Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Una mujer segura



Hola amigos, sigo enredada pero no me olvido de escribir, ayer iba a poner un texto que se les gustará porque es uno de los temas predilectos de todos: el amor. Me fue imposible hacerlo porque no tenía conexión, mañana se los pongo. Porque hoy he decidido hacer este después de escuchar a una mujer decir: “He dejado de hacer tantas cosas en mi vida, unas por miedo y otras por falta de tiempo, el tiempo nunca me alcanza para ocuparme de lo que realmente quiero. Ojala pudiera ser como esas mujeres que se comen el mundo sin mirar para atrás”. Esas palabras me dejaron un sabor amargo, porque entrelíneas adivino mucho más.
La seguridad no es un producto que se compra en una tienda, es un valor creado a través del tiempo, adquirido mediante diferentes actitudes. Una mujer segura es una mujer atractiva (aunque no cumpla los cánones de belleza), poderosa y capaz de realizar los sueños de su corazón. Para lograr esa seguridad lo primero es ser fiel a sí misma, luchar por sus sueños y hacer lo que le gusta. Una de las herramientas más útiles para cultivar la seguridad personal es conectarnos con nuestra fuerza interior porque cuando hacemos lo que nos sale del corazón y caminamos hacia donde queremos ir, no importan los obstáculos que encontremos en el camino.
Cada una de nosotras en muchas ocasiones ha tenido que confrontar el temor para hacer cosas en la vida, pero amigas, coraje no es no tener temor, coraje es hacer las cosas a pesar de sentir temor. Si esperamos que el temor desaparezca para hacer algo, podemos estar esperando la vida entera. Otra cosa fatal es querer impresionar o agradar a todos. Cuando quieres impresionar a todos sin duda serás miserable porque estarás todo el tiempo pensando cosas como “¿qué pensará de mí?”, “¿Cómo habrá tomado lo que hice?”, “¿creerá que así estoy bien?”… en fin, en cada cosa que hagas o digas lo que te importa es la opinión ajena.
En la vida vamos pasando por experiencias que a veces nos hacen perder la seguridad en nosotras mismas. Algunos la pierden por un desengaño, un fracaso o una frustración. O por padecer una enfermedad, sufrir un accidente o perder a alguien o algo.
Pero seguridad es una forma de pensar, una actitud y un sentimiento que genera un sistema de creencias, donde no importa el reto que enfrentes, tú confías en que puedes manejarlo y para ello estás dispuesta a hacer todo lo necesario para conseguir lo que deseas. Tampoco podemos olvidar que la seguridad en sí misma es una combinación tanto mental como corporal. La personalidad se revela mediante gestos, expresiones faciales y postura, no sólo por medio de palabras. En muchas ocasiones el lenguaje corporal habla más de nosotros que las palabras o el silencio.
Tu lenguaje no verbal, es decir la manera como manejas tu cuerpo, abarca un alto por ciento del mensaje que emites. Por ejemplo, la forma de mirar, aclarar la garganta, rascarte la nariz, cruzar piernas o brazos, taconear o la velocidad al caminar, influyen en la forma en que otros te perciben y la manera como te tratan. Tu manera de vestir, el peinado, los accesorios que utilizas, la forma en que te maquillas y el perfume que usas también son formas de comunicación poderosas.
Muchas veces tenemos claro un deseo, que puede ser iniciar un negocio, dejar un mal hábito, volver a estudiar, cambiar de trabajo o quizás dejar una relación que no te conviene. Pero cuando te das cuenta de todo lo que implica la inseguridad se prende como una luz roja que te detiene. Empiezas a cuestionarte: “¿Podré lograrlo?”, “¿Tendré fuerza y persistencia para continuar?”, “¿Podré superar todos los obstáculos?”. Estas preguntas y otras muchas te hacen dudar y olvidas que tu seguridad no puedes basarla en si puedes o no recorrer el camino sino en que quieres y puedes comenzar ese camino.
Hay que dar el primer paso, porque cada acción que tomemos hacia nuestra meta incrementará nuestra fe y seguridad. La clave está en emprender el viaje hacia tu sueño, en hacerte un compromiso. Sólo de esa manera no te rendirás cuando empiecen a llegar los obstáculos que te pueden sacar de tu sendero, el compromiso te mantiene. Así que todo lo que necesitas es decir: ¡voy a hacerlo!
