Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

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jueves, 4 de noviembre de 2021

¡EXCELENTE! Especial para hombres

Una amiga me mandó ayer, este escrito, no tengo idea de cuando este encantador venezolano lanzó esta campaña, sólo sé que esta genial y he querido compartirlo con ustedes. Dénselo a leer a todos los hombres que tengan cerca, como ya hice yo. Aquí se los dejo. Disfrútenlo.

Luis Fernández, actor, y escritor venezolano y esposo de Mimí Lazo, lanzó la campaña: “Salvemos a las mujeres”, mira lo acertado y hermoso que dice:

1-Alimentación correcta: Nadie vive de la brisa. Mujer vive de cariño. Dele en abundancia. Besos matinales y un “yo te amo” al desayuno las mantienen bellas y perfumadas durante todo el día. Un abrazo diario, hablar con ellas es como el agua para los helechos. No la deje deshidratarse. Si su hombre no hace eso, búsquese uno que lo haga.

2-Flores: También hacen parte del menú. Mujer que no recibe flores se marchita rápidamente y adquiere rasgos masculinos como la brusquedad y el trato áspero.

3-Hábitat: La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada, huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que las aten y las que se someten a la jaula pierden su ADN.

4-Respete la naturaleza: ¿No soporta la TPM (tensión pre-menstrual)? Cásese con un hombre. Las mujeres menstrúan, lloran por cualquier cosa, les gusta hablar de cómo les fue en el día, discutir sobre la relación. Si quiere vivir con una mujer, prepárese para eso.

5-No restrinja su vanidad: Es propio de la mujer pintarse las uñas, los labios, estar todo un día en el salón de belleza, coleccionar zarcillos, comprarse muchos zapatos y carteras, pasar horas escogiendo ropa en un centro comercial. Comprenda todo esto y apóyela.

6-El cerebro femenino no es un mito: Mujer sin cerebro no es mujer, sino un simple objeto decorativo. Algunas le mostrarán que tienen más materia gris que usted.

7-No haga sombra sobre ella: Si usted quiere ser un gran hombre tenga una mujer a su lado, nunca atrás. De esa forma, cuando ella brille, usted se bronceará. Sin embargo, si ella está atrás, usted llevará una patada en el trasero.

8-Acepte: Las mujeres también tienen luz propia y no dependen de un hombre para brillar.

Mi amigo, si usted piensa que la mujer es demasiado costosa, fastidiosa o complicada ES UN POBRE HOMBRE!!! Las Mujeres son una Bendición.

Nada que agregar.

lunes, 15 de julio de 2019

CUMPLIENDO UNA PROMESA


Como les prometí hace poco, aquí les traigo el texto de Simone Seija Paseyro, escritora uruguaya. Un canto a la amistad entre mujeres. Disfrútenlo.

Cuando las cabezas de las Mujeres se juntan alrededor “del fuego”

“Alguien me dijo que no es casual… que desde siempre las elegimos.
Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, refunfuñan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el lugar donde jugábamos en la infancia, el salón de una casa, el corredor de una facultad, una cerveza en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “vente el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse.
Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada… y sin embargo… detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos.
Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos.
Amamos. Fuimos y somos amadas.
Dejamos y nos dejaron.
Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena.
Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir.
Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras.
Noches de miles de estrellas y noches desangeladas.
Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra.
Nos entregamos. Nos protegimos.
Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces… los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía.
Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.”
Simone Seija Paseyro

martes, 21 de mayo de 2019

¿DE QUÉ HABLAMOS LAS MUJERES?


