Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Ver a nuestros hijos crecer



Cuando nuestros hijos son pequeños, lo que más deseamos es que crezcan rápido para que no sean tan dependientes de nosotros y podamos tener por lo menos unos minutos respiro. Y creemos que esperar a que crezcan será un largo camino, pero la realidad es que crecen más rápido de lo que uno piensa, y terminamos queriendo que vuelvan a ser niños como antes. 
Todas disfrutamos viendo crecer a nuestros hijos y viendo cómo se hacen cada día más y más independientes. Sin embargo, el sentimiento viene acompañado de otra cara: una sensación de la que no se habla. Nuestros hijos, desde que nacen, se va preparando poco a poco para ir separándose gradualmente de nosotras. Cuando nacen se alimentan a través de nuestro pecho, hasta que un día empiezan a comer alimentos sólidos por sí mismos. Meses después aprenden a andar y ya no necesitan nuestros brazos para desplazarse. 
Cada hito en la vida de nuestros hijos representa un paso en su crecimiento y en su camino hacia la autonomía: empiezan a comer, caminan, dejan los pañales, empiezan el jardín, se atan los cordones de los zapatos, se les caen los dientes de leche, van a la primaria y así sucesivamente en una escalera ascendente de logros que van marcando, para los padres, pequeñas pero grandes despedidas. Todos estos pasos, entonces, tienen dos caras diferentes: el orgullo y la alegría de verlos crecer, y la nostalgia de los tiempos que pasaron y ya no volverán.  
Ver crecer a nuestros hijos nos llena de sentimientos encontrados. Por un lado nos llena de orgullo, y en ocasiones resulta liberador para nosotras, como madres, ver que poco a poco van ganando mayor autonomía y nos demandan menos atención. Pero verles crecer también es doloroso, y exige una gran generosidad por nuestra parte para no entorpecer el proceso. Tenemos que confiar en la fuerza de su alma para hacer su propio camino.
Lo cierto es que un día los miramos y nos damos cuenta de que el tiempo ha pasado muy rápido, que ya no son los niñitos que siempre pretendemos ver y se presentan con problemas normales de su edad. Muchas veces no queremos aceptar que ya quieren tener su propia vida, y se nos hace difícil admitir que alguien entrará en su vida, alguien extraño para nosotros que se convertirá en el centro de su vida y que poco a poco se irán independizando, dejándonos una sensación de vacío. 
Muchas veces me pierdo en mis pensamientos recordando cuando eran pequeños… al llegar la noche, los llevaba a sus cunas, cogía sus manos y me quedaba observando como sus ojos se cerraban mientras su respiración se iba acompasando, hasta que se quedaban profundamente dormidos. Me quedaba contemplándolos un rato y en ocasiones llegaba a sentir envidia de los muñecos que reposaban junto a ellos en la cuna porque durante la noche ellos disfrutaban del calor de sus pequeños cuerpos y estaban al abrigo de esas diminutas manitas.
¡Qué rápido crecen los niños!... El tiempo parece pasar a toda velocidad cuando tenemos hijos. Un día abres los ojos y estás con contracciones de parto, otro día el bebé hace su primer gorgojeo y otro ya le estás acompañando en su primer día de colegio. La crianza es difícil, son tantos los sinsabores como las alegrías y al menos un par de veces llegas a pensar “ojala crezcan pronto”... Y crecen, y de repente entiendes lo mucho que extrañas su preciosa infancia, lo poco que te duró.
Cuando eran adolescentes y los veía dormir a veces me venían a la mente aquellas cunas que al principio parecían inmensas porque sus cuerpecitos se perdían en ellas y como al poco tiempo ya agotan prácticamente su espacio, y cuando menos me lo esperé se le habían quedado pequeñas. La infancia es una época maravillosa, pero pasa deprisa, muy deprisa. Por eso es importante aprovechar cada momento que tengamos con nuestros hijos cuando son pequeños es fundamental no sólo para ellos, sino también para nosotros porque esos recuerdos nos acompañarán por siempre.
Es cierto que muchas veces los niños nos hacen perder la paciencia o nos eleven el nivel de estrés, pero también nos dan momentos tan especiales que son impagables: su primera sonrisa, cuando por primera vez dicen “mamá”, el abrazo de sus pequeños bracitos, sus ocurrencias cómicas, su carita mientras duermen plácidamente...
