismas, esa dedicación, ese amor serán la medicina mágica que hará que nuestra autoestima crezca. Si nuestra autoestima no está bien, nada está bien en nuestra vida, y por ello dejamos que otros nos desvaloricen o nos desprecien.
Para amar a los demás, primero tienes que amarte a ti misma, nuestra persona refleja quienes somos y no depende si tengo un vestido caro o el pantalón de moda, la verdadera esencia se trasmite desde nuestra alma... de hoy en adelante te invito a quererte un poco más, tomate unos minutos para ti, ¡TE LO MERECES!!!... Haz lo que te gusta, lo que te motiva, lo que te hace feliz y de esa manera te levantaras con más ánimo, con más ganas, con una sonrisa cálida, con ilusiones como antes...
A partir de hoy, todos los días párate ante un espejo y di: Sí… Tengo otro amor que me llena completamente… Y ese amor soy yo.
Amigas nunca olviden que nadie nos amará ni nos valorará, si no nos amamos y valoramos nosotras mismas. Esa familia a la que tanto amamos y que le damos lo mejor de nosotras, nos verá con otros ojos, nos considerará y respetará más cuando vea que además de atenderlos y cuidarlos también somos capaces de tener nuestro propio espacio.
Dejarán su egoísmo para valorarnos y amarnos mucho más. Y solo entonces seremos verdaderamente felices y capaces de dar más amor.

jueves, 19 de abril de 2018

Mi ansiado mar, inmenso, misterioso, seductor


“Para mí fue siempre el mar un confidente, un amigo que absorbe todo lo que le cuentan sin revelar jamás el secreto confiado y que da el mejor de los consejos: un ruido cuyo significado cada uno interpreta como puede.”
Che Guevara

