Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

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lunes, 15 de julio de 2019

CUMPLIENDO UNA PROMESA


Como les prometí hace poco, aquí les traigo el texto de Simone Seija Paseyro, escritora uruguaya. Un canto a la amistad entre mujeres. Disfrútenlo.

Cuando las cabezas de las Mujeres se juntan alrededor “del fuego”

“Alguien me dijo que no es casual… que desde siempre las elegimos.
Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, refunfuñan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el lugar donde jugábamos en la infancia, el salón de una casa, el corredor de una facultad, una cerveza en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “vente el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse.
Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada… y sin embargo… detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos.
Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos.
Amamos. Fuimos y somos amadas.
Dejamos y nos dejaron.
Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena.
Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir.
Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras.
Noches de miles de estrellas y noches desangeladas.
Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra.
Nos entregamos. Nos protegimos.
Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces… los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía.
Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.”
Simone Seija Paseyro

martes, 21 de mayo de 2019

¿DE QUÉ HABLAMOS LAS MUJERES?


¿De qué hablan las mujeres cuando se juntan? Esta es una de las preguntas que más me hacen mis amigos del sexo masculino. Muchos creen que nosotras en nuestros temas de conversación somos más reservadas que ello, pero eso no es más que un mito, porque en realidad nos caracterizamos por ser más abiertas a la hora de entablar algún tema con nuestras amigas.
Cuándo las mujeres estamos juntas, sobre todo si es entre amigas, tenemos la sutileza de expresarnos fácilmente sin temor a ser señaladas como vulgares o sin pelos en la lengua. Somos más explicitas al hablar de cualquier tema que los hombres, ellos muchas veces, prefieren callar, para no sentirse menos que nadie.
Por supuesto que al igual que la frase "cada pareja es un mundo", debemos asegurar que "cada grupo de amigas es un mundo". Por eso, ¿de qué hablamos las mujeres cuando nos juntamos? Es una pregunta para la que tengo mis propias respuestas, ya me contarán ustedes qué piensan… por lo pronto vamos a responderla de forma bastante general.
Cuando nos reunimos entre amigas lo primero de lo que hablamos es de los hombres, obvio ¿verdad? Pues claro, ¡cómo no! Es sin duda uno de nuestros temas estrella. Hablamos de hombres presentes, pasados y futuros. De hombres en general y en particular. Por supuesto, también de nuestros maridos. Hablar de hombres no deja de ser una forma de explicar cómo somos y cómo nos relacionamos las mujeres. Los hombres son el detonante de la intimidad femenina, por eso son los protagonistas en las largas tertulias de las mujeres cuando se reúnen con su grupo de amigas.
Y sí, también hablamos de sexo. Unas más tímidamente, otras con más desparpajo… y muchas veces hacemos bromas al respecto. Pero a diferencia de los hombres no lo hacemos para alardear, sino más bien para compartir nuestras experiencias y eso lo hacemos sólo con nuestras verdaderas amigas, con quien realmente nos sentimos en confianza.
Mis amigas y yo siempre lo hacemos de una forma muy general; nuestras intimidades con respecto a pareja las omitimos. Pero hablamos de sexo mucho más de lo que imaginan. Que resulta que además de ser entretenido, es bueno para la salud… los hombres quisieran, por unos minutos, estar de incognitos en el lugar donde se reúne un grupo de amigas.
Además hablamos de los hijos, de nuestros padres, de ropa, de perfumes, de comida, de libros, de películas… de infinidad de temas. Para luego volver sobre el tema de los hombres, de sus infidelidades, de lo que tenemos que soportar todo el tiempo. Claro no todo lo que hablamos de los hombres es malo, por supuesto, hay muchas cosas que son dignas de reconocer en muchos hombres y también lo hacemos en nuestras conversaciones. Al rato retomamos el tema de las cosas cotidianas para después volver a la carga y darle con los hombres otra vez.
Hablamos de nuestras relaciones, de la familia, de los aprendizajes que nos han brindado nuestras maternidades, de gente inspiradora, de decoración, de trabajo, de nuestras frustraciones pero también de deseos y aspiraciones, de manualidades y, por supuesto, de sentimientos. De crecer y mejorar, de hacer ejercicios, de no volver a enfadarnos, de esperanzas y sueños, de luchas y desafíos… en fin, la lista es interminable. Y, bueno, por supuesto, ¡también hablamos de mujeres!
Siempre esperamos que alguien nos diga si estamos haciendo bien o mal con respecto a algo. De estas conversaciones siempre sale algo bueno. Las mujeres en la actualidad hemos tomado conciencia de que no somos cualquier cosa, somos mujeres maravillosas, madres maravillosas, profesionales reconocidas en nuestros medios. La verdad es que esas reuniones con amigas son una manera de liberarnos y decir las cosas que sentimos.
Ya hablamos de nuestros problemas, de nuestros proyectos de vida, de todo lo que está pasando en el mundo, y ya no somos la típica mujer que solo hablaba con devoción del esposo y de los hijos… Hoy nuestros horizontes son más grandes, ya tenemos ganas de hablar de estudios, de avanzar en la vida, y eso es muy bueno.
Cuando pienso sobre este tema me quedo sorprendida de lo grande que es nuestro universo, de las mil cosas que tenemos para hablar aun cuando el centro de la mesa casi siempre sean los hombres.
Todas tenemos tantas responsabilidades en el trabajo y en la familia, que a veces no nos damos tiempo para salir con nuestras amigas. Reunirnos con ellas es más importante de lo que crees.
Compartir esos momentos nos desestresa y hace que olvidemos temporalmente nuestros problemas y el batallar diario de la vida. Nos libra de las tensiones y hasta nos hace observar la vida desde una perspectiva más optimista. Estas reuniones refuerzan los lazos de amistad porque compartir estos momentos crea un efecto de complicidad.
Pero al final, lo mejor de reunirnos con nuestras amigas es que… ¡nos reímos muchísimo! Reímos hasta que se nos saltan las lágrimas… y quedamos exhaustas y listas para empezar otra semana con todo.
Hay un texto que me encanta de la escritora uruguaya Simone Seija Paseyro que habla de este tema, aquí les dejo algunas de sus palabras:

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, refunfuñan, se conduelen.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

En otro momento les pongo el texto completo de Simone Seija para que lo disfruten, que está… ¡divino!

miércoles, 13 de febrero de 2019

Brindo por la amistad y las amigas como tú


El que tiene un verdadero amigo puede afirmar que posee dos almas.