Cuando mis hijos eran pequeños recuerdo que a veces estaba tan cansada que deseaba que llegara la noche rápido para que al dormir me dejaran descansar un rato. Al llegar la noche con el sueño desaparecían sus risas y llegaba ese silencio tan ansiado a lo largo del día, sentía un alivio porque estaba realmente agotada. Sin embargo ese silencio era extraño, inquietante, porque era el silencio de su ausencia. Y a pesar de que en esos momentos recuperaba mi espacio en el sofá, el control del mando a distancia, volvía a ser dueña de mi tiempo… mientras trataba de disfrutar de esa inusitada libertad a la vez extrañaba esos besos de chocolate o helado, discursos ininteligibles y juguetes voladores.
En la noche tenía una sensación de paz muy extraña porque me faltaba algo. Me faltaban ellos porque dormían y en ausencia de ellos la realidad pierde su magia, ese halo de luz que envuelve todo lo que tocan. En medio de aquel silencio y aquella paz miraba a mí alrededor y solo veía juguetes huérfanos y una casa sin vida. Y entonces no podía evitar desear con ansias la llegada de otro nuevo día.
Hoy han crecido y de los pequeñitos que me alegraban y me hacían sonreír cuando aún los podía sostener en mis brazos, ya no queda ni la sombra. Se han convertido en jóvenes y cuando llega este momento nosotras, las madres, necesitamos soltar esa parte maternal que tiende a ser demasiado protectora, ansiosa, dominante y controladora. Después de todo, tenemos que ser conscientes que esos seres no nos pertenecen… han nacido a través de nuestro cuerpo, pero eso no significa que sean de nuestra propiedad.
¿Qué no es fácil? ya lo sé... a las madres nos cuesta soltar, y como madres nunca dejaremos de luchar por ellos, pero llega un momento donde nuestros hijos necesitan marcharse para hacer su propio camino y tenemos que aprender a “dejarlos ser”, tenemos que confiar en la fuerza y capacidades innatas de sus almas para resolver los asuntos que encontrarán durante su camino por la vida.
Y nosotras continuaremos rememorando, con nostalgia, sus primeras semanas de vida, sus años de infancia, sus travesuras, sus logros… y descubrimos que prácticamente solo recordamos los buenos momentos. ¿Es el miedo a perderlos? ¿El dolor de saber que cada vez somos menos necesarias para ellos? No lo sé a ciencia cierta, lo único que sé es que ver crecer a mis hijos me duele, me llena de orgullo, me da miedo, me hace feliz y me entristece. Y todo ello al mismo tiempo. Es una de las grandes contradicciones de la maternidad. 
Frente a estas sensaciones, a veces sentimos culpa y, por lo general, no las comentamos tanto como cuando se trata de compartir sentimientos positivos. Pero esos sentimientos son absolutamente normales, en la medida en que no se transformen en pensamientos continuos y obsesivos. Además, a estos sentimientos se le suma el hecho de que los hijos funcionan, en muchos sentidos, como espejos para sus padres, porque nos vemos reflejados en ellos, y el crecimiento de unos va aparejado al envejecimiento de los otros.
Lo cierto es que cuando nacen estamos deseando que crezcan un poco para tomarnos un respiro, y cuando han crecido queremos que nos devuelvan a nuestros bebés. Y ese es el gran reto también, conseguir disfrutar de cada etapa sabiendo que no va a volver, y lo que un día echamos de más, algún día lo echaremos de menos. 
Ya mis hijos han crecido, se han convertido en dos jóvenes adorables, inteligentes, buenos seres humanos, trabajadores… vivo orgullosa de ellos, son mi mayor logro pero extraño mucho a mis bebés, a esos niños risueños, alegres, que estaban prendidos a mí todo el tiempo, a veces hasta el punto de enloquecerme. Ahora que ya son adultos no se qué deparará el destino tanto para ellos como para mí.
Aún viven conmigo, pero ya no son niños y como adultos toman sus propias decisiones. En algún momento cogerán su camino y se alejarán de casa a formar sus propias familias. ¿Y qué haré? Pues solo pedir todos los días que Dios los proteja y que mis enseñanzas les sirvan para ir por buen camino, y que tengan conciencia de que mis brazos siempre estarán abiertos para que vengan cuando ellos lo necesiten, con la seguridad de que siempre encontrarán unos brazos amorosos para apoyarlos.
Pero cuando sigan creciendo y un día se marchen en mi vida ya nada será igual, porque como dije antes en ausencia de ellos la realidad pierde su magia. Tendré mucha paz a mí alrededor pero también tendré una casa sin vida. Y ya no esperaré con ansias que llegue nuevamente el día como hacia cuando en la noche ellos dormían, no, entonces mi vida estará pendiente de la puerta para verlos llegar.
Este es el sabor agridulce de ver a nuestros hijos crecer.