En estos últimos meses he pasado mucho tiempo junto al mar. Y me he sentido feliz, ustedes conocen de mi amor por esa inmensidad profunda de color verde-azul. Y allí he pasado muchas horas reflexionando, recordando y hablando conmigo misma. Algo que me gusta hacer de vez en cuando.
Para los humanos verter sentimientos en los mares es una práctica antigua. Lo hemos hecho a través de pensamientos filosóficos, discursos inspiradores, citas y dichos universales. En pocas palabras, estamos enamorados del mar desde que lo vimos por primera vez.
A mí me hechiza esa enormidad azul de horizontes infinitos, aire puro y rumor de olas. Cuando estoy frente al mar me adentro en sus misterios y silencios, en los secretos que ocultan sus temblorosas y frescas aguas... Y observando toda su grandeza experimento la pobreza de la raza humana. Quieto y embrujado me llena de paz, de amor y de fuerza… es mi riqueza.
El mar es arrullo de noches estrelladas, es paz encontrada, es la orilla del mundo real y también es donde empieza la fantasía. Observarlo hace que me adentre a bogar en leyendas, mitos o cuentos, a imaginar galeones, piratas... en un mundo fascinante.
Me hechiza, pero para ser sincera me gusta verlo y disfrutarlo desde la orilla, cuando entro en él lo hago sólo unas brazadas, no más. Las pocas veces que he estado en altamar me he sentido alucinada, cautiva de esa belleza para toda la vida. Sin embargo siempre me ha dado un poco de miedo por su inmensidad. Porque sé que, en un momento, cualquier viento suelto puede convertirlo en una locura imprevista y entonces me arrastraría con él a la vorágine de un desafío perdido. Lo miro, admiro y respeto por ello y por miedo porque sé de su locura.
Cuando estoy cerca de él, se me hace difícil madrugar y es porque me gusta pasear un ratico a su lado, sin gente, sin ruido… solo con el murmullo de sus aguas que me susurran "Ya estás en casa". Y con sus olas danzantes acariciándome, me gusta caminar mientras aguas mansas en la orilla acarician mis pies. Se limita a lamerme, agradezco el detalle, pero siempre observo desconfiada.
Yo digo que soy una persona de mar porque valoro el tenerlo cerca como un tesoro increíble. Ser de mar no es nadar en sus aguas, es sentir que eres la persona más afortunada del mundo cuando lo tienes cerca. Me gusta escucharlo en sus múltiples lenguajes, a veces susurra y otras en su bravura nos arremete.
Puede hacer sol o estar encapotado, puede rugir o susurrar en mis oídos, no importa siempre es mi mar. Respeto, fuerza y una especie de adicción. Invariablemente me subyuga. Nunca he sido capaz de pasar demasiado tiempo sin verlo. El mar es muy superior a mi palabra, es el guardián de mis sueños, confidente de mis secretos, mi consuelo, mi alegría… Con él tengo una comunicación especial... como si hablara conmigo misma a un nivel muy profundo… ahí encuentro las mejores respuestas y las más sabias decisiones. Él nivela mis aguas internas, me contagia su ritmo... Es un motor que mueve mis interiores a veces dormidos por la vorágine de la ciudad.
Todo el tiempo vivimos tensionados por el trabajo, los hijos, las dificultades del día a día… tanta tensión constante nos impide relajarnos, los problemas nos bombardean provocando un estado de stress que termina pasándonos factura. Sin embargo, pasar al menos unas horas junto al mar me permite desconectarme de ese entorno caótico, es como si creara una burbuja a mi alrededor. Tiene un efecto casi hipnótico que me genera una sensación de tranquilidad y bienestar que me permite recargar energía.
Decididamente el mar es mi gran amor... unido a mi destino porque vivo en una isla. Pero lejos de sentirme prisionera y exiliada por el Caribe y el Atlántico, siento que me abrazan y me transmiten libertad, aliento, ánimo. Si pierdo la costa, pierdo el humor. Simplemente contemplo el mar y soy el mar. Inexplicable con palabras. Siempre está en mi corazón, por eso el día que me muera, que hundan mis cenizas en mi playa, tras la barra.
Pasé unos días realmente placenteros. Una de esas tardes me acosté en la arena sintiendo el ir y venir de las olas, cerré los ojos disfrutando de esa paz que me da el mar, y tu imagen se apoderó de mi mente… sonreí y pensé en lo maravilloso que sería si estuvieras ahí conmigo... pero estás muy lejos, aunque al mismo tiempo muy cerca porque eres Pi constante en mis pensamientos, vives ahí, en una eterna cadena de recuerdos y sentimientos siendo parte y el todo, en mi sentir y en mí.
En vez de entristecerme por la lejanía seguí con los ojos cerrados, para de esa manera estar solo el mar, tú y yo, como realmente ha ocurrido tantas veces. Sonreí nuevamente recordando nuestros paseos en la orilla del mar, esos momentos increíbles donde siempre olvidamos todo, donde solo importamos nosotros.