Otra cosa necesaria para lograr tus metas es aprender a ponerte en primer lugar. Si no lo haces será muy difícil lograr lo que te propongas. Esto indudablemente, es un reto para nosotras las mujeres porque crecemos pensando que para ser una buena mujer debemos todo el tiempo sacrificarnos por los demás, y si no lo hacemos muchas veces nos consideran una egoísta, una mala madre, mala esposa o mala hija. Yo he logrado muchas metas porque he puesto mis prioridades en orden. En muchas ocasiones la persona más importante en mi lista soy yo, sin sentirme culpable porque he aprendido que todo el tiempo no podemos pasarnos la vida poniendo las prioridades de los demás antes que las nuestras porque supuestamente son “más importantes” que nuestros sueños.
En la medida que seamos capaces de luchar por nuestros sueños seremos capaces de dar lo mejor de nosotras a quienes queremos, por eso necesitamos seguir a nuestro corazón. Muchas mujeres gastan demasiado tiempo tratando de hacer felices a los demás y dejan de lado todo lo que realmente ellas desean. Si a este tipo de personas los sorprendes y le preguntas de repente “¿qué quieres hacer tú?” Se quedan pensativas divagando sin poder dar una respuesta. Estas personas terminan siendo unas frustradas, amargadas, inconformes con su vida, con su “destino”. Todas necesitamos tener nuestros propios sueños, nuestra propia visión y luchar por ella.
No podemos olvidar que seguridad es una forma de pensar, una actitud y un sentimiento donde no importa el reto que enfrentes, tienes que confiar en que podrás manejarlo. Lo único que elevará tu confianza es ¡actuar! Insisto en esto porque conozco a muchas que saben lo que desean, pero están esperando a tener la certeza de poder lograrlo para entonces empezar.
Con todas las responsabilidades, estrés, ajetreo y compromisos que vivimos día a día, a veces se dificulta encontrar tiempo para explorar lo que realmente nos da satisfacción. Por eso necesitamos hacer un stop y ponernos de número uno en nuestra lista de prioridades y darnos la importancia que tenemos y consentirnos nosotras mismas, pensar… Dedicar tiempo y energía a las cosas que nos hacen feliz, tomar decisiones basándonos en lo que nosotros queremos y no en lo que otros desean.
A veces hablamos de la seguridad como un talento sólo para algunas afortunadas, una cuestión de suerte. Pero no es así, para ir por la vida "pisando fuerte", hay que construir la confianza en uno mismo y tener la certeza que ser una mujer segura, no es ser una mujer perfecta. Saben una cosa, hay quienes dicen que una mujer segura, es la inseguridad de un hombre. Pobrecitos.
Amiga, cómprate flores, lee un buen libro, escucha tu música preferida, ve a tus lugares favoritos, arréglate y cuida de ti. Es posible que tu familia, amigos, vecinos, y muchos de los que te rodean te hagan sentir mal cuando no les dediques el tiempo que desean y es normal porque están acostumbrados a que siempre estés disponible. Este hábito es difícil de romper, pero tenemos que hacerlo porque una mujer que olvida sus aspiraciones y sueños, para darle prioridad a los deseos de otros, no se ama a sí misma. En la medida que tú te quieras te querrán los demás.
Nunca dejes de ser tu misma, no abandones tus deseos, escucha tus necesidades, mantente en conexión con tu alma para cultivar tu seguridad personal. En lo más profundo de tu interior reside la fuerza que necesitas para brillar como ninguna. Ama sin miedos, siente la felicidad sin miedos, vive el hoy, sé feliz. No seas la mujer que necesita a un hombre, sé la mujer que un hombre necesita.
La vida es muy corta para levantarse con lamentaciones. Lo mejor es creer en que todo sucede por una razón y si te dan una segunda oportunidad, atrápala con ambas manos. Si te cambia la vida, permítelo. Besa despacio. Perdona pronto. La vida nunca va a ser fácil pero vale la pena. Sé una mujer segura de sí misma, confía en ti, en tus instintos y asegúrate de ser la clase de mujer que cuando tus pies tocan el piso cada mañana el diablo dice: “¡De Madre, ya ésta se levantó!".
La inseguridad en una mujer causa estragos y no le permite gozar de sí misma, ni de sus relaciones, ni de sus sueños... Combate la inseguridad y vive libre, sé una mujer que sabe lo que quiere (y lo que no quiere).

