“Para mí fue siempre el mar un
confidente, un amigo que absorbe todo lo que le cuentan sin revelar jamás el
secreto confiado y que da el mejor de los consejos: un ruido cuyo significado
cada uno interpreta como puede.”
Che Guevara

Para los humanos verter sentimientos en los mares es una práctica antigua. Lo hemos hecho a través de pensamientos filosóficos, discursos inspiradores, citas y dichos universales. En pocas palabras, estamos enamorados del mar desde que lo vimos por primera vez.
A mí me hechiza esa enormidad
azul de horizontes infinitos, aire puro y rumor de olas. Cuando estoy frente al
mar me adentro en sus misterios y silencios, en los secretos que ocultan sus
temblorosas y frescas aguas... Y observando toda su grandeza experimento la
pobreza de la raza humana. Quieto y embrujado me llena de paz, de amor y de
fuerza… es mi riqueza.

Me hechiza, pero para
ser sincera me gusta verlo y disfrutarlo desde la orilla, cuando entro en él lo
hago sólo unas brazadas, no más. Las pocas veces que he estado en altamar me he
sentido alucinada, cautiva de esa belleza para toda la vida. Sin embargo siempre
me ha dado un poco de miedo por su inmensidad. Porque sé que, en un momento, cualquier
viento suelto puede convertirlo en una locura imprevista y entonces me
arrastraría con él a la vorágine de un desafío perdido. Lo miro, admiro y
respeto por ello y por miedo porque sé de su locura.
Cuando estoy cerca de
él, se me hace difícil madrugar y es porque me gusta pasear un ratico a su lado,
sin gente, sin ruido… solo con el murmullo de sus aguas que me susurran "Ya
estás en casa". Y con sus olas danzantes acariciándome, me gusta caminar
mientras aguas mansas en la orilla acarician mis pies. Se limita a lamerme,
agradezco el detalle, pero siempre observo desconfiada.
Yo digo que soy una
persona de mar porque valoro el tenerlo cerca como un tesoro increíble. Ser de
mar no es nadar en sus aguas, es sentir que eres la persona más afortunada del
mundo cuando lo tienes cerca. Me gusta escucharlo en sus múltiples lenguajes, a
veces susurra y otras en su bravura nos arremete.

Todo el tiempo vivimos tensionados
por el trabajo, los hijos, las dificultades del día a día… tanta tensión
constante nos impide relajarnos, los problemas nos bombardean provocando un
estado de stress que termina pasándonos factura. Sin embargo, pasar al menos
unas horas junto al mar me permite desconectarme de ese entorno caótico, es
como si creara una burbuja a mi alrededor. Tiene un efecto casi hipnótico que me
genera una sensación de tranquilidad y bienestar que me permite recargar
energía.
Decididamente el mar es mi gran amor... unido a mi destino porque vivo en una isla. Pero lejos de sentirme prisionera y exiliada por el Caribe y el Atlántico, siento que me abrazan y me transmiten libertad, aliento, ánimo. Si pierdo la costa, pierdo el humor. Simplemente contemplo el mar y soy el mar. Inexplicable con palabras. Siempre está en mi corazón, por eso el día que me muera, que hundan mis cenizas en mi playa, tras la barra.
Decididamente el mar es mi gran amor... unido a mi destino porque vivo en una isla. Pero lejos de sentirme prisionera y exiliada por el Caribe y el Atlántico, siento que me abrazan y me transmiten libertad, aliento, ánimo. Si pierdo la costa, pierdo el humor. Simplemente contemplo el mar y soy el mar. Inexplicable con palabras. Siempre está en mi corazón, por eso el día que me muera, que hundan mis cenizas en mi playa, tras la barra.
Pasé unos días realmente
placenteros. Una de esas tardes me acosté en la arena sintiendo el ir y venir
de las olas, cerré los ojos disfrutando de esa paz que me da el mar, y tu
imagen se apoderó de mi mente… sonreí y pensé en lo maravilloso que sería si
estuvieras ahí conmigo... pero estás muy lejos, aunque al mismo tiempo muy cerca
porque eres Pi constante en mis pensamientos, vives ahí, en una eterna cadena
de recuerdos y sentimientos siendo parte y el todo, en mi sentir y en mí.