14 comentarios:

  1. Por fin apareciste, ya me estabas preocupando. En cuanto al tema los mios son aun pequeños, aunque ya no tanto, pero extraño muchascosas de las que dices de cuando eran muy pequeños. Pero creo que los hijos aunque crezcan yse hagan independientes siempre estarán conscientes del amor que les profesamos. Gracias por compartir tanto sentimiento. Besos para ti y un fuerte abrazo.

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  2. esta reflexión me tocó dentro y me inspira en esta lucha que tengo de soltar a mis hijos, sobre todo al menor que ya tiene 20 años y es muy rebelde. Siento que no pone la prioridad en sus estudios y entonces equivocadametne trato de controlar sus decisiones aunque entiendo que es hora de que él tome sus propias decisiones y asuma sus consecuencias. GRACIAS!

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  3. Amiga mía, te ha agarrado la nostalgia, tienes mucha razón en todo lo que dices pero cuando los hijos crecen tenemos muchas cosas por hacer y sobre todo disfrutar de nuestro tiempo, tu misma lo has dicho otras veces. Lo que pasa es que es cierto que uno hecha de menos esa etapa de su infancia, yo a veces añoro esos momentos cuando llegaba a casa muy cansado y los tres se abalanzaban sobre mi casi hasta el punto de tirarme al piso entre besos y exclamaciones de “papito por fin llegaste”. Pero la vida es asi y todo lo que sentimos cuando los vemos crecer fue lo mismo que sintieron nuestros padres y lo que sentiran ellos cuando tengan hijos ylos vean crecer. Un beso, cuidate mucho, linda.

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  4. q prontito pasa el tiempo, tienes razón. yo disfruto de mario todo lo q puedo. tengo esa suerte. lo máximo q me he separado de él han sido cuatro horas. ya tiene doce meses. se hacen grades en un plis. me da penita q se haga mayor por una parte, pero por otra me encanta ver sus avances. como camina, como intenta hablarme, como se sorprende de las cosas, cooomo me desorganiza los cajones, jajaja... un saludo

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  5. Tu me sigues encantando con esa pasión que hay en todo lo que haces… no puedo opinar sobre hijos porque lamentablemente no los tengo, pero he visto crecer y convertirse en mujer a mi sobrina y he sentido y extraño algunas cosas de las que dices, porque como crecio muy cerca de mi me toco vivir algunas de esas cosas maravillosas de los niños en su infancia y es cierto que se extrañan esos años tan lindos. Muchas veces has dicho lo orgullosa que estas de tus hijos y eso es en lo que tienes que pensar cuando te caiga esa nostalgia por su infancia. Mi encantadora amiga, la crianza y el amor que les has dado no habrá fuerza en el mundo que la opaque o que haga que la olviden. Tenlo por seguro. Un abrazo y un beso, cuidate mucho y no nos abandones por tanto tiempo.