Arturo Graf (1843-1913)
escritor italiano, de origen griego

Se acerca el día de la amistad y el amor. Esos dos sentimientos acompañan al hombre desde los inicios de la humanidad y lo acompañarán hasta el fin de la misma. Hoy le escribiré a la amistad y mañana dedicaré mis letras al amor.
Todos necesitamos a alguien en quien confiar, a quién llamar cuando las cosas se ponen difíciles, y también con quien compartir una buena película, unas copas y unas horas de diversión. Las amistades suelen comenzar de imprevisto, y muchas veces sin buscarlas. Vamos encontrándolas en el camino de la vida. Y todo comienza porque alguien “nos cae bien”. Sentirse a gusto con una persona, conversar y compartir sentimientos es el principio de eso que llamamos amistad.
Este año lamentablemente perdí la amistad de alguien que siempre he querido mucho, desde que era una niña, por su edad y por el cariño que nos unía, la consideraba como una hija. Nos parecemos mucho, no físicamente sino en la manera de ser y hasta en la forma de pensar. Pero el destino que es caprichoso nos puso en una encrucijada donde ella cometió el error de no hacer algo acordado de antemano y yo tratando de evitar un mal mayor hice lo que entendí que debía de hacer. Y ahí se desataron las malas interpretaciones y creo que el fin de nuestra amistad.
Me entristece y me causa dolor que nos hayamos alejado, quizás definitivamente. Así es la vida. Pero en mi corazón y en mi memoria vivirán por siempre no sus errores sino los buenos momentos que pasamos juntas, que fueron muchísimos a lo largo de los años. A pesar de la diferencia de edad tuvimos una linda amistad, donde siempre prevaleció el respeto, el cariño y la comprensión. Aunque no faltaron alguna que otra pelea por terceras personas porque en realidad nunca discutimos por un problema surgido entre nosotras. Siempre nos llevamos y nos entendimos muy bien.
No sólo me reía con ella, también conversábamos mucho de infinidad de cosas, y a pesar de su juventud en determinadas circunstancias hasta la admiré. Será una gran mujer. Yo no soy de las personas que por un error borra todo lo bueno así que desde lejos y en silencio seguiré sus pasos siempre deseándole lo mejor. Festejaré en privado sus logros y lloraré sus penas. Y si algún día me necesita ahí estaré con el mismo amor de siempre.
Quizás no debí escribir sobre esto, pero es algo que me duele mucho y siempre escribo lo que siento. Como todo ser humano tengo muchos sueños rotos y tantas espinas en el corazón que ya no sé ni cuando empezó el dolor. Por eso valoro tanto la amistad porque junto a mis amigos siempre soy feliz.
Volviendo a lo que es la amistad. La amistad es fusión sin confusión. No hay mayor riqueza que la verdadera amistad, es lo que se necesita para ser mejor, lo que le da a las pequeñas cosas esa esencia tan digna de un momento memorable. Sin un verdadero amigo el mundo sería absurdo y aburrido porque con ellos puedes reír, llorar o convertir un cuarto y un litro de licor barato en una fiesta. Es algo profundo y para siempre. Si tienes un amigo sincero cuídalo como un diamante y cultívalo como un árbol para que crezca fuerte y frondoso y bajo su sombra puedas descansar porque en la actualidad la verdadera amistad es tan escasa como el mismo el oro.
Entre los amigos debe existir algo en común y, sobre todo, estabilidad en el trato. Dice el refrán “Aficiones y caminos hacen amigos”. La amistad es cariño, un apreciarse que promueve un dar, un darse y para ello es necesario encontrarse y conversar. Con el tiempo, la amistad puede desarrollarse en profundidad y en extensión mediante el trato, el conocimiento y el afecto mutuos. Conocer bien a un amigo es saber de su historia pasada, de sus quehaceres actuales y de sus planes futuros; de sus convicciones; de sus gustos y aficiones, de sus defectos y virtudes. No basta con caerse bien, hay que ayudarse desinteresadamente, sin esperar nada a cambio. No es amigo el que busca aprovecharse del otro. La amistad no es comercio de beneficios. La verdadera amistad es, en gran medida, servicio afectuoso y desinteresado.
La amistad no se conquista ni se impone, se cultiva como las flores, se alimenta de pequeños detalles, respeto y lealtad. Los amigos son joyas raras, pueden hacerte enojar y sonreír, aprenden a escuchar, abren su corazón para nosotros. La amistad es tan importante para el desarrollo humano, su estabilidad y el mejoramiento de la sociedad que es un verdadero valor, que debemos cuidar y fomentar.
Es fácil decir la palabra amigo pero difícil que alguien se la merezca. También es fácil ocupar la lista de una libreta de teléfonos, pero es muy difícil ocupar el corazón de una persona. Por ello, si encuentras a un verdadero amigo, valóralo, porque los amigos son alegría de nuestro corazón, la luz que en algún momento necesitamos para darnos cuenta que nos equivocamos, y que en este mundo nunca estamos solos. Y otra cosa muy importante la confianza mutua hace posible la autenticidad. Ser amigo de verdad no es fácil, pero vale la pena el esfuerzo.
La amistad es una necesidad vital; como hacer ejercicio o comer, es algo que tenemos que vivir y asir, es un vínculo sagrado y esencial. Por eso tenemos que saber valorarla, y encontrar espacios para fomentarla y enriquecerla. Cuando esa relación es sincera a través de ella podemos recuperar nuestra verdadera razón de ser. Compartir con amigas es terapéutico. No podemos dejar que los estudios, el trabajo, nuestra pareja o los hijos nos alejen definitivamente de una verdadera amiga.
Es ella y no otra, la que encuentra las palabras justas para hacernos desistir de nuestra intención de querer “asesinar” a alguien. La que hace funciones de árbitro cuando nuestros hijos nos hacen perder la paciencia y en un frenético descontrol queremos “matarlos”. En esa amiga del alma depositamos los más íntimos secretos, miedos y tabúes porque sabemos que se irán con ella a la tumba. Esa confianza es la que construye una relación que sobrevive a todo.