Los recuerdos me golpearon fuerte y mis deseos de amarte fueron más grandes que el mismo mar. Entre mis manos la tarde palpitaba trayendo el olor de tu piel que reverdece y abraza los silencios de mi desnudez… El amor despeinó la tarde en el horizonte, mientras tu boca se hizo verbo en mi lengua... Los besos se quedaron con mi feminidad entre tu hombría. Siento tu presencia tan vívida… que siento el roce de tu piel, el contacto de tus labios, las manos que acarician… estamos solos frente al mar, enamorados, con el mismo deseo y objetivo... amarnos hasta el cansancio.
Mi mente sigue jugando conmigo. Los pensamientos me transportaron a otro día, uno de tantos… Ahí estaba yo en la arena recostada sobre tu pecho, dejándome llevar, sin preocupaciones, observando tus ojos clavados en mí… Hablábamos en susurro, sin dejar de acariciarnos, sin dejar de besarnos… Ya casi teníamos que irnos, era tarde, pero no queríamos abandonar ese paraíso. Había sido un día magnifico donde habíamos disfrutado del mar y de nuestros cuerpos sin escatimar.
Y en lugar de tomar nuestras cosas y terminar de marcharnos, las miradas se hicieron más intensas, los besos más apasionados y llenos de deseos, ya no había sol, pero en nosotros la temperatura había subido y el calor era abrazador. Te pusiste en pie y tomando mi mano tiraste de ella para adentrarnos en el mar.
En el agua nuestras bocas se buscaron con pasión, nuestras manos se movían con ansiedad como si nos hubiéramos encontrado después de mucho tiempo, nuestros cuerpos se entrelazaron… mis manos en tu cuello, mis piernas alrededor de tu cintura… nuestras bocas se devoraban mientras tu sexo busca el mío con un deseo incontenible. Me sonrío porque pareces un adolescente y te siento entrar en mí, seguimos besándonos mientras tu sexo palpitante entra y sale, el movimiento se va haciendo más rápido, más fuerte, estamos fuera de control, desaforados.
Entre beso y beso, se escuchan gemidos y palabras de amor, no hay contención ninguna, hay un solo testigo y no dirá nada porque guarda en sus profundidades muchos secretos. Nos movemos convulsamente, arriba y abajo, más, más… Hasta que explotamos, volamos tocando el cielo que ya se está tornando oscuro. Nos quedamos abrazados jugando tiernamente con nuestros labios, mientras nuestros fluidos van disolviéndose en el mar.
Salimos del agua tomados de la mano y de pronto me dices: “Fue explosivo” y sabiendo lo que quieres decir mis carcajadas irrumpen en aquel silencio donde sólo se escucha el sonido del mar. Comienzas a reírte también y tiras de mí para abrazarme nuevamente. Me regodeo entre tus brazos y doy gracias a la vida por tenerte porque todo en ti me lleva a un mundo de sentimientos, porque llenas de luz mi vida. Volvemos a besarnos y nos disponemos a marcharnos, ya se ha hecho muy tarde.
Abrí los ojos y regresé al momento en que me tumbé en la arena, y me río todavía con las sensaciones a flor de piel como si todo hubiera acabado de ocurrir. Contigo siempre he vivido momentos intensos y este mar continuamente me invita a revivirlos… esos momentos donde solo existimos tu y yo, donde nada más importa, donde yo soy tu estrella y tu mi delfín en la inmensidad. Me levanto, comienzo a caminar y sigo sonriendo porque me doy cuenta de que eres dueño de mi alma y hasta de mis silencios. Tengo conmigo el secreto de los días, de las palabras que seducen…
La tarde siguió transcurriendo contigo de fondo, siempre ahí, como el ruido del mar, incesante, a veces calmado, a veces tempestuoso, pero siempre sonando. Ya en la noche al acostarme me dormí con el pensamiento de que en la tarde el mar me regaló el cielo. La noche me vistió de sus misterios... y en mi sueño me dejé acariciar nuevamente por el viento, el agua y por ti… y mi mente pervertida se deslizó por el abismo de la bestia.
Como ven cuando estoy frente al mar, mi mente sucumbe ante su poder… puedo estar perdiéndolo todo y ser feliz, puedo estar incluso muriéndome y sentirme flotar en la vida, y saben por qué precisamente porque el yo pequeño de la mente en esos momentos no puede dar la lata.
Mis ojos disfrutan de su belleza sintiendo su superioridad. Lo contemplo extasiada, enamorada, sí, es un amor verdadero, único, indescriptible e inmenso… amo el romper de sus olas y su gruñido constante cuando no está tranquilo, y sé con certeza que pase lo que pase, siempre estará ahí para acomodar mi alma y hacerme sentir completa.
En otras ocasiones lo he dicho. Existe un affaire entre el mar y yo. Supongo que lo he sabido desde siempre: estamos ligados por espíritu. Tratar de negarlo es inútil. Es una relación que se aviva con cada reencuentro. Nunca puedo separarme de ese mar tan monstruosamente seductor sin una desconsoladora amargura. Cuando tengo que regresar a casa y me despido de esa belleza incomparable siempre me siento apesadumbrada.
Pero cuando me marcho de sus orillas es cierto que me alejo de él, sin embargo realmente no lo dejo porque es imposible dejar el corazón y llevarse tan solo el cuerpo... conmigo van sus olas y la furia de sus vientos contrapuestos, su magia y sus misterios, sus promesas y todos sus silencios, sus colores y el ronroneo incesante de sus aguas cuando besan las arenas soñadoras de la playa.