¿De qué hablan las mujeres cuando se juntan? Esta es una de las preguntas que más me hacen mis amigos del sexo masculino. Muchos creen que nosotras en nuestros temas de conversación somos más reservadas que ello, pero eso no es más que un mito, porque en realidad nos caracterizamos por ser más abiertas a la hora de entablar algún tema con nuestras amigas.
Cuándo las mujeres estamos juntas, sobre todo si es entre amigas, tenemos la sutileza de expresarnos fácilmente sin temor a ser señaladas como vulgares o sin pelos en la lengua. Somos más explicitas al hablar de cualquier tema que los hombres, ellos muchas veces, prefieren callar, para no sentirse menos que nadie.
Por supuesto que al igual que la frase "cada pareja es un mundo", debemos asegurar que "cada grupo de amigas es un mundo". Por eso, ¿de qué hablamos las mujeres cuando nos juntamos? Es una pregunta para la que tengo mis propias respuestas, ya me contarán ustedes qué piensan… por lo pronto vamos a responderla de forma bastante general.
Cuando nos reunimos entre amigas lo primero de lo que hablamos es de los hombres, obvio ¿verdad? Pues claro, ¡cómo no! Es sin duda uno de nuestros temas estrella. Hablamos de hombres presentes, pasados y futuros. De hombres en general y en particular. Por supuesto, también de nuestros maridos. Hablar de hombres no deja de ser una forma de explicar cómo somos y cómo nos relacionamos las mujeres. Los hombres son el detonante de la intimidad femenina, por eso son los protagonistas en las largas tertulias de las mujeres cuando se reúnen con su grupo de amigas.
Y sí, también hablamos de sexo. Unas más tímidamente, otras con más desparpajo… y muchas veces hacemos bromas al respecto. Pero a diferencia de los hombres no lo hacemos para alardear, sino más bien para compartir nuestras experiencias y eso lo hacemos sólo con nuestras verdaderas amigas, con quien realmente nos sentimos en confianza.
Mis amigas y yo siempre lo hacemos de una forma muy general; nuestras intimidades con respecto a pareja las omitimos. Pero hablamos de sexo mucho más de lo que imaginan. Que resulta que además de ser entretenido, es bueno para la salud… los hombres quisieran, por unos minutos, estar de incognitos en el lugar donde se reúne un grupo de amigas.
Además hablamos de los hijos, de nuestros padres, de ropa, de perfumes, de comida, de libros, de películas… de infinidad de temas. Para luego volver sobre el tema de los hombres, de sus infidelidades, de lo que tenemos que soportar todo el tiempo. Claro no todo lo que hablamos de los hombres es malo, por supuesto, hay muchas cosas que son dignas de reconocer en muchos hombres y también lo hacemos en nuestras conversaciones. Al rato retomamos el tema de las cosas cotidianas para después volver a la carga y darle con los hombres otra vez.
Hablamos de nuestras relaciones, de la familia, de los aprendizajes que nos han brindado nuestras maternidades, de gente inspiradora, de decoración, de trabajo, de nuestras frustraciones pero también de deseos y aspiraciones, de manualidades y, por supuesto, de sentimientos. De crecer y mejorar, de hacer ejercicios, de no volver a enfadarnos, de esperanzas y sueños, de luchas y desafíos… en fin, la lista es interminable. Y, bueno, por supuesto, ¡también hablamos de mujeres!
Siempre esperamos que alguien nos diga si estamos haciendo bien o mal con respecto a algo. De estas conversaciones siempre sale algo bueno. Las mujeres en la actualidad hemos tomado conciencia de que no somos cualquier cosa, somos mujeres maravillosas, madres maravillosas, profesionales reconocidas en nuestros medios. La verdad es que esas reuniones con amigas son una manera de liberarnos y decir las cosas que sentimos.
Ya hablamos de nuestros problemas, de nuestros proyectos de vida, de todo lo que está pasando en el mundo, y ya no somos la típica mujer que solo hablaba con devoción del esposo y de los hijos… Hoy nuestros horizontes son más grandes, ya tenemos ganas de hablar de estudios, de avanzar en la vida, y eso es muy bueno.
Cuando pienso sobre este tema me quedo sorprendida de lo grande que es nuestro universo, de las mil cosas que tenemos para hablar aun cuando el centro de la mesa casi siempre sean los hombres.
Todas tenemos tantas responsabilidades en el trabajo y en la familia, que a veces no nos damos tiempo para salir con nuestras amigas. Reunirnos con ellas es más importante de lo que crees.
Compartir esos momentos nos desestresa y hace que olvidemos temporalmente nuestros problemas y el batallar diario de la vida. Nos libra de las tensiones y hasta nos hace observar la vida desde una perspectiva más optimista. Estas reuniones refuerzan los lazos de amistad porque compartir estos momentos crea un efecto de complicidad.
Pero al final, lo mejor de reunirnos con nuestras amigas es que… ¡nos reímos muchísimo! Reímos hasta que se nos saltan las lágrimas… y quedamos exhaustas y listas para empezar otra semana con todo.
Hay un texto que me encanta de la escritora uruguaya Simone Seija Paseyro que habla de este tema, aquí les dejo algunas de sus palabras:

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, refunfuñan, se conduelen.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

En otro momento les pongo el texto completo de Simone Seija para que lo disfruten, que está… ¡divino!

viernes, 8 de marzo de 2019

FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER


Una amiga me mandó este texto de Luis Fernando Veríssimo (escritor brasileño, Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 26 de Septiembre de 1936) y a pesar de que ya lo había leído y hace unos años lo publiqué aquí mismo, lo volví a disfrutar como si fuera la primera vez por eso lo pongo de nuevo, para que lo disfruten como lo hice yo.

El ser Mujer

El irrespeto por la naturaleza ha afectado la supervivencia de varios seres, y entre los más amenazados está la hembra de la especie humana.
Tengo apenas un ejemplar en casa, que mantengo con mucho celo y dedicación, pero en verdad creo que es ella la que me mantiene. Por lo tanto, por una cuestión de auto-supervivencia, lanzo la campaña “Salvemos a las mujeres”.
Tomen de acá mis pocos conocimientos sobre la fisiología de la feminidad, con el fin de que preservemos los raros y preciosos ejemplares que todavía quedan:

1. Hábitat:
La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada, huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que las aten y las que se someten a la jaula pierden su DNA. Usted jamás tendrá la posesión sobre una mujer; lo que la va a atar a usted es una línea frágil que necesita ser reforzada diariamente.

2. Alimentación correcta:
Nadie vive de la brisa. Mujer vive de cariño. Dele en abundancia. Es cosa de hombre, y si ella no lo recibe de usted, lo buscará en otro. Besos matinales y un “yo te amo” al desayuno las mantienen bellas y perfumadas durante todo el día. Un abrazo diario es como el agua para los helechos. No la deje deshidratarse. Por lo menos una vez al mes es necesario, si no obligatorio, servirle un plato especial.

3. Flores:
También hacen parte del menú. Mujer que no recibe flores se marchita rápidamente y adquiere rasgos masculinos como la brusquedad y el trato áspero.

4. Respete la naturaleza:
¿No soporta la TPM (tensión pre-menstrual)? Cásese con un hombre. Las mujeres menstrúan, lloran por cualquier cosa, les gusta hablar de cómo les fue en el día, de discutir sobre la relación. Si quiere vivir con una mujer, prepárese para eso.

5. No restrinja su vanidad:
Es propio de la mujer hidratar las mechas, pintarse las uñas, echarse labial, estar todo un día en el salón de belleza, coleccionar aretes, comprarse muchos zapatos, pasar horas escogiendo ropas en un centro comercial. Comprenda todo esto y apóyela.

6. El cerebro femenino no es un mito
Por inseguridad, la mayoría de los hombres prefiere no creer en la existencia del cerebro femenino. Por ello, buscan aquellas que fingen no tenerlo (y algunas realmente lo jubilaron). Entonces, aguante: mujer sin cerebro no es mujer, sino un simple objeto decorativo. Si usted está cansado de coleccionar estatuillas, intente relacionarse con una mujer.
Algunas le mostrarán que tienen más materia gris que usted. No les huya, aprenda con ellas y crezca. Y no se preocupe; al contrario de lo que ocurre con los hombres, la inteligencia no funciona como repelente para las mujeres.