viernes, 10 de mayo de 2013

La única recompensa... el amor de nuestros hijos



He visto que algunos se me adelantaron en las felicitaciones por el Día de las Madres. ¿Acaso temían que yo me perdiera nuevamente? No, amigos, no me perderé y un día como este menos. El ensayista, novelista y poeta libanés Khalil Gibran dijo: “Madre: la palabra más bella pronunciada por el ser humano". Lindo tema para reflexionar, ser madre no es nada fácil, aun cuando Dios nos doto del Instinto Maternal. El único derecho irrenunciable que tiene una mujer como tal, es el de ser Madre, porque le permite consumar la función de su naturaleza y experimentar unas sensaciones y sentimientos sublimes, que de otro modo jamás hubiese conocido.
Sobre este tema ya he escrito algunas veces y ahora que se acerca el día de las madres volveré a hacerlo. Estos temas, como madre y mujer que soy me enloquecen y estaría horas hablando. Pero iré al grano y sin enredos.
Para ser madre no se requiere título ni experiencia. Los niños no llegan al mundo con un manual de instrucciones debajo del brazo. La experiencia de cada mujer, de cada madre, es única, personal, e incomparable. Todo el mundo habla de lo bello que es tener un hijo, pero nadie habla de lo agotador que puede llegar a ser, sobre todo cuando son pequeños.
Confieso que yo tuve momentos en los que casi caigo de cuajo al piso de lo cansada que estaba, el día se me iba volando y hubo algunos en que al llegar la noche me daba cuenta que llevaba horas aguantando sin ir al baño. Este trabajo de ser madre nadie lo estudia en la universidad, y es una responsabilidad gigante, se trata de cuidar a tu hijo, y entre tanta responsabilidad, tareas, preocupaciones y adivinanzas (porque aún no se ha encontrado el “Diccionario del Bebé”), honestamente creo que uno tiene todo el derecho a equivocarse. Ser Madre no es tarea fácil y todo el tiempo nos estamos preguntando “¿lo estaré haciendo bien?”.
Todas sabemos que ser madre es lo más grande y bello que nos puede pasar, es nuestra consagración como mujeres, pero es duro, ¡no digan que no! Esa es la experiencia más poderosa que puede vivir una mujer, nada nos marca tanto como el momento en que por fin sostenemos en brazos al hijo que ha salido de nuestras entrañas y vemos que nos mira a los ojos como diciendo: te conozco.
¡Pero ser madre es duro amigas! Y no se trata sólo de la falta de sueño, de los cuidados que demanda un recién nacido, ni de la falta de experiencia y la incertidumbre de si lo estás haciendo bien o no. Es mucho más que eso. Es la ruptura total y repentina con tu propia identidad, con lo que hasta el instante de parir te había definido: tus proyectos, tus ambiciones, tu trabajo, tus amigos, tu cuerpo, y todo lo que llamabas tuyo. Tu tiempo. Tu vida.
Es mirarte al espejo y no reconocerte. Es preguntarnos frente al espejo: ¿En qué momento te convertiste en esta mujer ojerosa que no tiene ni un minuto para sí? ¿Quién eres ahora? Sigues siendo tú, sólo que una versión más grande de ti misma. Pero al principio no te encuentras porque no vinculas esta nueva vida con aquella otra vida que de pronto te parece tan remota, aquella en la que ibas y venías a tu antojo, disponías de tu tiempo y te pertenecías. Y es que ahora toda tú eres para otro ser, que no sólo se alimenta de tu leche, sino también de tus caricias, de tus palabras, de tu calor.
El tiempo pasa y llega el momento en el que las tomas son menos y las horas de sueño nocturno se alargan. Nuestro bebé aprende a sostener la cabeza, a virarse solo, a gatear… cuando menos lo esperas te regala una sonrisa y en ese instante piensas que todo el esfuerzo ha sido poco. Un día te dice mamá y sientes una emoción indescriptible que te hace llegar hasta las lágrimas… El tiempo sigue pasando y lo ves correr en el parque, jugar con otros niños, garabatear las primeras letras o un dibujo que te muestra orgulloso. Y entonces te convences más que nunca que por nada del mundo te cambiarías por esa otra mujer que eras y que tan poco sabía acerca del amor.
Sé que cuesta mantener la paciencia en determinados momentos, como cuando se resisten a meterse en el baño, o en la cama, o cuando no quieren comer porque no, o no quieren tomar la medicina, o no les apetece recoger porque ninguno de los dos sacó los juguetes, o cuando no acuden a al primer llamado, o cuando después de decirles varias veces que hagan algo y es como si hablaras con las paredes… en situaciones así sólo nos debemos de repetir una frase: “es normal, son niños” e intentar con mucha paciencia hacerles entender y ver la situación.
Siendo realista esto no siempre es fácil de hacer porque todos los días no estamos igual de ánimo y esos días son peligrosos porque es muy fácil perder los estribos, dar alguna mala respuesta y pegar algún que otro grito. Pero bueno, ¡somos humanas! Las veces que me ha pasado después hablo con mis hijos y les pido disculpas, incluso perdón si es necesario, porque no me gustan los conflictos y menos con ellos (hacen mucho daño), de esa manera el desagradable incidente queda solucionado con besos y abrazos por ambas partes.
La maternidad nos otorga no sólo un sexto, sino también un séptimo sentido para que a nuestros niños no les falte de nada. Y no sólo podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, sino tres, ¡incluso cuatro! Claro esto a veces trae sus contratiempos, recuerdo que una mañana en medio de la vorágine de cosas habituales en ese horario puse la cafetera para colar café y jamás me volví a acordar, ¡imaginan el resultado!
Cuando eran chiquitos mientras me duchaba y me arreglaba en las mañanas, no dejaba de controlar la situación con frases como: “¿ya se vistieron?”, “¿qué están haciendo? No pierdan el tiempo”, “no se demoren desayunando que se nos hace tarde”, “péinense y lávense los dientes, ¡de prisa!”… todavía no me explico cómo podemos hacer todas esas cosas al mismo tiempo, es increíble, estamos en todo. Si iba con ellos al parque o a la playa, mientras jugaban me ponía a conversar con otras madres, pero a esas mujeres ¡ni les miraba la cara!, porque todo el tiempo tenía la vista fija en mis fierecillas, pendiente de lo que hacían y dónde estaban para que no se fueran a dar un golpe o se me extraviaran, porque si algo de eso pasaba ¡imagínense, entraba en catalepsia! 
No soy ni seré una madre perfecta, sino una mamá real. Siento, padezco, me canso; pero no importa, porque lo hago con mucho amor y adquiero una gran recompensa por ello. No hay nada más bello que llegar a casa, agotada después de un duro día de trabajo y ser recibidas por gritos de júbilo y enormes sonrisas, porque ya llegó mamá. No hay nada más reconfortante que el fuerte abrazo y beso de ese hijo, que una Madre sabe y siente, que le ama más que a nadie en el mundo y para el cual ella es la mejor y más bella de todas las personas del universo.
Cada día me convenzo más que el trabajo de una madre es enorme y la única recompensa... el amor de nuestros hijos... aun estando conscientes de que son prestados porque cada vida tiene su propósito y que más temprano que tarde, van en búsqueda de sus propios sueños...
Felicidades a todas en el Día de las Madres.