“No hay nada más hermoso que la forma en que el océano se niega a dejar de besar la costa, sin importar cuántas veces se aleje.”
Sarah Kay

lunes, 22 de enero de 2018

Un tesoro inigualable: la amistad

Alguien dijo que la amistad es como una llave de cristal: abre las puertas de la compañía y cierra las de la soledad. Pero si esta llave se rompe, nadie podrá arreglarla.
María Duval
La Amistad es uno de los sentimientos más nobles, dignos y elevados de la humanidad. Es una forma de expresión del Amor que reina en el corazón de los seres humanos. Además de proporcionar a quienes la practican desinteresadamente, las mayores satisfacciones durante su existencia, les da en cierta forma la inmortalidad, haciéndolos vivir después de la muerte, en el recuerdo de quienes disfrutaron de la misma.
Siempre se ha dicho “quien tiene un amigo tiene un tesoro”, y es cierto. Los que tenemos la inmensa fortuna de disfrutar de nuestros amigos somos inmensamente ricos, porque la amistad sincera es una de las cosas más lindas que existen. Es agradable sentirlos presentes cuando tenemos ganas de llorar, de reír, de gozar un poco más de nuestras vidas. Es buenísimo ver que cuando nos vamos lejos ellos intentan localizarnos, para saber cómo estamos o simplemente para decirnos la falta que les hacemos.
Es tan importante saber que cuando quieren hablar con alguien y contarles sus mayores penas nos buscan a nosotros, porque nos tienen confianza y sienten que además de escucharlos y comprenderlos, los ayudaremos. Qué felicidad sentimos cuando cumplimos años y vemos que no se olvidaron porque nos llaman o se aparecen en casa para desearnos un feliz cumpleaños y deseos de que cumplamos muchos más.
Sin embargo, no debemos olvidar que ninguna relación puede funcionar si no aceptamos a las personas como realmente son. Todos tenemos defectos. Cuando una persona nos brinda su confianza y afecto debemos ver lo positivo que hay en ella y aceptarla con sus defectos, que son muchos al igual que los nuestros. Muchas de las grandes amistades que han existido se han formado entre personas totalmente diferentes tanto en carácter como en pensamiento, y muy diferentes entre sí. La verdadera amistad consiste en armonizar nuestras diferencias y apreciar más a fondo lo mejor de nuestros amigos, aceptando aquello que no es placentero, pero que forma parte de su carácter y personalidad.
El ensayista, novelista y poeta libanés, Khalil Gibran dijo: "Tu amigo es la respuesta a tus necesidades. Él es el campo que plantas con amor y cosechas con agradecimiento. Él es tu mesa y tu hogar. Porque vas hacia él con tu hambre y lo buscas con sed de Paz… Y no permitas más propósito en la Amistad, que el ahondamiento del espíritu. Y has que lo mejor de ti sea para tu amigo… deja que haya risas y placeres compartidos. Porque en el rocío de las cosas pequeñas, el corazón encuentra su mañana y se refresca."
Tu amigo es aquel que siendo leal y sincero, te comprende; el que te acepta como eres y tiene fe en ti, el que sin envidia reconoce tus valores, aquel que te estima y elogia sin adularte; el que te ayuda desinteresadamente y no abusa de tu bondad; el que con sabios consejos te ayuda a construir y pulir tu personalidad; el que goza con las alegrías que llegan a tu corazón.
La lealtad es quizás la característica, por excelencia, de una buena amistad. Algunas veces la vida agitada que tenemos no nos permite ver a los amigos con la frecuencia que quisiéramos. Pero llamarlos aunque sea para saludarlos y saber cómo están es una forma de lealtad. Quizás la forma clásica de demostrarla es impedir a toda costa que otras personas hablen mal de nuestros amigos, cuando no están presentes y no se pueden defender de ese ataque. También se demuestra estando con nuestros amigos en las buenas y en las malas. Especialmente si están enfermos.
Tu amigo, es el que sin penetrar en tu intimidad, trata de conocer tu dificultad para ayudarte; el que sin herirte, te aclara lo que entendiste mal o te saca del error; el que levanta tu ánimo cuando está caído; el que con cuidados y atenciones quiere menguar el dolor de tu enfermedad; el que te perdona con generosidad, olvidando tu ofensa. El que ve en ti un ser humano con alegrías, esperanzas, debilidades y luchas. Ese es el amigo verdadero.