7. No haga sombra sobre ella...
Si usted quiere ser un gran hombre tenga una mujer a su lado, nunca atrás. De esa forma, cuando ella brille, usted se bronceará. Sin embargo, si ella está atrás, usted llevará una patada en el trasero.

8. Acepte:
Mujeres también tienen luz propia y no dependen de nosotros para brillar. El hombre sabio alimenta los potenciales de su compañera y los utiliza para motivar los propios. Él sabe que, preservando y cultivando la mujer, él estará salvándose a sí mismo.

Mi amigo, si usted piensa que la mujer es demasiado costosa, vuélvase GAY. ¡Sólo tiene mujer quien puede!

martes, 8 de mayo de 2018

UNA MUJER QUE GRITA ¡SOCORRO!


Hace unos meses me encontré con una amiga que hacía varios años no veía. Después del saludo y la alegría de volvernos a encontrar nos sentamos a conversar. Todo fluyo normal, con las clásicas preguntas de ¿cómo te ha ido?, ¿qué hacen los muchachos?, ¿y tu marido?… Nosotras siempre nos llevamos bien y confiábamos una en la otra, por lo que nos contábamos muchas cosas, y eso a pesar del tiempo no cambió, porque después de un rato hablando, muy apesadumbrada me dijo que no estaba conforme con su vida, que ya no se reconocía. Eso me preocupó y mientras siguió hablando la observé detenidamente y realmente no parecía la misma persona. Continuamos conversando y me dijo que estaba aplastada por la rutina del día a día. Que ella toda la vida se había levantado con una sonrisa y prometiéndose que el día sería mejor que el anterior y que ya no sabe desde cuándo no es así.
Yo me sentía consternada por lo que estaba escuchando. Cabizbaja continuó diciendo que con sus 48 años se siente de 90, que dejó de luchar por sus sueños hace años, que no recuerda ni siquiera en qué momento ocurrió. Que en los últimos años siempre ha estado desesperada por el tiempo porque no le alcanza para todo lo que tiene que hacer y por eso comenzó a dejar de hacer cosas que le gustaban. Primero dejó de ir a la peluquería, después dejó de hacer ejercicios, dice que no sabe qué tiempo hace que no se sienta a leer un libro (algo que le apasionaba), también dejó de reunirse con sus amigas para charlar, pasear o simplemente beberse una cerveza entre risas, en fin, dejó de hacer innumerables cosas que le encantaban y le daban felicidad. El dinero lo emplea solo en las cosas de la casa y en los eventos familiares, y todo su tiempo también.
Yo no pude escuchar más. Perdí la paciencia, me levanté y le dije casi a gritos “¡Qué te pasa! Porque de vez en cuando te tomes un tiempo para ti, para hacer lo que te gusta, para reunirte con tus amigas, para leer un libro, para lo que se te ocurra no significa que los desatiendes ni que los quieres menos, y la casa tampoco puede llevarse todo tu tiempo porque le saques un poco el pie no se va a venir abajo. Tus hijos y tu marido tienen que entenderlo, ellos saben que los amas más que a nada y abusan, pero ¿cómo te pueden valorar si tú no te valoras a ti misma?”
Callé de repente temiendo haber lastimado sus sentimientos, pero con la certeza de que había dicho lo que debía. La rabia me roía por dentro. Hace muchos años la conozco y es cierto que no es la sombra de lo que era antes. Es cierto que con la adultez vienen también otras obligaciones, el trabajo, la casa, los hijos. Queremos cumplir con todo y lo hacemos. El trabajo porque es nuestra realización personal o simplemente por razones económicas y la familia porque es tan importante en nuestra vida y los queremos tanto que nos parece poco todo lo que hacemos por ellos.
A nosotras se nos va la mano en facilitarles la vida. Queremos darles tanto y que no pasen trabajo que en nuestro día a día solo empieza a haber espacio para sus necesidades y vamos dejando de lado las nuestras. Los hijos comienzan a abusar y se vuelven egoístas, sólo les importa lo que quieren y necesitan. Dejan de valorar a esa persona que les dio la vida y que está dispuesta a sacrificarlo todo por ellos. Y con la pareja pasa lo mismo, como también está inmersa en su trabajo lo único que le preocupa es llegar a casa y que todo esté en orden y que los muchachos tengan todo lo que necesitan. También se le olvida que la persona que trabaja, limpia, lava, cocina, cuida de los hijos, atiende las tareas, en fin, esa persona que les hace la vida cómoda y llevadera, tiene derecho a tener un poquito de tiempo para ella. Y no se dan cuenta cómo se va marchitando a su lado, que ya no es la misma persona de la que se enamoró sencillamente porque ya no tiene vida propia vive en función de toda la familia.
Pasó un largo rato sin que ninguna de las dos dijera una palabra.