jueves, 9 de mayo de 2013

Días complicados



Sí, el tiempo pasa tan rápido… hace 15 días que no escribo en el Blog. Es algo que no tenía pensado, por supuesto, pero entre una cosa y otra los días han ido pasando, se me ha ido el tiempo sin darme cuenta. Por ello quiero disculparme especialmente con las personas que suelen entrar a este sitio con regularidad en busca de algo nuevo. Algún que otro día de estos tan complicados, he comenzado a escribir varios textos pero ninguno a llegado a su destino, que es este.
Han ido pasando los días, las cosas, la vida camina muy de prisa. Creo que no he pensado con claridad en los días recientes. O quizá sucede lo contrario; sufro de una alucinante lucidez. Pero lo cierto es que cuando llevo tres o cuatro días sin poner un post me entra angustia, y en este caso me siento fatal porque son ya mucho más de tres días. Ayer alguien me dijo que me veía triste o quizás muy seria, ¿será verdad? Triste no me siento, yo creo que más que nada lo que estoy es un poco agobiada por todo. Solo eso.
No escribir no significa que dejen de pasar cosas, muy por el contrario a veces ocurren muchas. Realmente en las últimas dos semanas he tenido mucho trabajo, además he estado y aún estoy muy tensa y preocupada porque las niñas están presentándose a los exámenes para ingresar a la universidad y aunque se han preparado bien, las pruebas son duras y cualquiera falla. A pesar de que confío mucho en la inteligencia y preparación de ambas eso me genera un estrés increíble. A eso se le suman los problemas habituales y la salud de mi mamá que sigue en picada. También en estos días me propusieron algo y estoy dándole vueltas a decir que si o a decir que no... ¡Vaya dilema!
En medio de todo esto, como saben, estuve de cumpleaños, que por cierto esa celebración la empecé como dos días antes y terminó casi dos días después, con sus intermitentes claro está. No hay quien aguante tanto. Pero mi hermanita y los muchachos (nuestros hijos) hasta una fiesta de cumpleaños prepararon, esos días los pasé muy bien realmente, estuve casi todo el tiempo con ellos, me reí mucho, escuché muchísima música, jugué… y bueno, también pasaron cosas “trágicas” me di un golpe en un pie que todavía me tiene cojeando (fíjense si fue fuerte) y el mismo día de mi cumpleaños, entre risas, picando hielo me hice una herida en una mano que todavía me duele bastante.
En fin me han pasado cosas muy buenas y algunas no tan malas, pero a pesar de las preocupaciones y la tensión, he sido feliz en estos días y los he disfrutado de verdad. Estos momentos hay que aprovecharlos porque la vida me ha demostrado que la felicidad es efímera y escasa. Una vez leí una frase que decía: "la felicidad es el camino, no el destino", en un principio no la entendí, creo que ahora la entiendo. Creo que significa que la felicidad no puede ser nuestro destino porque nunca es completa y la vida tiene otras muchas metas que nos harán felices, entre otras cosas. Es decir, la felicidad debe de ser como un compañero de viaje, que nos acompaña y nos da fuerzas en nuestro caminar por la vida. Y aunque a veces este compañero se canse de seguirnos, la realidad es que siempre, siempre, vuelve. Vuelve en forma de persona especial, de momento único, de vidas nuevas... solo tenemos que saber verla y disfrutarla. Y claro está, todo es mas fácil si a tu lado residen personas que nunca te dejan y que te muestran que ser un poco más feliz no es difícil.
Déjenme decirles que el día del cumpleaños intenté escribir una entrada y contarles todo, pero estaba ufffffff… muerta de cansancio, apenas pude escribir dos párrafos cuando el sueño me venció. Así que nada más lejos de la realidad…, después he intentado en dos ocasiones hacer esta entrada pero hasta hoy no he tenido forma de lograrlo.
En resumen amigos, han sido unos días locos, ajetreados, festivos, tensos… y eso me ha impedido escribir pero no quiero que piensen que me he olvidado del blog. El blog es un vicio que me genera un placer indescriptible. Es tan así, que normalmente me encuentro a diario pensando en escribir. Cualquier cosa me lleva a pensar en el Blog, cosas cotidianas, de trabajo, sentimientos… Aunque en ocasiones escribir un post me resulta difícil y me lleva mucho tiempo, porque en determinados temas busco la forma de no herir susceptibilidades. Quienes me conocen saben que algunos temas los escribo, releo, borro, reescribo… hasta que me parece que dice lo que yo quiero sin ser grosero o vulgar. A pesar del trabajo y muchas veces del poco tiempo (a veces escribo de madrugada) sigo escribiendo por lo que creo que debo ser masoquista en este sentido.
La tarea de vivir, no es fácil, pero mientras pueda sembraré hasta cultivar en tierra fértil mis sueños y deseos, que se hacen realidad día a día… Normalmente sentimos la necesidad de hablar sobre nuestros problemas o situaciones con alguien, la necesidad de desahogarnos por momentos, de que alguien nos entienda, nos comprenda... y escribir nos da esa posibilidad, es llegar y empezar a poner lo que sentimos, lo que ha pasado en el día, de todo lo que nos hace o nos hizo daño… Pero no solo tenemos esa necesidad cuando nos encontramos mal o frustrados, también la sentimos por simple felicidad, por ilusiones, por amor, cuando estamos alegres y felices.
Bien, lo cierto es que estoy de nuevo aquí con ustedes, aún estresada, preocupada por los exámenes de las niñas, con mis altas y mis bajas como todo ser humano, pero aquí.