Es alguien que piensa en ti, que te escucha y te enseña cosas buenas y siempre tiene tiempo para convivir. Si hieres a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás vuelva a ser igual… Si encuentras un verdadero amigo cuídalo para que lo conserves y si ocurre alguna desavenencia conversen para limar asperezas y vuelvan a comprenderse. Es necesario dejar la tozudez y el orgullo a un lado porque pueden llevarte a perder un tesoro inigualable. El poeta, ensayista y biógrafo inglés, Samuel Johnson dijo: “Dejar que una amistad muera por negligencia o por silencio es una locura comparable a arrojar lejos uno de los mayores tesoros de este cansado peregrinaje”.
Hay amigos eternos, amigos que se eligen y amigos que se adoptan. Están los amigos del alma, del corazón, de la sangre. Amigos que son más que amigos que son hermanos. Los que trascienden tiempo y espacio, los telepáticos, los que sabemos siempre están aún sin verlos, y sentimos permanentes. Amigos de sueños infinitos y tertulias interminables. Amigos de esta locura cuerda que es transitar por la vida agarrados de nuestras sombras. Y son indispensables.
En una verdadera amistad no hay interés material, el único interés que prevalece es el que se tiene por la persona misma, por disfrutar de su compañía sin importar si son ricos o pobres, si te pueden dar algo o no. Los verdaderos y auténticos amigos tienen la capacidad de entender y compartir las emociones en sí mismas, pero sin hacer juicios. Cualquier alegría es mucho más grande, cuando se comparte con alguien; cualquier tristeza es más llevadera cuando se puede descargar en un amigo. La amistad verdadera es un parentesco sin sangre. Ese amigo nace del corazón...
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas… Los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
Por eso hoy, deseo aprovechar mi tiempo para decirle a mis verdaderos amigos lo mucho que los recuerdo, los extraño, los aprecio y los valoro. Hablo de esos que me abrieron sus brazos y su corazón, de los que me regalaron su tiempo y su comprensión, de los que me “tiraron de las orejas” cuando me veían flaquear, de los que no tienen ni idea de lo mucho que me dieron cuando me dieron su amistad.
Especialmente a ti hermanita. Siempre plasmaré en mis pensamientos los instantes compartidos y seguiré a través del tiempo, recordando esos momentos. La sonrisa contagiosa, el comentario divertido… Cuando estamos juntas no sentimos el cansancio, ni el desvelo cotidiano, borramos los pesimismos y disfrutamos de nuestra compañía sin las poses del egoísmo. Nunca me cansaré de darte las gracias por tantos momentos lindos, por tu bondad, por tu apoyo incondicional, por tu cariño. Siempre te llevo conmigo, como un tesoro invaluable.
Hemos compartido alegrías, tristezas, desvelos, angustias, pesadillas, motivaciones, triunfos... todo eso y más. El cariño y la comprensión entre nosotras es tan real y verdadera que aunque estemos lejos físicamente estamos muy cerca en nuestras mentes y corazón, tanto que te siento a mi vera día a día... y eso te lo agradeceré eternamente.
Jamás olvidaré el día que nos conocimos. El destino nos reunió y no se equivocó. Esta amistad que nos une por decreto del destino será así por siempre, y lo creo con certeza porque hemos pasados momentos muy duros juntas y nos ha tocado pasar por situaciones que si nuestra amistad no fuera tan firme se hubiera desmoronado con algunas de ellas... por eso creo que estaremos unidas eternamente porque tenemos un lazo muy difícil de romper. Gracias por tu hermosa amistad... siempre te admiraré, por tu valentía y fortaleza ante la vida, por la bondad y cariño que profesas a todos, por el gran ser humano que eres.
La amistad es un fruto mágico que se cultiva en el corazón de los seres humanos. Y gracias a DIOS el corazón no conoce de geografía… A todos, ¡gracias, muchas gracias! Hoy quería aprovechar sabiamente mi tiempo para expresar esto. ¿Por qué? Porque en la vida hay que expresar los sentimientos cuando las personas están para escucharlos. Alguien dijo: “El hombre se hace viejo muy pronto y sabio demasiado tarde”. Justamente cuando: Ya no hay tiempo.
Y no quiero que eso me pase a mí, lo de llegar a vieja sí, pero también ir teniendo un poquito de sabiduría mientras hay tiempo.