Luego continuó diciendo que yo tenía razón que ya no la consideraban y que ella misma se lo había buscado. Que su marido muchas veces ni se molestaba en decirle que tenía una reunión y que iba a llegar un poco más tarde. Que su hijo de 14 años no la obedecía; el de 18 años decía que era ridícula y que la hija de 16 años sólo la busca cuando necesitaba algo. Todo el tiempo eran solicitudes de sus deseos y quejas de lo que no había podido hacer. Que ya ella no podía más porque no reconocía en ella a la mujer que siempre fue llena de sueños, de ilusiones, alegre… Ya no era la que sonreía sin razón, que contaba chistes para hacer reír a los demás, que todo el día cantaba aunque no tuviera talento, que hablaba sin miedo, que se sentía hermosa, feliz, que compartía con sus amigas, que se pasaba horas leyendo un buen libro… sus alegría y momentos de felicidad ahora se habían suscrito sólo a los momentos en que ellos eran felices y se sentían complacidos. Que ninguno de ellos notaba que allí había una mujer que en su interior gritaba: ¡Socorro!
Ambas volvimos a quedar en silencio. Al rato le dije que ella tenía que cambiar y reconsiderar algunas cosas porque de la manera en que estaba no era feliz. Y para poder seguir amando a su familia y dedicándole su vida, lo primero que necesitaba era sentirse bien consigo misma, volver a ser una mujer feliz, sin sentirse presionada por todo y por todos. Estuvo de acuerdo y me dijo que iba a cambiar algunas cosas en su vida, que ya lo había decidido porque ella amaba a su familia pero no podía seguir sin existir.
Ha pasado algún tiempo, hemos hablado en ocasiones por teléfono y hace una semana la volví a ver y les juro que la mujer que vi ante mí era muy diferente a la de aquel día. Había un brillo distinto en sus ojos, solo me abrazo y me dijo que ahora era muy feliz, que su trabajo le costó pero que al final todos entendieron que necesitaban cooperar en la casa para que ella pudiera tener un tiempo para ella. Y que desde entonces todo funciona sobre ruedas ella ha vuelto a la peluquería, a hacer ejercicios en casa, a pasar el domingo unas horas con sus amigas, a tomarse unas horas para leer un libro…
Amigas, si se han visto reflejadas en estas líneas, mírense en un espejo y díganse a sí mismas a quien ven. Si de pronto se encuentran añorando a la mujer que fueron antes y sienten que la fueron sepultando lentamente, simplemente pregúntense: ¿Les gusta esta mujer que ven o añoran volver a ser la que eran antes? Nunca es tarde para cambiar; tarde sería si mueres.
Cuando formamos una familia, nos adentramos a un mundo lleno de responsabilidades. La pareja, los hijos... El gato, el perro... La casa, las compras, el trabajo, la limpieza, las camas bien tendidas, el orden... Podemos ocuparnos de todo, pero entre una cosa y la otra también dedicarnos un tiempo para nosotras. Está bien ser mujeres responsables, pero no en exceso. Al menos no tanto que nos acabemos perdiendo nosotras mismas. Recuerda que te olvidas de ti misma cuando todo el mundo es más importante que tú: “no importa qué necesites, qué desees, qué quieras, los demás están primero”.
A veces nos convertimos en una mujer que se mueve con amor, con sensibilidad, con vocación, pero que dejó lentamente que todo la supere; y se quedó allí, en ese lugar, viendo pasar la vida de los otros, que se olvidó de sí misma. Y lo más triste es que los que amamos y por quien lo hacemos y sacrificamos todo, ni siquiera lo notan.
Reconocemos que ya no somos las mismas y añoramos a esa mujer que perdía horas arreglándose el cabello y que usaba mascarillas para lucir espléndidas, maquillajes intensos que mostraban a una mujer sensual y atractiva, escotes, pantalones ceñidos, tacones que endurecían nuestras piernas al andar... pero de pronto un día nos encontramos recordando a aquella mujer y sentimos que la fuimos sepultando lentamente. Presenciamos su lenta agonía y no hicimos nada para revivirla.
Tenemos que traer de vuelta a esa mujer y hacer que diga: ¡¡Presente!! Todos los días. Que haga sentir que ella importa y eso no significa ser egoísta... Intentemos recuperar a esa mujer bella que nos hacía sentir seguras, desterremos las culpas y si el desayuno, el almuerzo, la merienda o la cena se demoran un poquito porque estamos poniéndonos lindas, pensemos que ese cuidado de nosotras mismas, esa dedicación, ese amor serán la medicina mágica que hará que nuestra autoestima crezca. Si nuestra autoestima no está bien, nada está bien en nuestra vida, y por ello dejamos que otros nos desvaloricen o nos desprecien.
Para amar a los demás, primero tienes que amarte a ti misma, nuestra persona refleja quienes somos y no depende si tengo un vestido caro o el pantalón de moda, la verdadera esencia se trasmite desde nuestra alma... de hoy en adelante te invito a quererte un poco más, tomate unos minutos para ti, ¡TE LO MERECES!!!... Haz lo que te gusta, lo que te motiva, lo que te hace feliz y de esa manera te levantaras con más ánimo, con más ganas, con una sonrisa cálida, con ilusiones como antes...
A partir de hoy, todos los días párate ante un espejo y di: Sí… Tengo otro amor que me llena completamente… Y ese amor soy yo.
Amigas nunca olviden que nadie nos amará ni nos valorará, si no nos amamos y valoramos nosotras mismas. Esa familia a la que tanto amamos y que le damos lo mejor de nosotras, nos verá con otros ojos, nos considerará y respetará más cuando vea que además de atenderlos y cuidarlos también somos capaces de tener nuestro propio espacio.
Dejarán su egoísmo para valorarnos y amarnos mucho más. Y solo entonces seremos verdaderamente felices y capaces de dar más amor.