Esa amiga es nuestro par. Y en esta cofradía de hermanas-amigas nos cuidamos y somos cuidadas, nos curamos cualquier herida, nos divertimos, hay cosas que son más divertidas de hacer con las amigas… y todas estamos de acuerdo en que hay otras que solamente se pueden hacer entre amigas… ¿no es cierto?
AMIGA, tan solo cinco letras que con sinceridad encierran un universo. La amistad es el ingrediente más importante en la receta de la vida. Con una amiga puedes pensar en voz alta, ella lo sabe todo de ti. Es quien te hace reír sin cesar, te hace creer que en el mundo existen realmente cosas buenas, que te convence de que siempre hay una puerta lista para que tú la abras. Esa es una amistad eterna... Cuando estás triste levanta tu ánimo, te ayuda en los momentos difíciles y de confusión. Si te alejas te sigue, si pierdes el camino te guía, te lleva de la mano y te dice que todo va a salir bien.
Esas amigas son las que entran en tu casa y van directas al refrigerador porque se están muriendo de sed. Después te dan un beso y tranquilamente cogen la cafetera para hacer un café y mientras esperan se sientan a escuchar música porque están muy cansadas por todo lo que han caminado. Ellas sufren tus desamores igual o más que tú, aguantan tus sermones, tus días aburridos y hasta cuando le robas las papas fritas. Más de una vez serán tu mejor refugio, harán que te levantes mil veces y, les cueste lo que les cueste, te sacarán una sonrisa. Su casa será tu segunda casa y su armario el tuyo. Y son el abrazo más sincero cuando las cosas no salen como una espera.
Brindemos por las amigas que nunca dejan de reírse de los errores, de las que se ríen antes de que abras la boca y de las que se inventan cualquier historia para hacerte reír. Por las que te alegran la vida sin darse cuenta de que lo hacen. Por la loca, la razonable, la que no sabe andar en tacones, la que se las bebe de tres en tres, la obsesionada con tomar el sol y la que no se pierde ni una. Por las que hablan de las otras con orgullo y las defienden aunque no tengan razón. Por las que saben perdonarse con un abrazo, por las que siempre recuerdan las mismas anécdotas y salen por los mismos lugares. Porque a todas les une un hecho tan simple como ser amigas sin haberlo planeado. Por las que más que amigas, llegan a ser hermanas y se quieren como tales.
Yo tengo la suerte de tener una amiga así. Conoce mis sueños, mis proyectos, mis secretos más profundos. No me juzga, aunque no esté de acuerdo con mis decisiones. Una amiga, como ella, hace que el peso de los problemas o de la angustia se divida y sea más llevadero. Nuestras risas nos contagian, nuestros abrazos nos contienen, nuestra amistad nos hace únicas. Es una persona con mucho corazón, con sentimientos nobles, es divertida, sincera, alegre, siempre dispuesta a ayudar a los demás. Es una persona dulce y generosa, tiene un corazón enorme donde yo encontré un lugar. Las mejores amigas oyen hasta lo que no dices ¿verdad?
Sé que estás leyendo esto y quiero que sepas lo que nunca te digo. Tu amistad me llena de orgullo. Tú eres una persona especial y siempre estás conmigo, lo mismo cuando mi vida reboza de alegría que cuando mi corazón está herido. Eres el pañuelo que seca mis lágrimas de desventura o de alegría. No nos une un lazo de sangre, pero si un solo corazón.
Reímos, somos confidentes, cómplices, hermanas. Si crees que algo va mal conmigo sales de tu casa en busca de mi sonrisa que no sabes por qué se apagó. Eres capaz de coger mi mano para calmar mi desaliento y llorar conmigo sintiendo mi quebranto... Tú me has dado el más preciado de los tesoros: tu corazón y el más bello de los regalos: tu amistad.
Gracias por acompañarme tantas veces, por regalarme con tu presencia esas horas de alegría que tan rápido pasan estando en tu compañía, por todo lo que hemos compartido, sueños, anhelos, secretos, risas y lágrimas… por demostrar tu preocupación por mí en innumerables ocasiones y sobre todo por mostrarme tu afecto… Nunca podré expresarte todo el cariño que te tengo, además sabes que no soy buena para esas cosas. Quiero que esta amistad nunca termine y te aseguro que cada preciado segundo que hemos pasado juntas quedará atesorado eternamente en mi corazón. Nunca recibí tanto ni le di tanto a nadie.
Me conoces mejor que nadie y me has enseñado mucho más de lo que crees, por eso nunca he dejado ni dejaré de estar a tu lado. Verte es un regalo, tenerte a mi lado es una bendición, tu presencia me llena de alegría, tu brazo me llena de consuelo y me das la fuerza que produce la confianza para seguir luchando contra las adversidades de la vida. Soy feliz con tus charlas y tus risas, pero soy aún más feliz cuando me haces sentir importante para ti, cuando dices: "estoy aquí contigo ahora y siempre”. Tú eres capaz de hacerme reír cuando solo quiero llorar.
Muchas veces las palabras no son necesarias para nosotras, nos hablamos con un abrazo y nos comprendemos solo una mirada. Nuestra amistad es más firme que los contratiempos. Siempre serás mi mejor amiga en las buenas y en las malas. Significas mucho para mí, tu opinión es más importante que la de la mayoría de las personas que conozco. Nosotras somos quizás un poco locas, pero estoy segura de que amigas como nosotras son difíciles de encontrar.
No es la primera vez que le escribo a nuestra amistad, pero después de tanto tiempo sin hacerlo, después de tantas cosas que hemos pasado en los últimos tiempos, no podía dejar de escribir hoy para ti, mi querida amiga. Gracias por ser parte de mi vida y por permitirme ser parte de la tuya. Gracias por existir. Nunca cambies. Tienes varias amigas, tendrás muchas más, pero ninguna como la que firma estas letras. Ojalá la vida nunca nos separe, te quiero hermanita.