“Si la amistad desapareciera de la vida, sería lo mismo que si se apagara el sol, porque nada mejor ni más deleitoso hemos recibido de los dioses inmortales”.

Cicerón

miércoles, 17 de enero de 2018

Me gusta ser como soy

No soy perfecta y doy gracias por ello, porque mi imperfección le da sentido a mi vida, me invita a luchar cada día por ser mejor. Soy un ser humano más de este hermoso mundo, cargo en mí 53 vueltas al sol y mil ilusiones, sueños y metas. Comencé por escribir uno que otro escrito para mis amigas y desde entonces he tratado de expresar lo que siento a través de las letras.
Hace años aprendí a decir NO cuando lo deseaba o creía que era lo correcto, también aprendí a valorarme a mí misma, a darme mis espacios, a pensar más en mí, obvio, sin dejar de lado mis responsabilidades.
No soy la misma persona que solía ser. La vida me ha hecho cambiar y no hay mejor manera de describir quien soy que con mi forma de pensar. Vivo y he sobrevivido muchos obstáculos emocionales, sentimentales y existenciales. No espero nada de los demás y doy todo por los que quiero. Me gusta el altruismo, la bondad y la sencillez. Si hay una manera en la que puedo ayudar a alguien no lo pienso dos veces.
He aprendido que quienes nos critican, tienen poder solo si les damos importancia. Admiro a las personas que desnudan su alma, sin tener vergüenza a mostrar las cicatrices que llevan escondidas.
Hay momentos en la vida que uno se siente atrapado sin saber qué hacer, y te preguntas cómo sería si hubiese elegido diferente, ¿Y SI…? Es una pregunta que me he formulado muchas veces a mí misma, y en ocasiones me han dado miedo las respuestas y la posibilidad de haber perdido alguna oportunidad. Y es que, en un instante, la historia puede dar un giro de trescientos sesenta grados. De repente, todo transcurre y cambia tan deprisa como el tiempo que tardan dos miradas en cruzarse y conectar.
Vivo en constante lucha corazón-mente. Soy cien por ciento romántica pero tremendamente esquiva... Muchas veces voy propiciando despedidas en lugar de encuentros. Soy independiente pero familiar. Lo doy todo rápido pero lo quito con la misma rapidez cuando veo que la persona no es digna de recibir tanto.
En la vida siempre hay obstáculos, personas que nos tratan de ayudar y también todo lo contrario, pero no hay que desesperarse como bien dice el dicho lo que difícilmente llega difícilmente se va. Recuerden que Roma no conquistó medio mundo en un día, nuestra existencia está llena de baches pero es lo que nos hace fuerte, y nadie camina por la vida sin haber pisado en falso, nadie recoge rosas sin sentir sus espinas, nadie siente amor sin probar dolor.
La vida me ha enseñado que quien no te busca, no te extraña y quien no te extraña, no te quiere. El destino decide quien entra en tu vida, pero tú decides quien se queda. Quien te lastima te hace fuerte, quien te critica te hace importante quien te envidia te hace valioso, y a veces es divertido saber que, aquellos que te desean lo peor... tienen que soportar que te ocurra lo mejor.
He visto grandes amigos volverse grandes desconocidos y a su vez grandes desconocidos volverse mejores amigos, y es que nunca acabamos de conocer a una persona. La vida también me ha enseñado que el "nunca más", se cumple, y el "para siempre", acaba. Que el que quiere puede y lo consigue, que el que no arriesga no pierde nada pero tampoco gana nada, que el físico atrae pero la personalidad enamora…
Sé que escribir no me hace escritora, pero expresarme sí me hace más humana, más viva, más yo. Trato de llegar al corazón de todas las personas que me leen para poder inyectarles positivismo, optimismo, buenas vibras y esperanza. Aunque en ocasiones dejo entrever momentos tristes, nostálgicos. No me gusta pero a veces no lo puedo evitar.
No sé si serán los años, pero he bajado el volumen de lo que escucho y he subido el tono de lo que siento. Me estremece un atardecer, el sorbo de un buen café, un buen vino, una grata compañía, una bella melodía, el calor de una mirada, el poder de un beso... El sonido de una flor, el olor de una canción, el reflejo de una sombra o la lluvia y su sabor... Todo sirve en esta vida como fuente de placer, no hay medida, teorema, paradigma ni ecuación.
Soy una perfecta imperfecta que jamás calla lo que piensa. Lo digo, lo grito, lo escribo y siempre voy de frente. Sin tapujos ni rodeos. Sin cuchillos en las espaldas. Pero hoy ser sincera es casi una ofensa para muchos. Pero creo que el que calla otorga… por eso prefiero ser de esas que dicen todo lo que piensan, claro, haciendo siempre uso del respeto aunque a veces me lleven los demonios. En la imperfección de vivir, está la auténtica perfección de convertir lo imperfecto, en perfecto, al menos para ti.
Si fuésemos perfectos no necesitaríamos palabras de ánimo, consejos o amigos. Me alegro de no serlo y doy gracias por ello.
Ah, y otra cosa… si la vida te da limones... ¡¡Qué limonada, ni qué mierda!! PIDE TEQUILA Y SAL porque esto de vivir se hace cada vez más difícil.

