Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos más profundos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

jueves, 26 de mayo de 2011

El mar y yo

Todas las personas tenemos un lugar preferido sobre todo alguno que nos trae buenos recuerdos, pero también todos tenemos un lugar de escape que consideramos nuestro santuario. Precisamente ese es el lugar que buscamos cuando queremos huir de todo, deseamos llegar a él para olvidar, hacer volar nuestro estrés o simplemente reír y tal vez llorar.
Ese lugar para mi, de desconexión por excelencia es el mar. Me gusta su color, su sonido, la fuerza indomable con que lo domina todo... muchas veces me quedo extasiada contemplando las olas, esa imagen tan llena de fuerza y de vida… adoro su calma y sus tormentas, sus olores a roca, salitre y algas, su vigor, la inmensidad de su belleza me atrae poderosamente, en sus aguas me siento poseída... y me dejo llevar, es como un amante que me acaricia hasta hacerme perder los sentidos...
Como diría Benedetti: "Nunca sabré qué espero de él ni qué conjuro deja en mis tobillos, pero cuando estos ojos se hartan de baldosas y esperan entre el llano y las colinas o en calles que se cierran en más calles entonces sí me siento náufrago y sólo el mar puede salvarme".
Les confieso que si hay algo capaz de cambiar mi estado de ánimo al instante, es el mar. Cuando me doy cuenta que las pilas se me descargan más de la cuenta, voy a pasear por la orilla del mar a cualquier hora, esa acción tan simple me inyecta una dosis de felicidad que a veces es incluso adictiva... cuando siento nostalgia o estoy más sensible de lo habitual, sentarme a contemplar el mar me proporciona una paz y una conexión conmigo misma difíciles de conseguir en otro lugar...
Adoro sentarme a la orilla del mar, permanecer ante tanta belleza en movimiento, en esa líquida fragancia de espuma y luz, sentir mis pies sobre la arena huidiza al tiempo que mis ojos se llenan de horizonte y bruma... sentir su brisa como me acaricia en suave roce y me invade con su frescura, sentir las olas mojando mis pies y mi cuerpo, con esos vaivenes unas veces ligeros y otras tempestuosos… es como hacer el amor, como diría una amiga: es un orgasmo visual.
Me gusta sentarme en un tronco, una piedra o simplemente en la arena, y contemplarlo sin importar el tiempo que transcurre… escuchar el ruido de las olas, sentir el aire fresco producto de la brisa marina y sobre todo los amaneceres y las puestas del sol. En esos instantes les juro que tengo la sensación de estar sentada en el trono de los dioses.
Cuando estoy frente al mar respiro hondo y un sinfín de recuerdos vienen a mi mente mientras el viento agita mi pelo entre susurros de aire y entonces doy rienda suelta a mis pensamientos en la maraña del bosque de mis ideas y la charca de mis ilusiones… en ese lugar que respira frescura, donde me abstraigo de todo lo que me duele o me molesta, me estresa o me atormenta, me siento completamente libre y relajada. Ahí, donde los únicos sonidos que escucho son los del viento besando ligeramente mi piel y el agua golpeando sobre mi cuerpo, donde los protagonistas del momento somos el mar, la brisa marina y yo, lleno mi espíritu de paz y energía. Unas horas junto a ese inmenso universo verde-azul me ayuda a liberar la tensión que acumulo en la casa, en el trabajo, en el día a día... sus aguas lamen las heridas que pueden haber abierto otros.
Si estoy muy estresada o deprimida, trato por todos los medios de ir a la playa y si logro hacerlo, irremediablemente acabo tirada en la suave arena, con los ojos cerrados, escuchando el rumor de las olas al llegar a la orilla. La salada brisa alborota mi pelo y recorre juguetona mi rostro, sacándome una media sonrisa que por mi estado de ánimo o mi cansancio no me creía capaz de esbozar. Tras un largo tiempo, me levanto sosegada, satisfecha, me sacudo la arena y a veces camino por la orilla sumida en mis pensamientos sin ser consciente de lo demás que está a mi alrededor, solo tengo conciencia de ese mar que respiro, que endulza mi mirada… ese mar que es capaz de limpiar mi alma y darme tranquilidad.
Cerca del mar me gusta en la mañana despejada y fresca ver como el tenue astro se eleva saliendo de toda la inmensidad oceánica que soy capaz de vislumbrar, y quedo extasiada ante un espectáculo tan singular y hermoso… la rojiza luz se mezcla con el vaivén del océano y en una ilusión óptica parece que el agua hierve en todos los lugares donde la toca la luz de fuego, poco a poco la blanquecina niebla va desapareciendo de la costa mientras que el sol abrazándola, gana con su calor la dormilona quietud del amanecer.
Además de la serenidad y satisfacción que me brinda, la orilla del mar es un lugar especial asociado en mis recuerdos y pensamientos a cuentos y películas de amor, a sirenas y piratas, a noches de naufragios y búsquedas desesperadas. Y por supuesto un lugar de encuentros y desencuentros.
En sus márgenes me gusta respirar profundo y abrir los brazos para sentir como mi espíritu se llena de su energía poderosa y revitalizadora, lo visualizo como una madre amorosa porque es un sanador por excelencia, tiene todos los elementos necesarios: agua, aire puro, sol y tierra… Además la orilla de la playa también es ideal para trotar, sintiendo la brisa marina en la cara y respirando su aire fresco, si se hace temprano en la mañana te quedas con la energía del mar impregnada en tu ser para el resto del día, y si es en la tarde descargas todo el cansancio y el estrés quedando lista para una noche bohemia, loca tal vez, romántica y alegre.
Sí, decididamente adoro el mar, tanto como adoro la calma del día y la ironía de la noche, ser amiga de mis amigos, la pasión del que ama, la ilusión y el silencio, la locura, la música, la vida, los segundos que vive mi alma…
Hoy quiero una vez más caminar a la orilla del mar con las experiencias aprendidas a lo largo de los años, entre ellas que mis hijos son mi universo, que en medio de tanta gente inmersa en su propia vida (muchas veces hipócrita y desleal) encontrar a mi gran amiga es lo mejor que me ha pasado, que los que amo y están a mi lado, en mi corazón hoy, son mi sustento...
Les confieso que me senté a escribir de otra cosa, no era mi intención hacer este post, pero me ha salido… quizás porque hace solo una semana que estuve en la playa y ya ansío volver a estar allí, esta pasión es adictiva… he terminado escribiendo algo más de mí y creo que es una manera de que me conozcan otro poquito. Es posible que a muchos de ustedes les apasione también el mar, pero les diré un secreto, el y yo somos amantes eternos, ¡sí! aunque le joda a la arena, he visto muchos atardeceres bellos a la orilla del mar y no me canso de hacerlo porque cada puesta de Sol allí es diferente, las nubes, la luz, las olas, su olor… lo hacen un espectáculo único. Puedes verlo cada día y cada día disfrutar de esos instantes como si fuera la primera vez.
De tanto ir y venir llevo la imagen del mar y de las playas en mi retina, de todas las bellezas de la naturaleza es mi imagen preferida, un bello panorama para disfrutar de un amanecer inigualable, de un atardecer inolvidable, de horas y días incomparables. El mar es fuente de inspiración para los que sentimos con el alma y escribimos con el corazón, por eso les dejo besos con sabor a salitre.