miércoles, 24 de abril de 2013

Poner límites a los hijos



Todos sabemos que la tarea de educar no es nada sencilla. En repetidas ocasiones hemos oído el concepto “poner límites” pero llevarlo a cabo no es tan natural ni tan sencillo, sin embargo, tampoco es imposible. Es cierto que no todos los niños son iguales, ni se trata de estandarizarlos, se trata de ayudarlos a encontrar su mejor potencial. Aprender a poner límites a nuestros hijos es una tarea imprescindible en su educación.
Concederle a los hijos todo lo que piden, darle todas las cosas echas, solucionarle todos los problemas, dejarle que se salgan siempre con la suya... no les ayudará a ser responsables ni aprenderán que las cosas se logran con esfuerzo. No puede haber socialización ni verdadero sentido de la justicia si no se renuncia al principio del propio placer y al interés egocéntrico. El deseo o el principio del propio placer tiene sus propias leyes. Su consigna es: ¡“Quiero todo Ya!..!“ El límite pone fin a esta fantasía de ilimitación y omnipotencia. Si el adolescente permanece en un estado de ilimitación, de satisfacción espontánea de sus continuas demandas, nunca llegará a la madurez humana. En ese caso, no hay educación sin una adecuada dosis de frustración. Porque toda educación supone la reducción del deseo y de la fantasía de omnipotencia.
Los hijos conforme se van haciendo cada vez mayores, los adolescentes, cuestionan cada vez más las normas y límites que sus padres les imponen. Sin embargo la disciplina es una herramienta básica en la formación de una persona responsable y estable, así que es muy importante tener normas y límites bien definidos y exigir que todos los respeten.