lunes, 26 de junio de 2017

El amor no es obligación, dejémonos de cuentos

El amor es un sentimiento tan fuerte que hace arrancarle lágrimas de felicidad al más fuerte y enorgullecerse al más noble. Nos hace sentir grandes, impetuosos, inigualables, únicos, sobre todo eso, únicos e indispensables, para la persona amada y ella para nosotros...
Pero señores… el amor de pareja es cosa de dos. Esas justificaciones de: “Es que no estoy listo”, “Tú eres la mujer de mi vida pero…”, “Es que ahora no es el momento”, “Es que no sé, tengo que organizar mi vida”, “Es que sí pero no, es que, es que… ¿Es qué? ¡¡¡Es que no quiere y punto!!!
En el amor siempre vivimos el peligro de enamorarnos de la persona equivocada. Hay que aceptar la realidad de la vida y como mismo es cierto que hay amores que nunca terminan, almas que se pertenecen, incluso a pesar del tiempo, de la distancia y las circunstancias... también es cierto que cuando un hombre te quiere lucha contra viento y marea por ti, no pierde su tiempo es escusas. Esa es una verdad como un templo. El amor no es ciego, el amor te ciega. Es la cruda verdad.
A veces nos dejamos llevar por las palabras cuando en realidad cuentan más los actos. Un hombre puede decirnos “te quiero” todos los días y eso está muy bien. Pero el amor hay que demostrarlo con pequeños gestos diarios. Es difícil entender; si es que alguien lo puede entender, por qué una persona finge querer a otra, pero el caso es que pasa con frecuencia; por eso debemos estar muy atentas para si nos ocurre a nosotras saber darnos nuestro lugar.
No te molestes si la persona de tu interés no te corresponde o lo hace en menor grado a tu expectativa, recuerda que nos hacemos ideas, ilusiones en exceso a la realidad circundante, pues nosotros mismos evocamos, soñamos con algo que es un ideal, y ya eso es imaginación. Nos decepcionamos cuando nuestra esperanza excede de nuestra realidad. Que tu necesidad de atención no exceda al punto de, demandar afecto de algo que no te corresponde porque el amor no es obligación.
Vamos a hablar claro. Cuando un hombre quiere estar con una mujer, ¡Está! Así de fácil. Sin tantos enredos, sin tantas mentiras, sin tantas excusas. Cuando un hombre se derrite por ti, puede que le de miedo en determinado momento, claro que sí, pero lo enfrenta porque no va a arriesgarse a perderte. Así que en caso de que siempre esté lleno de “justificaciones”, dudas, etc. Ponte TÚ en un primer lugar y deja de estar justificándole cada rechazo, cada desplante y cada excusa. No necesitas a alguien que no sabe lo que quiere, que no ve lo mucho que vales, que no ve todo lo que puedes aportar a su vida.
Tu amor es algo muy valioso así que no te desvivas para dárselo a quien no lo quiere, no te enamores de estar enamorado, avanza. Avanzar significa asumir el desamor y no estereotiparlo porque han sido ingratos contigo, tal vez no era el momento ni la persona adecuada, cuando pasa... ¡pasa! No tenemos control sobre ese sentimiento; uno a veces se enamora sin darse cuenta y le toca asumir toda la carga que implica no ser correspondido, pero la vida misma te enseña a superarlo. ¡Nadie está obligado a amarte!
Por sobre todo, amate a ti misma, no esperes ser especial para otra persona que no seas tú. Si para ti, eres especial, lo serás para el resto. No busques, ni exijas ser algo especial para otro, si primero no lo eres para ti misma. Cuando uno entrega amor, desea recibirlo. Pero no siempre es así. ¿Qué sucede cuando no lo recibes? ¿Qué pasa cuando el otro te falla? Muchas veces uno lleno de esperanza continua luchando y se vanagloria al decir: a pesar de todo estamos juntos... ¡Juntos si! ¿Pero felices? Que sucede cuando te das cuanta que has amado más a otro que a ti, porque nunca pusiste limites, porque siempre tuviste esperanza. 
Tenemos que ser compasivas con nosotras mismas, tomar conciencia y obrar correctamente, así que ante todo dejémonos de cuentos. Si un hombre no te llama, es porque no quiere llamarte. Si no te invita a salir, es porque no quiere verte. Si te trata como si fueras un comino, es porque le importas un comino. Si te traiciona, es porque no le gustas lo suficiente. Si te deja ir es porque no quiere estar contigo.
Ese hombre que insiste en que te quiere, puede que incluso te lo diga, pero que no toma decisiones trascendentales, que siempre se vale de escusas para no hacer algo que tu quieres o deseas, que se evade a la hora de hacer planes de futuro, que deja conversaciones importantes pendientes y es incapaz de hablar en plural en ninguna ocasión, ese hombre que cree que formas parte del servicio doméstico para atender todas sus necesidades, ese hombre no te quiere. NO TE QUIERE por mucho que te lo diga.
Recuerda que ¡nadie está obligado a amarte!, ¡ni siquiera tus padres!, naciste y eso es lo que cuenta. Pensamos que debemos estar atados a personas que nos han dado amor en algún momento, pero realmente no es así, ellos tienen derecho a dejar de amarte al igual que tú. En el amor no necesitas migajas, quien te ame lo hará a manos llenas, inclusive si tú no le correspondes, porque el amor es infinito como el universo mismo y no impone condiciones, quien las ponga por igual no te ama. El amor no se ruega ni se exige. Hay que saber perder. Si ya no te quieren, empaca y vete. Llévate el dolor a otra parte y procésalo. Irse es un acto de soberanía; no lo olvides.
Muchas veces vivimos compadeciendo a los hombres y siguiéndoles su jueguito de confusión y víctima porque “pobrecito, el me ama pero… yo entiendo por lo que está pasando”. No creas los cuentos de una infancia difícil ni nada por el estilo. Por favor, no quieras intranquilidad, dudas y desprecio envuelto en explicaciones sin sentido. Mereces un hombre que sepa qué tiene al frente, que te valore y se esfuerce cada día por ti. Deja ya de romperte las uñas por algo que probablemente no va a ser tan bueno como tú piensas y date la oportunidad de recibir todo lo que mereces con un hombre que si te quiera.
Hay personas que no han recibido amor ni siquiera de sus padres y saben amar. Hay otras tantas que buscan el amor y no se dan cuenta que ya existe quien las aman desinteresadamente; el amor no tiene la coerción ni siquiera de obligar a que sea correspondido. Todos, en algún momento de la vida, vivimos un amor no correspondido y qué se le va a hacer. Nada, seguir adelante. A veces encontramos personas que nos aman sin ni siquiera pedírselo, son personas amorosas sin poner condición alguna y nos aman a manos llenas, ¡eso es amor! El que nace y perdura sin esperar nada, sin pretender, sin exigir, sin demandar...
Cuando el amor se convierte en una prisión o se opone a los propios valores o derechos; es hora de replantearse la relación, porque puede convertirse en un vínculo enfermo. No existe hombre perpetuamente asustado o confuso. Tampoco existe hombre trágicamente afectado por el pasado, ni hombre necesitado de ayuda para decidirse. En cuestiones de amor los hombres se dividen solamente en dos categorías: los que te quieren y los que no. ¡El resto es una excusa!
Y creer que porque alguien ya no te ama el mundo se termina o nadie más te amará o no podras vivir sin él, son engaños de tu mente. Claro que podrás seguir adelante, al principio tal vez cojeando pero luego caminando con normalidad. Cuando se está desolado tras la ruptura de una relación amorosa, resulta difícil creer que algún día uno pueda llegar a encontrase mejor. Pero esos sentimientos van perdiendo intensidad gradualmente. A la larga, uno se recupera y sigue adelante, iniciando nuevas relaciones y teniendo nuevas experiencias. En ocasiones infinitamente mejores.
Hay una frase de la joven escritora mexicana Estefanía Mitre que me gusta mucho y dice: "Mírate caminar, mujer, estás para que te amen. Que se rompan las ventanas cada vez que pasas cerca y se hagan grietas en el piso con los zapatos que tocas, para que piensen en ti cuando se apagan las luces y seas el primer deseo que alguien pida al despertar. Mírate bien, mujer, no estás para que te engañen, ni que te quieran a medias. No estás para ser segunda opción".