martes, 8 de mayo de 2018

UNA MUJER QUE GRITA ¡SOCORRO!


Hace unos meses me encontré con una amiga que hacía varios años no veía. Después del saludo y la alegría de volvernos a encontrar nos sentamos a conversar. Todo fluyo normal, con las clásicas preguntas de ¿cómo te ha ido?, ¿qué hacen los muchachos?, ¿y tu marido?… Nosotras siempre nos llevamos bien y confiábamos una en la otra, por lo que nos contábamos muchas cosas, y eso a pesar del tiempo no cambió, porque después de un rato hablando, muy apesadumbrada me dijo que no estaba conforme con su vida, que ya no se reconocía. Eso me preocupó y mientras siguió hablando la observé detenidamente y realmente no parecía la misma persona. Continuamos conversando y me dijo que estaba aplastada por la rutina del día a día. Que ella toda la vida se había levantado con una sonrisa y prometiéndose que el día sería mejor que el anterior y que ya no sabe desde cuándo no es así.
Yo me sentía consternada por lo que estaba escuchando. Cabizbaja continuó diciendo que con sus 48 años se siente de 90, que dejó de luchar por sus sueños hace años, que no recuerda ni siquiera en qué momento ocurrió. Que en los últimos años siempre ha estado desesperada por el tiempo porque no le alcanza para todo lo que tiene que hacer y por eso comenzó a dejar de hacer cosas que le gustaban. Primero dejó de ir a la peluquería, después dejó de hacer ejercicios, dice que no sabe qué tiempo hace que no se sienta a leer un libro (algo que le apasionaba), también dejó de reunirse con sus amigas para charlar, pasear o simplemente beberse una cerveza entre risas, en fin, dejó de hacer innumerables cosas que le encantaban y le daban felicidad. El dinero lo emplea solo en las cosas de la casa y en los eventos familiares, y todo su tiempo también.
Yo no pude escuchar más. Perdí la paciencia, me levanté y le dije casi a gritos “¡Qué te pasa! Porque de vez en cuando te tomes un tiempo para ti, para hacer lo que te gusta, para reunirte con tus amigas, para leer un libro, para lo que se te ocurra no significa que los desatiendes ni que los quieres menos, y la casa tampoco puede llevarse todo tu tiempo porque le saques un poco el pie no se va a venir abajo. Tus hijos y tu marido tienen que entenderlo, ellos saben que los amas más que a nada y abusan, pero ¿cómo te pueden valorar si tú no te valoras a ti misma?”
Callé de repente temiendo haber lastimado sus sentimientos, pero con la certeza de que había dicho lo que debía. La rabia me roía por dentro. Hace muchos años la conozco y es cierto que no es la sombra de lo que era antes. Es cierto que con la adultez vienen también otras obligaciones, el trabajo, la casa, los hijos. Queremos cumplir con todo y lo hacemos. El trabajo porque es nuestra realización personal o simplemente por razones económicas y la familia porque es tan importante en nuestra vida y los queremos tanto que nos parece poco todo lo que hacemos por ellos.
A nosotras se nos va la mano en facilitarles la vida. Queremos darles tanto y que no pasen trabajo que en nuestro día a día solo empieza a haber espacio para sus necesidades y vamos dejando de lado las nuestras. Los hijos comienzan a abusar y se vuelven egoístas, sólo les importa lo que quieren y necesitan. Dejan de valorar a esa persona que les dio la vida y que está dispuesta a sacrificarlo todo por ellos. Y con la pareja pasa lo mismo, como también está inmersa en su trabajo lo único que le preocupa es llegar a casa y que todo esté en orden y que los muchachos tengan todo lo que necesitan. También se le olvida que la persona que trabaja, limpia, lava, cocina, cuida de los hijos, atiende las tareas, en fin, esa persona que les hace la vida cómoda y llevadera, tiene derecho a tener un poquito de tiempo para ella. Y no se dan cuenta cómo se va marchitando a su lado, que ya no es la misma persona de la que se enamoró sencillamente porque ya no tiene vida propia vive en función de toda la familia.
Pasó un largo rato sin que ninguna de las dos dijera una palabra.
Luego continuó diciendo que yo tenía razón que ya no la consideraban y que ella misma se lo había buscado. Que su marido muchas veces ni se molestaba en decirle que tenía una reunión y que iba a llegar un poco más tarde. Que su hijo de 14 años no la obedecía; el de 18 años decía que era ridícula y que la hija de 16 años sólo la busca cuando necesitaba algo. Todo el tiempo eran solicitudes de sus deseos y quejas de lo que no había podido hacer. Que ya ella no podía más porque no reconocía en ella a la mujer que siempre fue llena de sueños, de ilusiones, alegre… Ya no era la que sonreía sin razón, que contaba chistes para hacer reír a los demás, que todo el día cantaba aunque no tuviera talento, que hablaba sin miedo, que se sentía hermosa, feliz, que compartía con sus amigas, que se pasaba horas leyendo un buen libro… sus alegría y momentos de felicidad ahora se habían suscrito sólo a los momentos en que ellos eran felices y se sentían complacidos. Que ninguno de ellos notaba que allí había una mujer que en su interior gritaba: ¡Socorro!
Ambas volvimos a quedar en silencio. Al rato le dije que ella tenía que cambiar y reconsiderar algunas cosas porque de la manera en que estaba no era feliz. Y para poder seguir amando a su familia y dedicándole su vida, lo primero que necesitaba era sentirse bien consigo misma, volver a ser una mujer feliz, sin sentirse presionada por todo y por todos. Estuvo de acuerdo y me dijo que iba a cambiar algunas cosas en su vida, que ya lo había decidido porque ella amaba a su familia pero no podía seguir sin existir.
Ha pasado algún tiempo, hemos hablado en ocasiones por teléfono y hace una semana la volví a ver y les juro que la mujer que vi ante mí era muy diferente a la de aquel día. Había un brillo distinto en sus ojos, solo me abrazo y me dijo que ahora era muy feliz, que su trabajo le costó pero que al final todos entendieron que necesitaban cooperar en la casa para que ella pudiera tener un tiempo para ella. Y que desde entonces todo funciona sobre ruedas ella ha vuelto a la peluquería, a hacer ejercicios en casa, a pasar el domingo unas horas con sus amigas, a tomarse unas horas para leer un libro…
Amigas, si se han visto reflejadas en estas líneas, mírense en un espejo y díganse a sí mismas a quien ven. Si de pronto se encuentran añorando a la mujer que fueron antes y sienten que la fueron sepultando lentamente, simplemente pregúntense: ¿Les gusta esta mujer que ven o añoran volver a ser la que eran antes? Nunca es tarde para cambiar; tarde sería si mueres.
Cuando formamos una familia, nos adentramos a un mundo lleno de responsabilidades. La pareja, los hijos... El gato, el perro... La casa, las compras, el trabajo, la limpieza, las camas bien tendidas, el orden... Podemos ocuparnos de todo, pero entre una cosa y la otra también dedicarnos un tiempo para nosotras. Está bien ser mujeres responsables, pero no en exceso. Al menos no tanto que nos acabemos perdiendo nosotras mismas. Recuerda que te olvidas de ti misma cuando todo el mundo es más importante que tú: “no importa qué necesites, qué desees, qué quieras, los demás están primero”.
A veces nos convertimos en una mujer que se mueve con amor, con sensibilidad, con vocación, pero que dejó lentamente que todo la supere; y se quedó allí, en ese lugar, viendo pasar la vida de los otros, que se olvidó de sí misma. Y lo más triste es que los que amamos y por quien lo hacemos y sacrificamos todo, ni siquiera lo notan.
Reconocemos que ya no somos las mismas y añoramos a esa mujer que perdía horas arreglándose el cabello y que usaba mascarillas para lucir espléndidas, maquillajes intensos que mostraban a una mujer sensual y atractiva, escotes, pantalones ceñidos, tacones que endurecían nuestras piernas al andar... pero de pronto un día nos encontramos recordando a aquella mujer y sentimos que la fuimos sepultando lentamente. Presenciamos su lenta agonía y no hicimos nada para revivirla.
Tenemos que traer de vuelta a esa mujer y hacer que diga: ¡¡Presente!! Todos los días. Que haga sentir que ella importa y eso no significa ser egoísta... Intentemos recuperar a esa mujer bella que nos hacía sentir seguras, desterremos las culpas y si el desayuno, el almuerzo, la merienda o la cena se demoran un poquito porque estamos poniéndonos lindas, pensemos que ese cuidado de nosotras mismas, esa dedicación, ese amor serán la medicina mágica que hará que nuestra autoestima crezca. Si nuestra autoestima no está bien, nada está bien en nuestra vida, y por ello dejamos que otros nos desvaloricen o nos desprecien.
Para amar a los demás, primero tienes que amarte a ti misma, nuestra persona refleja quienes somos y no depende si tengo un vestido caro o el pantalón de moda, la verdadera esencia se trasmite desde nuestra alma... de hoy en adelante te invito a quererte un poco más, tomate unos minutos para ti, ¡TE LO MERECES!!!... Haz lo que te gusta, lo que te motiva, lo que te hace feliz y de esa manera te levantaras con más ánimo, con más ganas, con una sonrisa cálida, con ilusiones como antes...
A partir de hoy, todos los días párate ante un espejo y di: Sí… Tengo otro amor que me llena completamente… Y ese amor soy yo.
Amigas nunca olviden que nadie nos amará ni nos valorará, si no nos amamos y valoramos nosotras mismas. Esa familia a la que tanto amamos y que le damos lo mejor de nosotras, nos verá con otros ojos, nos considerará y respetará más cuando vea que además de atenderlos y cuidarlos también somos capaces de tener nuestro propio espacio.
Dejarán su egoísmo para valorarnos y amarnos mucho más. Y solo entonces seremos verdaderamente felices y capaces de dar más amor.