Yo quiero, todos los días de mi vida, en esta dimensión, agradecer cada instante de aliento, cada sonrisa, cada lágrima, cada amigo, cada miembro de mi familia, cada experiencia vivida, que me han hecho SER quien soy, con todas mis imperfecciones, con mis defectos y virtudes, porque los que me quieren me quieren así como soy.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Hablemos de amor

Quiero que este regreso al blog sea con amor, mucho amor, ustedes saben que yo vivo enamorada del amor. Por eso esta entrada es al amor.
Todos sabemos que es muy difícil controlar de quien nos enamoramos. Eso sencillamente sucede, aunque no lo busques. Sin pretenderlo y muchas veces hasta sin desearlo. El amor es así. Por supuesto hay amores que atrapan y arrastran. Que nos ciegan, y aunque nos hagan sentirnos muy felices, también nos hieren, a veces fieramente. Es así. No se entiende, se vive... Llevo encima todos los besos de los labios que tanto he amado.
Me quedé prendida de él en cuanto lo vi, no pude hacer nada por evitarlo, y es que hay veces en que el corazón vence a la razón. Es cierto, que es el amor y no Red Bull, quien te da alas. Alas, y cara de tonta, cuando te besan sin previo aviso y sientes que el amor te cala.
Aquel día dijo: “DÉJAME INTENTAR”… y yo dije “PUEDE SER”… Y así comenzó, el intentándolo, yo dejando que sucediera… logró robar mi corazón y hacerlo muy suyo. Me ha amado como nunca nadie, ha llenado mi vida de ilusión y fantasía.
Se acerca y sus caricias me resucitan. Sólo él me conoce, sólo él sabe quién soy y cómo ordenarme, cómo encontrarme. Para el resto del mundo soy y seré un indescifrable montón de asteriscos, para el siempre seré la puerta a un nuevo mundo.
Paladeo sus besos que auguran caricias y una forma de hacer el amor que solo encontré en él. Es la magia de un instante, su risa colorea mi día y mis suspiros se rinden ante sus ojos. Estar con él es un viaje estelar que ilusiona, somos solo una chispa pero que es suficiente para encender el universo.
Después de mucho tiempo, en el sitio justo, en el momento preciso, él ya me estaba esperando con una sonrisa que hacía palidecer a los reflejos del sol en la arena. Y mirando esa sonrisa me he vuelto a sentir como respirando viento fresco en lo alto de un acantilado, como gaviota mecida en su aliento; Sí, porque sonríe con los ojos, con la nariz y las orejas, con la comisura de los labios, con sus brazos, con sus piernas; sonríe sin mover las cejas; sonríe con fuerza gitana en sus venas. Nunca he conocido a nadie con una risa tan contagiosa, tan grande, tan sincera, tan elegante. Y entre risas de niños y miradas de amantes nos contamos al oído esas cosas que no se pueden escribir ni embotellar para tirar al mar.
Estoy enamorada, hace mucho que me ha calado muy hondo. Le pregunté: "¿aún me quieres?" respondió: "aún no, todavía". Y sonriendo siguió diciendo “seré sin que sepas de mí, seré quien quieras que sea, seré el juego al que juegues, seré la uña que muere en tu mano, seré arañazo en tu espalda, seré caramelo en tus labios, seré beso en tu alma…”
Con él siempre he sido una chica fácil, es difícil no ser fácil a su lado. Lo he echado mucho de menos. Ya sé que puede sonar un poco tópico, pero hoy me siento astronauta desafiando a la gravedad, cometa jugando en la playa, entre el viento, el cielo y el arrullo del mar unido a su risa. Hoy me siento arrullada, a ritmo de mecedora, sucumbiendo a dulces canciones susurradas en la penumbra de ese abrazo que precede al sueño. Me siento mecida por sus labios, y el tiempo se detiene.
Dicen que el amor es un templo con una sola entrada y demasiadas salidas hacia el país de nunca jamás. Una mueca; una tarde de sol. Un vestido arrebatado. Amantes arrodillados. Y él y yo. Su amor es inmenso, su pasión inigualable, su ternura y entrega interminable y su compañía admirable.
Es como la suave brisa del mar que viaja con el vaivén de las olas, el calor de la playa desierta en pleno verano relajándome y haciéndome olvidar el largo vaivén de mi existencia sin su ser siempre a mi lado. No quiero un alma gemela idéntica a mí. Lo quiero a él, que me completa, que me hace entender la plenitud de AMAR. Solo él tiene el poder de hacerme vacilar y al mismo tiempo enfrentarme al mundo con la luz de su mirada por eso y por muchas cosas más lo amo tanto...

I LOVE YOU FOREVER AND EVER.