lunes, 5 de junio de 2017

La cartera, objeto femenino por excelencia

Según la RAE un bolso es "una bolsa de mano generalmente pequeña, de cuero, tela u otras materias, provista de cierre y frecuentemente de asa, usada especialmente por las mujeres para llevar dinero, documentos, objetos de uso personal, etc". Amigos, les aseguro que en el etc. está la clave. Es bien sabido que todo bolso o cartera de mujer es una caja de Pandora mágica de donde sale hasta lo inimaginable. Por eso creo que la Academia es un poco inexacta en cuanto al tamaño y el uso.
Sin duda alguna los bolsos son extensiones de nosotras mismas, por eso nadie abre uno ajeno, hacerlo sería como levantarle la falda a una mujer o darle por la cara a un hombre, simplemente eso no se hace porque viola un espacio privado, una zona de intimidad. Hay una frontera tácita entre nosotras y el bolso de una compañera. La cartera es parte de nuestro universo, aunque la llenemos de cosas cotidianas y de forma rutinaria, allí dentro, vamos nosotras.
Las mujeres y las carteras, todo empieza desde el primer encuentro, ahí se establece un vínculo indisoluble. La vemos en una vidriera, la analizamos, nos sentimos atraída por la vista, nos acercamos y cruzamos el umbral de la tienda. Si vamos solas perfecto. Si estamos acompañadas de una amiga la complicidad será total pero si vamos con un hombre este acto va seguido de la mirada en blanco del sujeto como claro signo de incomprensión y aceptación forzosa de que esa promesa de ‘solo voy a ver’ tiene muy pocas posibilidades de cumplirse, sobre todo si llevamos dinero para gastar.
Ya dentro de la tienda tocamos el bolso, nos lo colgamos, lo miramos de nuevo, lo abrimos, lo cerramos y casi siempre pensamos en voz alta “¿me cabrá todo aquí?”. La amiga de manera muy entusiasta dirá: “claro que sí, está precioso y es muy funcional”. El acompañante masculino simplemente se limitará a sonreír, mientras mentalmente se responde: “con la cantidad de porquerías que guardas, que muchas veces ni usas pero que llevas por si hace falta, lo dudo”. Los hombres nunca entenderán, pero ¿cuántos de ellos y cuántas veces se han beneficiado o salido de apuros gracias a la cartera de una mujer? No es menos cierto que siempre llevamos muchas cosas.
En el transcurso de su vida a cualquier hombre, en un momento determinado, le ha ocurrido que una mujer le pide que le sujete su bolso un instante y en ese momento crucial al sentir que su espalda se arquea y notar una luxación de hombro y una distorsión de sus articulaciones se hacen la pregunta del millón: ¿Qué carajos lleva en el bolso para que pese tanto? Semejante incógnita es uno de los misterios en la vida con respecto a las mujeres que nadie hasta la fecha ha podida descifrar con exactitud.
Para los hombres las carteras de las mujeres son cuevas de gran interés, imaginan lo que llevamos pero seguro no aciertan ni en centímetros a la realidad. El bolso de una mujer es, por su capacidad casi infinita, imperecedero enigma y conjetura universal solo semejante a preguntas cómo: ¿Existe la vida más allá de la muerte?
Ayyy… sin duda alguna ¿qué lleva una mujer en su cartera? Es uno de los grandes misterios de la humanidad. Y si lo pensamos bien la respuesta correcta sería depende del tipo de mujer. Digo esto porque, aunque todas coincidimos más o menos en una serie de cosas, dependerá de la personalidad de cada una y sobre todo de sus circunstancias. La diferencia radica en si es una mujer más o menos práctica y previsora, organizada o caótica, trabajadora (y dependerá de la profesión), ama de casa (a las que incluyo entre las trabajadoras, por supuesto), amante de las compras, con pareja, con hijos o sin hijos… (¡factor éste muy importante!).
Lo cierto es que todas llevamos infinidad de cosas. A veces los bolsos son tan grandes que podemos meternos dentro en un momento de necesidad, pueden ser un escudo, también caben nuestros pensamientos más feroces, ideas íntimas en forma de notas, secretos en forma de facturas o resultados de laboratorio, necesidades básicas en forma de alimento, en fin la lista sería interminable.
Los hombres no entienden porque ellos siempre andan muy cómodamente. Cuando se disponen a salir de casa no se preocupan más que por meterse rápidamente dentro de sus pantalones, se abotonan a mil por hora la camisa o se ponen un pulóver, se amarran los cordones de los zapatos en un santiamén y toman ciertas cosas que necesitan: sus billeteras en el bolsillo trasero, sus celulares en otros bolsillos o enganchados en el cinturón y sus llaves. Listos y salen. Y ahí van los señores tan salerosos rumbo a sus compromisos fuera de casa.