lunes, 22 de enero de 2018

Un tesoro inigualable: la amistad

Alguien dijo que la amistad es como una llave de cristal: abre las puertas de la compañía y cierra las de la soledad. Pero si esta llave se rompe, nadie podrá arreglarla.
María Duval
La Amistad es uno de los sentimientos más nobles, dignos y elevados de la humanidad. Es una forma de expresión del Amor que reina en el corazón de los seres humanos. Además de proporcionar a quienes la practican desinteresadamente, las mayores satisfacciones durante su existencia, les da en cierta forma la inmortalidad, haciéndolos vivir después de la muerte, en el recuerdo de quienes disfrutaron de la misma.
Siempre se ha dicho “quien tiene un amigo tiene un tesoro”, y es cierto. Los que tenemos la inmensa fortuna de disfrutar de nuestros amigos somos inmensamente ricos, porque la amistad sincera es una de las cosas más lindas que existen. Es agradable sentirlos presentes cuando tenemos ganas de llorar, de reír, de gozar un poco más de nuestras vidas. Es buenísimo ver que cuando nos vamos lejos ellos intentan localizarnos, para saber cómo estamos o simplemente para decirnos la falta que les hacemos.
Es tan importante saber que cuando quieren hablar con alguien y contarles sus mayores penas nos buscan a nosotros, porque nos tienen confianza y sienten que además de escucharlos y comprenderlos, los ayudaremos. Qué felicidad sentimos cuando cumplimos años y vemos que no se olvidaron porque nos llaman o se aparecen en casa para desearnos un feliz cumpleaños y deseos de que cumplamos muchos más.
Sin embargo, no debemos olvidar que ninguna relación puede funcionar si no aceptamos a las personas como realmente son. Todos tenemos defectos. Cuando una persona nos brinda su confianza y afecto debemos ver lo positivo que hay en ella y aceptarla con sus defectos, que son muchos al igual que los nuestros. Muchas de las grandes amistades que han existido se han formado entre personas totalmente diferentes tanto en carácter como en pensamiento, y muy diferentes entre sí. La verdadera amistad consiste en armonizar nuestras diferencias y apreciar más a fondo lo mejor de nuestros amigos, aceptando aquello que no es placentero, pero que forma parte de su carácter y personalidad.
El ensayista, novelista y poeta libanés, Khalil Gibran dijo: "Tu amigo es la respuesta a tus necesidades. Él es el campo que plantas con amor y cosechas con agradecimiento. Él es tu mesa y tu hogar. Porque vas hacia él con tu hambre y lo buscas con sed de Paz… Y no permitas más propósito en la Amistad, que el ahondamiento del espíritu. Y has que lo mejor de ti sea para tu amigo… deja que haya risas y placeres compartidos. Porque en el rocío de las cosas pequeñas, el corazón encuentra su mañana y se refresca."
Tu amigo es aquel que siendo leal y sincero, te comprende; el que te acepta como eres y tiene fe en ti, el que sin envidia reconoce tus valores, aquel que te estima y elogia sin adularte; el que te ayuda desinteresadamente y no abusa de tu bondad; el que con sabios consejos te ayuda a construir y pulir tu personalidad; el que goza con las alegrías que llegan a tu corazón.
La lealtad es quizás la característica, por excelencia, de una buena amistad. Algunas veces la vida agitada que tenemos no nos permite ver a los amigos con la frecuencia que quisiéramos. Pero llamarlos aunque sea para saludarlos y saber cómo están es una forma de lealtad. Quizás la forma clásica de demostrarla es impedir a toda costa que otras personas hablen mal de nuestros amigos, cuando no están presentes y no se pueden defender de ese ataque. También se demuestra estando con nuestros amigos en las buenas y en las malas. Especialmente si están enfermos.
Tu amigo, es el que sin penetrar en tu intimidad, trata de conocer tu dificultad para ayudarte; el que sin herirte, te aclara lo que entendiste mal o te saca del error; el que levanta tu ánimo cuando está caído; el que con cuidados y atenciones quiere menguar el dolor de tu enfermedad; el que te perdona con generosidad, olvidando tu ofensa. El que ve en ti un ser humano con alegrías, esperanzas, debilidades y luchas. Ese es el amigo verdadero.
Es alguien que piensa en ti, que te escucha y te enseña cosas buenas y siempre tiene tiempo para convivir. Si hieres a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás vuelva a ser igual… Si encuentras un verdadero amigo cuídalo para que lo conserves y si ocurre alguna desavenencia conversen para limar asperezas y vuelvan a comprenderse. Es necesario dejar la tozudez y el orgullo a un lado porque pueden llevarte a perder un tesoro inigualable. El poeta, ensayista y biógrafo inglés, Samuel Johnson dijo: “Dejar que una amistad muera por negligencia o por silencio es una locura comparable a arrojar lejos uno de los mayores tesoros de este cansado peregrinaje”.
Hay amigos eternos, amigos que se eligen y amigos que se adoptan. Están los amigos del alma, del corazón, de la sangre. Amigos que son más que amigos que son hermanos. Los que trascienden tiempo y espacio, los telepáticos, los que sabemos siempre están aún sin verlos, y sentimos permanentes. Amigos de sueños infinitos y tertulias interminables. Amigos de esta locura cuerda que es transitar por la vida agarrados de nuestras sombras. Y son indispensables.
En una verdadera amistad no hay interés material, el único interés que prevalece es el que se tiene por la persona misma, por disfrutar de su compañía sin importar si son ricos o pobres, si te pueden dar algo o no. Los verdaderos y auténticos amigos tienen la capacidad de entender y compartir las emociones en sí mismas, pero sin hacer juicios. Cualquier alegría es mucho más grande, cuando se comparte con alguien; cualquier tristeza es más llevadera cuando se puede descargar en un amigo. La amistad verdadera es un parentesco sin sangre. Ese amigo nace del corazón...
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas… Los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
Por eso hoy, deseo aprovechar mi tiempo para decirle a mis verdaderos amigos lo mucho que los recuerdo, los extraño, los aprecio y los valoro. Hablo de esos que me abrieron sus brazos y su corazón, de los que me regalaron su tiempo y su comprensión, de los que me “tiraron de las orejas” cuando me veían flaquear, de los que no tienen ni idea de lo mucho que me dieron cuando me dieron su amistad.
Especialmente a ti hermanita. Siempre plasmaré en mis pensamientos los instantes compartidos y seguiré a través del tiempo, recordando esos momentos. La sonrisa contagiosa, el comentario divertido… Cuando estamos juntas no sentimos el cansancio, ni el desvelo cotidiano, borramos los pesimismos y disfrutamos de nuestra compañía sin las poses del egoísmo. Nunca me cansaré de darte las gracias por tantos momentos lindos, por tu bondad, por tu apoyo incondicional, por tu cariño. Siempre te llevo conmigo, como un tesoro invaluable.
Hemos compartido alegrías, tristezas, desvelos, angustias, pesadillas, motivaciones, triunfos... todo eso y más. El cariño y la comprensión entre nosotras es tan real y verdadera que aunque estemos lejos físicamente estamos muy cerca en nuestras mentes y corazón, tanto que te siento a mi vera día a día... y eso te lo agradeceré eternamente.
Jamás olvidaré el día que nos conocimos. El destino nos reunió y no se equivocó. Esta amistad que nos une por decreto del destino será así por siempre, y lo creo con certeza porque hemos pasados momentos muy duros juntas y nos ha tocado pasar por situaciones que si nuestra amistad no fuera tan firme se hubiera desmoronado con algunas de ellas... por eso creo que estaremos unidas eternamente porque tenemos un lazo muy difícil de romper. Gracias por tu hermosa amistad... siempre te admiraré, por tu valentía y fortaleza ante la vida, por la bondad y cariño que profesas a todos, por el gran ser humano que eres.
La amistad es un fruto mágico que se cultiva en el corazón de los seres humanos. Y gracias a DIOS el corazón no conoce de geografía… A todos, ¡gracias, muchas gracias! Hoy quería aprovechar sabiamente mi tiempo para expresar esto. ¿Por qué? Porque en la vida hay que expresar los sentimientos cuando las personas están para escucharlos. Alguien dijo: “El hombre se hace viejo muy pronto y sabio demasiado tarde”. Justamente cuando: Ya no hay tiempo.
Y no quiero que eso me pase a mí, lo de llegar a vieja sí, pero también ir teniendo un poquito de sabiduría mientras hay tiempo.