Esto es complicado, los padres muchas veces le dejan la tarea a la escuela y a su vez la escuela dice que es problema de los padres. Lo cierto es que cuando los muchachos van creciendo sin saber a ciencia cierta hasta donde pueden llegar en su comportamiento las cosas se van complicando mucho más, porque crecen los problemas. Tenemos que perder el miedo a limitar a nuestros hijos. El escritor y pedagogo argentino Jaime Barylko ha dado una explicación de este desentendimiento de los mayores: “El Siglo XX ha sido el siglo de la permisividad, un tiempo en el cual los padres que habían experimentado exceso de autoridad, creyeron que lo mejor que podía pasarles a sus hijos era la permisividad. Esta permisividad estuvo también sostenida por ciertas teorías psicológicas”.
Limitar no es aniquilar, por el contrario es dar vida, si lo hacemos adecuadamente. Los límites son educativos porque ayudan al joven a desarrollar la aceptación de la ley y el respeto a la autoridad legítima. Además al limitarles la realidad hacemos que se vayan dando cuenta que no somos omnipotentes y que la realidad no es tan manipulable como ellos pretenden desde su pensamiento mágico y egocéntrico. Cuando les decimos “basta” o “no hay más” o “espera un poquito” o “hasta aquí”, de algún modo estamos  funcionando como un representante de lo real para ese hijo; le estamos adelantando situaciones que tendrá que experimentar, lo estamos ayudando a ubicarse.
Eso es educación, porque señores la vida muchas veces nos dice “no” y, si no sabemos aceptarlo, vivimos resentidos. Por ello la educación tiene que llevar a la persona a comprender y aceptar que no todo saldrá siempre según su deseo, que no siempre logrará lo que se propone. Esto se denomina tolerancia a la frustración y es un rasgo fundamental de la personalidad madura. Quien no lo adquiere será un caprichoso consentido, aunque tenga 60 años.
El establecimiento de límites es esencial a la hora de educar. Sor Juana Inés decía que el amor es como la sal: dañan su sobra y su falta. Lo mismo podríamos decir con respecto a los límites, ya que la clave está en no ser abusivo con los mismos pero tampoco desestimarlos. Tanto la permisividad total como la sobreprotección pueden generar consecuencias muy negativas en el desarrollo emocional de un niño.
Poner límites en la educación de los hijos ayudará a que aprendan a tomar decisiones en su vida en el momento correcto. Los adultos frente a sus propios hijos, quedan frecuentemente sorprendidos y desorientados por las pretensiones del chiquito.
La insolencia y la falta de respeto no son signos de independencia, señalan la presencia de un comportamiento inmaduro. Ante esto, los padres debemos modificar esa conducta pero para ello tenemos que asegurarnos que las normas sean verdaderamente razonables. Como adultos con experiencia somos la voz de la reflexión. Por tanto no podemos fabricar excusas para desestimar o justificar un mal comportamiento, no es la mejor manera de ayudarlos a crecer. Los límites que NO son aplicados por nosotros los padres, serán impuestos de forma mucho más dura por la propia sociedad.
Por otro lado, es normal que los adolescentes desafíen a los padres porque están probando hasta donde se puede llegar, para tener mayor claridad de la estructura de esos límites. Los padres de adolescentes deben volver a aprender a criarlos y protegerlos, brindándoles amor y poniéndoles límites, pero sabiendo que ellos pelearan duramente para no aceptarlos. El adolescente quiere y necesita esas reglas, pero también las pelea. Y está bien que así sea, porque esto ayuda a configurar su autonomía.
