
Una
vez quise escribir historias sobre personas simples, sencillas, que luchan por
un mundo más justo y no salen en las noticias. Quería contar historias para escribir
un libro. No sabía bien cómo hacerlo ni dónde, lo único que tenía claro es que
quería escribir. Han pasado los años y aún no he podido contar esas historias,
ni escribir un libro, pero si he escrito muchas cosas y sigo escribiendo. Aunque
muchas veces lo hago para mí misma.
Cuando
empezó a darme vueltas en la cabeza la idea de crear un blog, tuve mucha incertidumbre, realmente
lo pensé mucho. Me decía: ¿quién va a querer leer lo que yo pienso sobre algo?,
¿a quién le interesa lo que me ocurre? ¿quién se va a interesar por mis sentimientos?
¿me visitarán si escribo de cosas cotidianas? Y sobre todo el tema más polémico
conmigo misma era si serían capaz de seguir visitando el sitio si yo publicaba textos
atrevidos, erotismo. En fin, era una indecisión constante y una lucha conmigo
misma, pero mientras más lo pensaba más me apasionaba.

Y
no me he detenido, he tenido tropiezos, contratiempos, pero sigo aquí. Escribo
lo que vivo, no solamente lo que pienso y también cuento historias que conozco.
Escribo para sacar del pecho la vida, para expresar lo que mi alma siente y es
entonces que siento que mi alma vibra, por mis poros respiro felicidad cuando
las letras trasmiten plenamente lo que se alberga dentro de mi. Mantener este
sitio a veces se me hace difícil, pero no cejo en el esfuerzo porque me
apasiona y es muy gratificante. Además es una especie de vía de escape necesaria
en el día a día y me permite llegar al corazón de muchas personas, personas
increíbles. Cuando comencé aquí de algún modo quería iluminar el camino de esa
gente que no conocía pero sabía que estaban ahí.
Hay
cosas en la vida que uno sabe con certeza, y yo sé que necesito escribir,
necesito leer y estar junto al mar para ser yo misma y sentirme libre. La
escritura me hace libre, escribir me hace volar con mi imaginación a lugares reales
o imaginarios, a situaciones divertidas o duras… Las letras son mi escudo, mis
flechas al aire y una que otra al corazón, necesito hacerlo porque es aliento
de vida el escribir lo que pienso, lo que creo y recreo. Escribo lo que a gritos
notan en mis silencios, porque quiero vivir y que vivan conmigo, que me lean,
que me sueñen, que me suspiren... Quien busca la vida, quien quiere vivir se
dedica a escribir.

Hace
algunos años, un día me encontraba leyendo una novela romántica erótica y una
amiga me dijo “hay que tener mucha calle o imaginación para escribir eso, ¿te
atreverías tú?”, sonreí y solo dije “No sé, tal vez”. Pero la sola idea me
pareció un reto (no soporto los retos, me apasionan y la adrenalina me llega a
niveles insospechados), desde ese entonces entre todas las cosas que escribo me
gusta dejar un espacio para contar e imaginar historias atrevidas, románticas,
eróticas, apasionadas que no dejan nada a la imaginación. Y me envuelvo en mis
personajes, en sus vivencias, pasiones y frustraciones.
Cuando
escribo mis manos se deslizan por el teclado y van plasmando los sentimientos
que me nacen del corazón o pensamientos profundos que desnudan mi alma. En
ocasiones mis manos se quedan quietas, suspendidas en el aire, dudando de cómo
seguir, hasta que vuelven a deslizarse con lentitud pero con firmeza y
continúan en su trayectoria depositando en la pantalla trocitos de sentimientos,
modestas reflexiones, historias, bosquejos de sueños. Penas, alegrías, dolor,
llanto, amores, añoranzas… las letras dicen todo lo que mi corazón siente,
grita lo que mi boca calla, desnuda mi alma, da sentido a mi vivir, calma mis
penas, me transporta a un mundo donde puedo ser yo, sin máscaras, sin atavíos,
¿que sería de mi si no pudiera escribir? vivo cuando escribo, soy yo cuando lo
hago. En mis letras va el amor que llevo por dentro. Amor limpio, puro, dulce,
tierno y eterno.

Gracias
por estar siempre y vivir desde mis más locas emociones hasta las más
dolorosas, esas que he dejado aquí con piel y todo, emociones en las que he
compartido mis alegrías, mi risa y algarabía... así como mis tristezas, llanto,
impotencia y frustraciones que vivo como mujer intensa que soy. Gracias a todos
esos que llegaron después y a los que aún no han llegado pero que están en
camino. Gracias a todos esos que me siguen en el anonimato, a todos los que me
comentan aunque no me sigan y a los que me siguen sin comentarme.

Que
permanezcan aquí a pesar de mis ausencias hace que me sienta un poco en deuda
con ustedes, por ello, a pesar de las dificultades que se me presentan y el
poco tiempo que tengo disponible, seguiré aquí y les prometo hacer mi mayor
esfuerzo para no alejarme mucho tiempo de ustedes mis queridos lectores, mis
queridos amigos, virtuales pero amigos.

Este
sitio es mi Hogar 3.0, y aquí seguiré reflexionando sobre la vida, mostrando
quién soy y cómo soy, exponiendo lo que pienso, lo que siento, sin tapujos. Amigos,
aquí seguiremos encontrándonos, éste es nuestro Universo 3.0.
Los
quiero.