“Si la amistad desapareciera de la vida, sería lo mismo que si se apagara el sol, porque nada mejor ni más deleitoso hemos recibido de los dioses inmortales”.

Cicerón

miércoles, 2 de marzo de 2016

Un amigo cubano

La amistad es un valor universal. Está claro que difícilmente podemos sobrevivir en la soledad y el aislamiento, por eso necesitamos y disfrutamos de los amigos. La amistad es uno de los más grandes tesoros que podemos obtener en la vida. Para mí, amistad significa dar sin esperar nada a cambio. Esta frase puede parecer muy trillada, pero la utilizo porque Un amigo es aquel que conoce tus circunstancias. Por tanto, en cuanto tienes algún problema, acude en tu ayuda sin que le llames.
La amistad implica una enorme (en magnitudes desmedidas) confianza, nace de la fe que hay entre dos personas. Es sublime la confianza profunda que llega a existir entre dos amigos verdaderos. Ese es uno de los más fuertes pilares que sostienen una Amistad. El amigo debe querer el bien del amigo no con palabras sino concretamente (con hechos), debe acompañarlo en los momentos de necesidad. En la Amistad no se puede engañar ni hacer el mal, hay que saber cuáles son las virtudes del otro y valorarlas.
La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido, por eso si tienes un/a amigo/a cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalo/a a tu alma con ganchos de acero.
Las amistades son hechas de pedacitos… pedacitos de tiempo que vivimos con cada persona, algunas amistades son hechas de risas y dolores compartidos, otras de salidas, diversiones… y están aquellas que nacen de silencios compartidos o de simpatía mutua sin explicación….
Un amigo es esa persona que te hace reír, que te hace creer y sentir que en el mundo hay realmente cosas buenas, que te convence de que hay una puerta lista para que tú la abras, que cuando estás triste levanta tu ánimo y hace que el mundo de repente parezca brillante y pleno, que te ayuda en los momentos difíciles y de gran confusión, y si pierdes el camino se ocupa de guiarte y alegrarte. Por eso la felicidad del amigo nos da alegría y sus penas se vuelven nuestras, porque hay un maravilloso lazo invisible que nos une. La soledad no existe para el que tiene un amigo.
Las amistades verdaderas no se encuentran en cada esquina, sino en la esquina del corazón. Sin los verdaderos amigos no podríamos vivir porque no tendríamos con quien reír o con quien llorar, a quien criticar o a quien abrazar, la vida no sería igual sin ellos. Y si esos amigos son cubanos entonces son tan genuinos como dice un amigo mío. Les garantizo que es así. Aquí les dejo el texto, disfrútenlo.