Para poner un límite generalmente la gente piensa que se requiere ejercer violencia, agresividad y por tal motivo suele esperar hasta que la situación estalle. Mientras tanto los límites se van poniendo flojos, elásticos y parece que no existen. ¿Qué hacer?, se preguntan muchos. ¿Pasamos de la impotencia a la prepotencia, de la excesiva tolerancia a la intransigencia? Muchas veces los adultos venimos de un sistema autoritario y queremos ser distintos con nuestros hijos. Y lo que termina ocurriendo es que como mismo de niños obedecíamos a nuestros padres, ahora obedecemos a nuestros hijos. La potencia se encuentra en la firmeza y firmeza es mandar a nuestro hijo el mensaje inequívoco de que el límite no se mueve.
Los límites enseñan valores, pensemos ¿Cómo nos sentimos si vamos de noche por una carretera sin señalamientos, ni líneas pintadas en el piso? Los límites son delimitaciones de camino por tanto son cercos protectores, a pesar de lo que molestan a los adolescentes, dan seguridad. Por eso deben ser: claros, concretos, concisos, cumplidos y congruentes. Para ponerlos se requieren tres pasos: se habla, se les recuerda, hay consecuencias. No podemos olvidar que existen dos características básicas para poner límites: firmeza y cercanía.
A veces el solo hecho de nombrar la palabra límites molesta, pues parecería que si estamos “limitando”, estamos cortando las posibilidades de nuestros hijos. Sin embargo, la palabra límite no tiene que ver con limitación, sino con protección, nosotros ponemos límites a nuestros hijos para protegerlos y para protegernos. Desafortunadamente, muchos de nosotros no hemos aprendido y vamos olvidando que al poner límites a tiempo protegemos a nuestros hijos de alcoholismo, drogas y comportamientos delictivos. Nos protegemos a nosotros al enseñarles respeto, orden, cuidado, generosidad... en forma congruente y con afecto.
Ser demasiado condescendientes, ceder después de negarles algo, no cumplir con los castigos que se imponen. Estos son algunos de los fallos más frecuentes que cometen los padres al intentar impartir autoridad ante sus hijos, los cuales pueden ser tan negativos como una actitud paterna autoritaria.
Los padres no nos podemos cansar de ser padres; por lo tanto, no nos podemos cansar de abrazarlos, de decirles que los amamos, de rascarles la espalda, de sentirnos orgullosos de ellos, de sacar el máximo provecho de sus talentos, de transformarlos en las mejores personas que puedan llegar a ser; de pulirlos y ese pulir duele muchas veces. No puedo ser una madre agradable todo el tiempo; tengo que ser también desagradable en algunas oportunidades.
Otra cosa importante es no ceder después de negarnos a algo. Cuando nos disponemos a decir NO a nuestro hijo, tenemos que pensar que una vez dicho hay que mantenerlo y no negociarlo o deponerlo, porque ese es uno de los errores más frecuente y perjudiciales con los adolescentes. Tenemos que cumplir lo que decimos o sentenciamos porque cada promesa o castigo que se expresa pero no se cumple, respeta o mantiene, es una cuota de autoridad que se pierde.
Los adultos actuales hemos quedado presionados entre dos generaciones: la de nuestros padres que siguen esperando el respeto y el lugar que la sociedad le otorgaba, y la de nuestros hijos que esperan la dedicación y los derechos que la sociedad les otorga. Ese lugar de bisagra nos toca a nosotros, sin dejar de disfrutar nuestra propia vida, claro está. Tenemos que tratar de no gritar ni de que nos griten y vivir lo mejor posible, todos juntos.
El educar es una tarea que muchas veces duele en el alma y debo tener la capacidad para poder entender que ser padre o madre es una misión, no es una tarea más a cumplir y que lo haga de manera que mis hijos me encuentren “buena onda” todo el tiempo y yo quede contenta con eso. Debemos recordar qué los límites hacen bien, son educativos y contribuyen a lograr la madurez psicológica. Poner límites a nuestros hijos no significa impedirles que se expresen, es enseñarles a hacerlo en forma adecuada. Hacer esto requiere mucha paciencia, mucha constancia, amor y dedicación. Y de esto se trata el ser padre y madre.