En cambio las mujeres, además del tiempo que nos toma arreglarnos le dedicamos un “tiempito” a nuestra cartera, sin la cual por supuesto, no podemos salir nunca a la calle. Nos cercioramos de lo que vamos a meter dentro. Obviamente necesitamos echar en ella esas cositas básicas que cogen los hombres al salir, pero también sumamos algunas otras. Y aunque el peso del bolso ya se sienta al levantarlo, todavía dudamos si debemos echarle algo más. Uf; cuántas cosas necesitamos las mujeres para salir a la calle y sentirnos seguras. Alguien dijo que hoy en día la cartera no es otra cosa que un kit de supervivencia: la mejor síntesis de todos los obstáculos con los que cree que podrá encontrarse cada mujer para llegar viva hasta el final del día. Y estoy de acuerdo en que así es.
A mediados del siglo XX, las carteras eran chicas. Respondían a la necesidad de una mujer que cumplía una función por vez. Si salía de paseo, un colorete y una polvera era todo lo que necesitaba. Ni dinero, ni llaves, ni otras cosas. En cambio, en el mundo actual la mujer sale temprano; va a trabajar; a llevar y en la tarde a buscar a los hijos; sale con amigos; va al teatro y tiene que salir preparada para dar en todos esos roles. Tiene días muy largos y la complejidad de su vida se ve reflejada en el contenido de su cartera. Cuantas más funciones cumpla, más variedad hallaremos. Yo conozco algunas que hasta destornilladores llevan. Sin duda el bolso de una mujer es una gran mezcla de muchas cosas. Nosotras podemos hacerle espacio a todo.
No sin razón, muchos hombres creen que más que un simple accesorio, el bolso de una mujer es la puerta de entrada a la dimensión desconocida; un hueco sin fondo con mayor capacidad que la galera de un mago; una boca de la que pueden emerger desde una aspirina, un sobrecito de edulcorante, una computadora de bolsillo (con teclado y todo), un par de sandalias o chancletas, un ejército de golosinas, una botella o una plancha, entre otras muchas cosas. Este misterioso complemento, que a veces puede adquirir dimensiones XL, es uno de los que más atrae la atención de los hombres, especialmente en cuanto a su contenido se refiere.
¡Echamos tantas cosas! Es increíble, lo que cargamos. Llevamos el celular con su cargador, por si las moscas; la agenda, pañuelos desechables, toallitas húmedas, una pintura de uñas, espejo de mano, protector solar, base, crema para manos, corrector de ojeras, gafas de sol y anteojos ópticos, fotografías, jabas para las compras, monedero, un pequeño estuchito de manicure y de maquillaje que no puede faltar, felpas para el cabello… amén de papeles acumulados, no sabemos cómo pero siempre encontramos papeles: recibos de pagos, un bloc notas, un lapicero, una libretica de teléfonos, recetas médicas (en ocasiones ya vencidas), direcciones de determinados lugares como por ejemplo un taller de algo, alguna receta de cocina… y muchos más papeles y lo peor es que ¡no los botamos! ¡Si están ahí es por algo!
¡¡¡Ah!!! Y no pueden faltar las pastillas y en ocasiones casi un botiquín por lo que pudiera suceder: curitas, un desinfectante, etc. Y aún buscamos un lugarcito para el paraguas por si llueve, la correspondencia para revisar en el camino, un libro y hasta algún trabajo de acuerdo a la profesión, en mi caso casi siempre ando con papeles en blanco donde escribo lo que se me ocurra en cualquier lugar, siempre que exista algo que me inspire, o simplemente si estoy en un sitio donde la espera es larga puedo hasta ponerme a confeccionar un crucigrama. Caray; sólo nos falta meter al perro dentro de la cartera.
¡Cuántas cosas necesitamos las mujeres para salir a la calle y sentirnos seguras! Pero ay, mi Dios… muchas veces tenemos otro problemita y es que cuando buscamos algo no lo encontramos y a veces tenemos que vaciar el bolso completo para encontrarlo rápido, ¿les ha pasado? A mí si y varias veces. Aunque no siempre es así.
Los hombres que no han cargado aunque sea un instante la cartera de una mujer no tienen idea de su peso. ¿Saben cuánto pesa cualquiera de nuestros bolsos? Al menos entre cuatro o seis libras, y en ocasiones más. Con ese peso la espalda y los hombros sufren mucho, quizá exagero pero estamos hablando de un ¡problema de salud pública! No es fácil con ese peso en el hombro hacer una cola en una tienda, en un banco, hacer compras en el mercado, coger una guagua, ir al cine donde a veces amerita una silla para el bolso. Y encima hay que andar cuidándolo para que no se lo roben, es como andar a cargo de una penitencia. Pero qué le vamos a hacer, no podemos andar sin ellos.
¡Hombres! Entiendan que para nosotras la cartera es como un cuarto privado, portamos las cosas que creemos vamos a necesitar. Disculpen, dije “¿creemos?”, si realmente analizamos el uso vemos que la mayoría no las usamos pero nos dan sensación de seguridad. El bolso de una mujer es algo así como una caja del tesoro, una caja de Pandora, con artículos inimaginables. Es un mundo impenetrable que esconde cientos de cosas que representan su mundo. Ese es el secreto de ese agujero negro llamado cartera de mujer. No importa el tamaño siempre encontrarás lo esencial y lo que no es tan importante.
En fin, ¿será que somos Damas muy precavidas? ¿O sólo se trata de un hábito muy femenino que no cambiaríamos por nada del mundo porque somos mujeres previsoras, valiosas y por supuesto bellas? ¿Ustedes qué opinan?