“Hay algunas diferencias entre un amigo cualquiera y un amigo cubano… de los auténticos…
Un amigo cualquiera es alguien que nunca te pide comida. Un amigo cubano es la razón por la que organizas una comida.
Un amigo cualquiera te pregunta cómo estás. Un amigo cubano te dice que te ves bien, te abraza y te besa.
Un amigo cualquiera llama a tus padres señor y señora. Un amigo cubano llama a tus padres "mi viejo" y "mi vieja”.
Un amigo cualquiera nunca te ha visto llorar. Un amigo cubano ha llorado contigo por cualquier cosa.
Un amigo cualquiera te ofrece el sofá para que duermas. Un amigo cubano te da su cama, se acuesta en el suelo... y no te deja dormir en toda la puñetera noche conversando contigo.
Un amigo cualquiera espera que le brindes café. Un amigo cubano, te lo pide, pasa a la cocina, monta la cafetera y... hasta le pide azúcar a la vecina si no tienes.
Un amigo cualquiera te ofrece medicinas si estás enfermo. Un amigo cubano te hace una sopa de pollo, y te obliga a tomártela junto con los remedios de su abuela.
Un amigo cualquiera te manda flores con una tarjeta cuando estás ingresado en el hospital. Un amigo cubano se queda en el hospital a cuidarte en una silla a tu lado.
Un amigo cualquiera toca a tu puerta para que le abras. Un amigo cubano entra y después te dice: ¡estoy aquí!
Un amigo cualquiera es por un tiempo. Un amigo cubano (auténtico) es para siempre.
Ese soy yo tu amigo cubano”.


Yo he vivido todo eso. Y realmente los cubanos somos así, increíbles para muchos, pero esa es la pura verdad. Si lo sabré yo que también soy tu amiga cubana. Si quieren pregúntenle a Cary.

lunes, 25 de enero de 2016

Brindo por la amistad

“Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”.
Ralph Waldo Emerson (1803-1882)
poeta y ensayista estadounidense

La amistad es la manifestación de sentimientos y valores hacia una persona con la que coincidimos en intereses, ideales, objetivos y valores. Es poderse comunicar en cualquier momento con la persona amiga a sabiendas que siempre encontraremos respuesta a nuestras inquietudes o preguntas. Los amigos nos traen calor y luz con el brillo de su presencia, nos hacen tomar conciencia de que no estamos solos y ellos consiguen llegar hasta nuestra alma… son un presente de Dios.
En nuestro paso por este mundo conocemos muchas personas y cada una de ellas viene a cumplir un papel en nuestra vida. Todas quedan en nuestra memoria, por un motivo u otro, bueno o malo. Sin embargo, hay algunas muy especiales que te demuestran que aunque pase el tiempo ciertas cosas nunca cambian. Me refiero a esa amiga-hermana. Esa auténtica Amistad implica una comunicación sin fronteras, una comunicación profunda, en donde se respetan los sentimientos mutuamente y, al mismo tiempo, nos podemos abrir y decir todo lo que sentimos. Es por ello que hablar con una amiga resulta tan reconfortante para nuestra alma. La comunicación profunda que existe entre amigas es la que permite “conocernos tan bien” y ese conocimiento tiene sus privilegios y concesiones. Es lo que nos ubica como distinguidas en la vida de otra persona.
Esa con quien andas por todos lados, que te da consejos, que te hace reír mucho, esa a quien le cuentas todo y con quien sientes que eres entendida, esa con quien compartiste la cama en un viaje y no te dejo dormir en toda la noche haciendo cuentos y haciéndote morir de la risa, esa que pasa contigo los momentos más difíciles de tu vida, esa que te llama a toda hora para saber como te sientes y que haces, esa que te abraza en silencio y te siente llorar, esa que te cura con sus palabras y cariño las heridas que otros te hacen, esa que escucha cuando estás enamorada y con quien pasas horas hablando del mismo tema, esa que pide a Dios por ti en sus oraciones, esa que es capaz de entender cuando la dejas plantada por estar con tu enamorado, esa que te dio el consejo correcto pero no la escuchaste, esa que paga las cuentas por ti cuando estás “bruja”, esa que es una buena compañía hasta cuando el plan es ”no hacer nada”… esa es tu mejor amiga, tu hermana. Esa es la persona que te demuestra que la amistad sí existe.