3 comentarios:

  1. Fuerza, calma, profundidad, azul reflejo, blanco parpadeo a orillas de los pies, emociones, sentimientos, vida milagrosa... el mar, inspira tantas cosas, ¿verdad? Leerte es una caricia para el corazón, una dulce sensación de bienestar. Hay tanta sensibilidad en lo que escribes que cuando las personas te leen estoy seguro que los transportas hasta tu mundo, hasta tu corazón y tu alma, al menos a mi me ocurre.
    Hoy leyéndote he caminado y me he sentado contigo a la orilla del mar, de esas aguas azules, aguas volcadas en el sentir de tu corazón. Las olas de tus palabras llegan a los sentidos con la suavidad de esa espuma marinera e inspiran lo mismo que el mar: positividad, esperanza y vida.
    Amiga mía, estás tocada no solo por esas aguas azules, también lo estás por el talento, la ternura y la pasión que llevas dentro y plasmas cuando escribes. Tus palabras son un fascinante baño de sensibilidad. Mil gracias por compartir tanto y tan bueno Es maravilloso leerte.

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  2. lo mismo digo Frank, es una bendición poder leer a esta mujer tan seguido, a mi me llenan de energía sus palabras, si Dios me diera la oportunidad de conocerla sería muy feliz.
    Rosabel yo también adoro el mar y com odice nuestro amigo también estuve junto a ti caminando por la playa mientras te leía.

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  3. Peter me alegra saber que también te gusta el mar y que te sentiste tan bien cuando leías esto que caminaste junto a mí, hubiera sido un placer.
    Frank dices que cuando lees lo que escribo te transportas hasta mi corazón y mi alma, eres una persona encantadora y también me gusta mucho lo que escribes, esa fuerza que tienen tus palabras, dices que al leer te sentaste y caminaste conmigo por la orilla del mar, me alegra que haya sido así porque para mí, de imaginarlo, también es un placer caminar con alguien como tu junto por la orilla del mar, de veras.

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