lunes, 17 de octubre de 2016

MUJER, mereces ser feliz

Ser Mujer, ese es el enigma que ningún científico, maestro, artista, músico o poeta han podido escudriñar, algo que inclusive las mismas mujeres llegamos a olvidar.
Ser mujer es todo y difícil de explicar, nos entregamos por entero y damos todo en la vida, mujeres de lucha y constancia, de fortaleza y respeto. Somos el soporte familiar, no tenemos horarios y a pesar del cansancio y la enfermedad siempre estamos dispuestas a todo por el prójimo y la vida familiar. No importando los tiempos, tristezas, caídas y pérdidas, nos mantenemos siempre fortalecidas.
Las mujeres somos hermosas, inteligentes, apasionadas, luchadoras invencibles, polifacéticas, fuertes, protectoras y capaces de proyectar una diversidad sublime de sentimientos y emociones. Somos irremplazables. Hemos inspirado en todas las épocas cuentos, leyendas, poesías, pinturas, y las más bellas canciones de amor.
Hemos ganado miles de luchas, hemos llegado donde queremos estar pero en muchas cosas no hemos podido cambiar la percepción que tiene la sociedad del rol que juega la mujer. Cada error que cometemos, es porque somos mujeres. Por ejemplo, nunca falta la cara de decepción cuando el conductor de al lado se da cuenta que quien va al volante es una mujer, y si comete un error es precisamente porque es mujer y por lo tanto es pésima conductora.
Me enervan las revistas femeninas que proponen cien maneras distintas de hacerle creer a un hombre que tuviste un orgasmo y ocho fórmulas para que te proponga casamiento sin que se dé cuenta. Esas cosas no te hacen más mujer: sólo te transforman en una persona desagradable.
Ser mujer es responsabilidad y respetarse a sí mismas. Ser mujer es todo y más... ¡Concentrémonos en ser MUJER! Ya no escuchen más cantos de sirenas, recuperen su esencia, su destino, se los suplica un mundo que agoniza, se lo reclama el hombre con su voz de martillo, antes de que se muera la esperanza, antes de que ya todo esté perdido. Las mujeres somos los únicos seres capaces de pensar con el corazón, actuar por la emoción y vencer por amor.
Ser mujer es amor, belleza, sensibilidad y fortaleza, gobernados por un gran corazón. Hablamos hasta por los codos es cierto pero eso nos permite una mayor comunicación. Podemos ser tan frágiles como un pétalo de rosa y tan fuertes como un roble al mismo tiempo sin que parezca crisis de identidad, tomando lo mejor de nosotras mismas para afrontar las situaciones según lo ameriten.
Sí, yo sé que ser mujer no es cosa fácil; batallamos con dolores cada mes, las hormonas nos vuelven locas y todavía peleamos por igualdad ante la sociedad. Sin embargo, sobre la balanza, son muchas más las virtudes y gozos que podemos disfrutar al ser ¡orgullosamente mujeres! Podemos usar maquillaje, llorar sin vernos débiles, damos vida que es un privilegio que no tiene comparación, poseemos una cualidad que es la envidia de los hombres y es que muchas somos multiorgásmicas, muchas somos capaces de experimentar más de un orgasmo en una relación sexual, lo cual permite gozar del placer de forma única.
También podemos hacer varias cosas al mismo tiempo, esa es una virtud de la que las mujeres podemos presumir, por ejemplo yo en este momento me encuentro escuchando música, escribiendo este artículo, cocinando y chateando con un amigo.
Toma una vida convertirse en mujer, uno nace mujer pero realmente es a lo largo de los años que uno se convierte en MUJER. No es broma, eh, ser mujer es una de las cosas más difíciles que se puede ser. Es más difícil que ser cirujano o astronauta. Creo que es hasta más difícil que ser Director Ejecutivo de una gran empresa. O, en el fondo, es más o menos lo mismo. En serio. Más mujeres deberían tener puestos importantes, porque si los hombres pudieran comprender lo complicado que es ser mujer, sería realmente obvio que el día a día es suficiente experiencia de trabajo para cualquiera de esos high profile jobs (puestos de trabajo de alto perfil).
Y muy importante, ¡tenemos solución para todo! ¿Alguna vez te han pedido algún consejo, una medicina o incluso papel higiénico? ¿Habías analizado que casi siempre tienes lo que te piden al alcance? Esto es algo que desde adolescente me pasa. No sé si será gracias a nuestro agudo sentido de intuición o instinto maternal que nos hace cargar hasta con el paraguas por si es necesario.
Así que ser mujer es una bendición de la Naturaleza, es la oportunidad de crear, generar, cambiar y dar origen a nuevas cosas. Ser mujer es ser complicada e ininteligible a los hombres, es ser sensual y atractiva, es ser delicada pero también fuerte frente a las situaciones adversas, es ser ama de casa, madre y esposa, vecina, amiga, compañera, profesional y ciudadana, porque las mujeres no tenemos que limitarnos a un solo rol, ni estamos hechas para ello porque también somos versátiles.
Ser mujer es tener una capacidad infinita de amar y por lo tanto de gobernar siempre con el corazón, es tener la tenacidad de salir adelante en las situaciones adversas, es saber que aunque no parezca, la decisión siempre está en nuestras manos y que al final, siempre somos nosotras quienes decidimos y es ahí donde reside nuestra mayor valía, pero también nuestra mayor responsabilidad. La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre.
Ser mujer es fabuloso, así que olvídate de esos malestares mensuales o el dolor de los tacones y disfruta a lo grande. Mereces ser feliz… Eres guerrera, eres una sobreviviente en un mundo de hombres. Juntas podemos hacer un mundo mejor. Sin dudas es genial ser MUJER.