Una verdadera amiga puedes pasarte días sin hablar con ella, incluso sin verla pero más de una vez será tu mejor refugio, la que hará que te levantes mil veces y, les cueste lo que les cueste, te sacarán una sonrisa. Su casa será tu segunda casa y su armario el tuyo. Y son el abrazo más sincero cuando las cosas no salen como una espera.
Insisto, la Amistad sí existe, sólo que tú debes encontrarla (y ser) una auténtica amiga y no vivir engañada con el maquillaje de lo que aparenta esa autenticidad, ya sea en ti o en la otra persona. Ahora recuerdo esa cita de J. Collins, crítico literario inglés, cuando afirmó: “En la prosperidad nuestros amigos nos conocen; en la adversidad nosotros conocemos a nuestros amigos”. Si tenemos verdaderos amigos jamás estaremos solos, en ninguna situación porque sus simples palabras nos darán confianza y nos harán sentir el cariño que nos profesan. A un amigo no se le mira ni por encima ni por debajo del hombro a un amigo se le mira a los ojos. Todo el mundo quiere tener un amigo pero nadie procura serlo.
Por cosas que me pasaron, durante mucho tiempo estuve dudando si realmente existía la amistad verdadera, de hecho dejé de creer en la amistad. Hasta que conocí a la que hoy ya no es mi amiga, es mi hermana. Llegó en un momento en necesitaba esa amiga que me hiciera reír, que me acompañara en todos los momentos, los lindos y los feos, que me escuchara y me entendiera, que me quisiera de una manera tan especial como sé que ella me quiere.
Llevo once años junto a ti, hermanita. Once años yendo a cada cumpleaños, estando en cada mal momento y gritando contigo en cada bueno. Estás en muchísimos de los recuerdos que mi mente atesora con cariño. Me conoces como nadie jamás lo ha hecho, te conozco como tú nunca has dejado a nadie hacerlo. Me has hecho pasar muchos de los mejores momentos de mi vida en estos años. Y en ellos también aprendí que prefería defenderte ante todo y todos que alejarme de tu lado.
Estoy segura que algún día ambas seremos suficientemente fuertes para reír por todo aquello que lloramos. Nunca me he unido a alguien de esta forma. Eres el mayor apoyo que puedo tener. Algunas veces me has dicho que estas en deuda conmigo, pero yo no podré agradecerte nunca la amistad que ambas creamos.
Cuando te conocí pensé algún día seríamos grandes amigas. Yo lo supe y el destino nos unió un tiempo después. Cuando he llorado en silencio tu has visto las lágrimas y cuando tu has necesitado un abrazo yo he estado ya allí antes siquiera de que lo pidieras. Estamos unidas por algo tan fuerte como invisible, y no puedo obviar un sentimiento así. No sé exactamente como nos unimos, fue cosa del tiempo, pero sé que hay cosas que el tiempo une por alguna razón. Somos de las que no se separan nunca y siempre están ahí para ayudarse, de las que están en toda hora y en todo momento.
Te has hecho parte de mi vida, te doy las gracias por todo lo que hemos vivido, las risas, las travesuras, siempre encontramos algo para divertirnos y sacarnos una sonrisa aun cuando estamos mal. Gracias por las salidas y los cumpleaños, las comidas que siempre compartimos, por la confianza que me tienes, por alegrarme las tardes, por quererme tal cual soy, por brindarme el gran corazón que tienes, por lo divertida que eres y por muchas cosas más.
Para mi eres muy importante, eres una hermana y espero que no cambies nunca. Sabes que si necesitas algún consejo o ayuda voy a estar ahí para ayudarte en las buenas y en las malas. Yo te valoro mucho como persona y como amiga, por eso tienes un lugar especial en mi corazón. Ojala que esta amistad nos dure hasta que nos hagamos viejitas. Créeme que si me preguntan que estaré haciendo dentro de 30 años, diría “tomándome un café con mi mejor amiga”. Espero nunca me olvides, siempre me quieras y cada vez que leas esto te haga sonreír y te de la calidez de cada abrazo que te brindo. Te quiero, amiga. No desde siempre, pero sí para siempre.
La familia que tenemos es una sola, la que nos ha tocado, con sus ventajas y desventajas, y esa nunca se pierde. Pero los amigos, ellos son una familia que vamos construyendo para nosotros. A mis amigos los aprecio mucho y valoro enormemente que sean mi familia. Con certeza tienen un lugar en mi corazón. Si el verdadero propósito de la vida es lograr la felicidad, nuestros amigos son un medio indispensable para ello.
Brindo por las amigas que nunca dejan de reírse de los errores, de las que se ríen antes de que abras la boca y de las que se inventan cualquier historia para hacerte reír. Por las que te alegran la vida sin darse cuenta de que lo hacen. Porque a todas les une un hecho tan simple como ser amigas sin haberlo planeado ni elegido. Por las que hablan de la otra con orgullo y las defienden aunque no tengan razón. Por las que saben perdonarse con un abrazo, por las que siempre recuerdan las mismas anécdotas y salen por los mismos lugares. Por las que más que amigas, llegan a ser hermanas. Y se quieren como tales.





jueves, 19 de noviembre de 2015

Tu dolor es mi dolor

Una de las cosas más frustrantes que nos puede pasar es ver a un ser querido triste, ver como el sufrimiento se apodera de la persona sin dejarla sonreír. Sobre todo cuando la persona que está triste es nuestra amiga, nuestra hermana.
Mi amiga está mal. Está sufriendo desde que un incidente inesperado la hizo conocer de otra relación que estaba manteniendo su pareja de doce años y por supuesto, esto mando su matrimonio a paseo. Eran felices, estaban enamorados y se llevaban muy bien, tenían muchas cosas en común. Ella es una mujer hecha y derecha, madre responsable, buena profesional, una persona muy inteligente, con un alma buena y un corazón enorme.
No es posible ser indiferente al dolor que causa una traición. Quien inventó las noches oscuras y los silencios moribundos fue alguien con quien jugaron con sus sentimientos. Una ruptura sigue siendo una ruptura más allá de cuáles sean las circunstancias. Es decir, no te recrees en los detalles y piensa que simplemente, es un adiós como cualquier otro. A veces, el destino es tan sabio que un desamor puede conducirte a tu verdadero amor pero tienes que darte la oportunidad a ti de ser feliz. Afortunadamente, el paso del tiempo pone cada sentimiento en su lugar.
Los síntomas de la pérdida amorosa son intensos y diversos. Contener el deseo de llorar no mejora el estado de ánimo, sino que puede llegar a empeorarlo. Desahogarse emocionalmente procura muchas veces un mayor descanso, facilita el sueño y libera tensiones. Cuando de una ruptura de corazón se trata, no existe mejor manera de sentirse mejor que echándolo todo para afuera.
Bien sé que nadie muere de amor, que toda tormenta pasa y luego llega la calma y sale el sol, sé también lo difícil que es comprender eso, cuando uno está sumido en la tristeza. No siempre es fácil para una persona recuperarse después de un duro golpe en materia de amor. La confianza es asesinada siempre por la traición. El amor duele, la traición mata. Mata el corazón y envenena el alma, la traición hiere el amor con estocada mortal y si el amor sobrevive?... nace la desconfianza con pena amarga.
Mi querida amiga, quisiera hallar la manera de ayudarte, de consolarte, porque realmente entiendo por lo que estás pasando y me duele tu dolor... Tu dolor es mi dolor... lo siento en el alma, en mi corazón. Quisiera remediar tus penas y aliviar el mal que te aflige, sé que mis palabras te ayudan, mas siento que hago poco. ¿Qué puedo hacer, qué puedo decir, que realmente te ayude?
Estoy contigo amiga, sé que es difícil lo que ahora estás viviendo, pero no quiero que sigas tan triste, eso te hace daño, aunque sé que no hay nada peor que el vacío y el dolor inmenso que puede ocasionar una traición. Una vez que el amor es traicionado, toda la magia se echa abajo. Pero sé que lo superarás, y cuando pase el tiempo el recuerdo no será doloroso, pero desde luego, salvo que tengas amnesia, no vas a olvidar.
Sufrir por amor es como vivir en la oscuridad, no dejes que eso pase contigo amiga, ante ti tienes la disyuntiva de perdonarlo o dar por terminada definitivamente tu relación, de ser esto último entonces debes superar esta ruptura por más que duela y rehacer tu vida y darte una nueva oportunidad para amar, recuerda que siempre hay una luz al final del túnel.

Sé feliz, te lo mereces, tú tienes un corazón demasiado grande, lleno de amor para dar y compartir con muchas personas.