viernes, 19 de abril de 2013

Bendito fin de semana



Sí, ¡sí! ¡Por fin es viernes! Aunque he de decir que la semana se me ha pasado bastante rápido, pero necesitaba que llegara ya el viernes, no se porque pero me encuentro muy cansada... ¿Será por el calor que está haciendo? ¿Será estrés? No sé. Lo cierto es que siento que ya no doy más.
Y bueno, mañana para pasar el día en el nirvana, como dice mi hermanita, nos vamos a la playa, ¡todo el fin de semana! Nuestra intención es DESCANSAR y reírnos hasta que nos duela la barriga.
Adoro el fin de semana. Y no por el comentario fácil e intrascendente de que no se trabaja y esas cosas. Adoro el fin de semana porque me lo paso pegada a mis amigos y a mis hijos, todos somos miembros de una misma tribu que tenemos como único fin disfrutar al máximo de nuestro tiempo y la verdad es que nos reímos como locos. Y este, en especial, por el viaje a la playa.
El clima será propicio para disfrutar de la playa y por tanto la posibilidad de gozar de días de asueto consecutivos. La playa es un lugar que lo tiene todo, el olor de la brisa marina, el relax... nos ofrece el sol, el abrazo del mar, baños interminables y despreocupación. Por las noches, juego, música y darnos el capricho de un buen trago que sin duda ¡saben mucho mejor en la playa!
Vierneeeessss… ¡oh, como te adoro!!!
Ya les contaré como ha sido el fin de semana. Por lo pronto comienza la cuenta atrás. Todo preparado: toalla, trusa, un buen libro, gafas de sol y horas para jugar, beber y dormitar. El primer bañito de la mañana y el del anochecer son espectaculares porque no achicharra el sol.

martes, 16 de abril de 2013

Me rindo feliz


Esta sonrisa que no se desvanece de mis labios cuando tú me miras y haces que sienta esa mariposa revoloteando en mí causando ese cosquilleo en mi vientre y ese revolotear en mi corazón. Y es cuando el amor hace mella, las estrategias de resolución de problemas, las buenas intenciones y los brebajes no encuentran el camino de la restauración, nada se opone al placer amoroso, nadie puede doblegarlo. No existen razones manifiestas. No hay demasiadas justificaciones y explicaciones, sino más bien un rotundo "porque si", tan irracional como hermoso.
No dejes de mirarme, no dejes de tocar mi cielo con tus ojos. No sueltes ni un momento la esencia que nos une en el aire. Tan grande lo que siento, tan fuerte que incluso llega a doler. Pero tan dulce, tan suave y a la vez tan intenso. No pares de hacerlo, no pares de hacerme sentir lo que siento.
Adoro caminar contigo tomados de la mano y sentir tu mano en la mía como un apoyo, mirarnos plenamente a los ojos permaneciendo callados, tu risa que sabe danzar en mis oídos jugando con la mía mientras me acorralan tus ojos, y el gemido de tus besos en mi boca mientras me rindo feliz entre tus brazos. Adoro el adorarte y adoro.... que me ames....
Me atormentas la boca, la piel bendecida por tus húmedos labios, la carne que eriza tu lengua salvaje... Me comes, me exploras, recorres con tu boca las sendas de mi cuerpo, el pecho enardecido, el vientre que se agita, los muslos que se abren, dibujas círculos de fuego cercando mis pezones, tu lengua que culebrea en la gruta de mi ombligo… Me abrasas, me chupas, me robas el aliento, me devuelves la vida con tu aliento... Boca a boca... Labio a labio... Tus labios posesivos que exprimen mi deseo hasta vencerme, hasta agotarme, hasta inundarme la boca de gemidos... Me sorbes, me absorbes, me llevas al cielo con tu boca...
Siento el roce de tus dedos en mi cuerpo y vuelvo a ser yo. Y me siento completa, con vida, con ganas de gastar tus caricias. Olvido cada obligación, dejo atrás las prisas... y me pierdo, sólo sé que me pierdo. Es como si me derritiera al sol como lo hace un helado.
Las palabras son el reflejo del alma y en tu alma sólo hay belleza, que se refleja en tu mirada cuando me miras a los ojos y dices que me amas... Cuando el amor desenfrenado entra en el corazón, va royendo todos los demás sentimientos; vive a expensas del honor, de la fe y de la palabra dada. Eres el fuego que quema mi piel... las caricias que arden en mí ser... por eso me rindo feliz a tu toque, a tu risa… a este amor.