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  6. Como quisiera poder practicar eso que lei de soltarlos y dejarlos ir, pero no puedo mi hijo se mueve en ambientes peligrosos, se pone en peligro porque su salir y exponerse es tan seguido y con la ciudad donde vivimos llena de inseguridad el anda correctamente pero el ambiente es mas peligroso por que hay mucha maldad en su entorno esta muy bonito el consejo que el texto nos da pero cuando los hijos en estas epocas crecen y por materialiadades buscan su progreso corriendo mucho peligro es imposble soltarlos.

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  7. Realmente por fin apareciste y mira que te lo venía diciendo....! Escribiste algo que ahora mismo me toca mucho, ojalá mi hijo fuera ahora un niño, ay!!! como extraño ese tiempo pero no puedo ser egoísta con ninguno de los dos y ahora a ambos les toca vivir sus vidas aunque a través de ellas yo sufra o sea feliz y es verdad, quizas algun día ya no vivan con nosotros y entonces estaremos pendientes del día en que nos visiten pero siempre estaremos felices de que ellos lo sean también y sean personas realizadas en todos los sentidos, entonces nosotros estaremos orgullosos de que en ese triunfo hay gran parte del empeño que pusimos al amarlos.

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  8. Con permiso de Rosabel voy a escribir algo que leí y me gustó y viene muy bien con el texto de hoy.

    "A mis hijos"
    Cambié mi vida, mi tiempo y mi forma de pensar por ti.
    Di mi alma y mis energías por sacarte adelante y enseñarte a vivir.
    Le pido a la vida que me permita vivir muchos años para acompañarte en lo dulce y en lo amargo.
    No puedo vivir tu vida, pero sí espero que la compartas conmigo.
    Te dí grandes alas para que puedas volar mas alto que yo, no quiero que seas como yo, quiero que seas mucho mejor.
    Que nada te detenga y logres tus objetivos.

    Lindo verdad???

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  9. Cary por fin apareciste tu tambien. Rosabel ultimamente se nos desaparece pero cuando ha aparecido tu no lo has hecho yo crei que definitivamente nos habias abandonado.

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  10. Me has hecho pensar en tantas cosas leyendo esto, yo no tengo hijos todavía pero te aseguro que me ha ayudado a entender mas a mi madre, estoy segura que ella pasa por los mismos sentimientos. Un beso amiga.

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  11. Cary me alegro que estes de vuelta, me habia extrañado estar tanto tiempo sin verte por aqui. no te pongas como Rosabel que nos deja en el olvido de vez en cuando, se que tiene motivos pero bueno los que esperamos por ella se nos va la vida..

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  12. Amigos Peter y Frank (y los demás) yo no me he perdido del blog e incluso he leido todo pero por motivos de trabajo he tenido que hacerlo desfasada del momento e incluso he puesto mi comentario.
    Espero volver a estar como siempre para poder compartir con ustedes, la familia del blog y me agrada mucho que se nos sumen amigos nuevos,eso es seña de que el blog goza de buena salud. Y les reitero mis queridos amigos yo también los extrañaba, un beso ciberespacial para los dos y nos vemos en el próximo comentario :-))

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  13. Hola, me siento muy identificada, tengo un bebe de 20 dias y un nene de 5 años recien cumplidos. Aunque todavia es chiquito y no me pasa aun, sufro porque siento que falta poco. Me pasa que para mi, mi primer hijo siempre lo vi como un bebe, nunca note su crecimiento. pero desde que tuve a mi segundo bebe, me di cuenta mirando a uno y mirando al otro, de como crecio el mayor, y me angustie mucho. yo se que es algo bueno que crezcan pero me pasa que quiero que sea para siempre inocente, que juegue que sea un niño. No quiero que crezca pero eso no es posible. Este es su ultimo año de jardin, el año que viene cuando empiece primer grado ya no va a ser tan pequeño.. me duele mucho. Trato de pensar cuanto tiempo mas me queda para disfrutar de esta etapa hermosa. Que el tiempo se detenga por Dios.. Tendre que superarlo

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    1. Si amiga tendrás que superarlo, todas pasamos por eso. Gracias por tu tiempo y por leerme. Un abrazo.

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