Los recuerdos me golpearon
fuerte y mis deseos de amarte fueron más grandes que el mismo mar. Entre mis
manos la tarde palpitaba trayendo el olor de tu piel que reverdece y abraza los
silencios de mi desnudez… El amor despeinó la tarde en el horizonte, mientras
tu boca se hizo verbo en mi lengua... Los besos se quedaron con mi feminidad
entre tu hombría. Siento tu presencia tan vívida… que siento el roce de tu
piel, el contacto de tus labios, las manos que acarician… estamos solos frente
al mar, enamorados, con el mismo deseo y objetivo... amarnos hasta el cansancio.
Mi mente sigue jugando
conmigo. Los pensamientos me transportaron a otro día, uno de tantos… Ahí
estaba yo en la arena recostada sobre tu pecho, dejándome llevar, sin
preocupaciones, observando tus ojos clavados en mí… Hablábamos en susurro, sin
dejar de acariciarnos, sin dejar de besarnos… Ya casi teníamos que irnos, era
tarde, pero no queríamos abandonar ese paraíso. Había sido un día magnifico
donde habíamos disfrutado del mar y de nuestros cuerpos sin escatimar.
Y en lugar de tomar
nuestras cosas y terminar de marcharnos, las miradas se hicieron más intensas,
los besos más apasionados y llenos de deseos, ya no había sol, pero en nosotros
la temperatura había subido y el calor era abrazador. Te pusiste en pie y
tomando mi mano tiraste de ella para adentrarnos en el mar.
En el agua nuestras
bocas se buscaron con pasión, nuestras manos se movían con ansiedad como si nos
hubiéramos encontrado después de mucho tiempo, nuestros cuerpos se entrelazaron…
mis manos en tu cuello, mis piernas alrededor de tu cintura… nuestras bocas se
devoraban mientras tu sexo busca el mío con un deseo incontenible. Me sonrío
porque pareces un adolescente y te siento entrar en mí, seguimos besándonos
mientras tu sexo palpitante entra y sale, el movimiento se va haciendo más
rápido, más fuerte, estamos fuera de control, desaforados.
Entre beso y beso, se
escuchan gemidos y palabras de amor, no hay contención ninguna, hay un solo
testigo y no dirá nada porque guarda en sus profundidades muchos secretos. Nos
movemos convulsamente, arriba y abajo, más, más… Hasta que explotamos, volamos
tocando el cielo que ya se está tornando oscuro. Nos quedamos abrazados jugando
tiernamente con nuestros labios, mientras nuestros fluidos van disolviéndose en
el mar.

Abrí los ojos y regresé
al momento en que me tumbé en la arena, y me río todavía con las sensaciones a
flor de piel como si todo hubiera acabado de ocurrir. Contigo siempre he vivido
momentos intensos y este mar continuamente me invita a revivirlos… esos momentos
donde solo existimos tu y yo, donde nada más importa, donde yo soy tu estrella
y tu mi delfín en la inmensidad. Me levanto, comienzo a caminar y sigo
sonriendo porque me doy cuenta de que eres dueño de mi alma y hasta de mis silencios.
Tengo conmigo el secreto de los días, de las palabras que seducen…
La tarde siguió transcurriendo
contigo de fondo, siempre ahí, como el ruido del mar, incesante, a veces
calmado, a veces tempestuoso, pero siempre sonando. Ya en la noche al acostarme
me dormí con el pensamiento de que en la tarde el mar me regaló el cielo. La
noche me vistió de sus misterios... y en mi sueño me dejé acariciar nuevamente
por el viento, el agua y por ti… y mi mente pervertida se deslizó por el abismo
de la bestia.
Como ven cuando estoy
frente al mar, mi mente sucumbe ante su poder… puedo estar perdiéndolo todo y
ser feliz, puedo estar incluso muriéndome y sentirme flotar en la vida, y saben
por qué precisamente porque el yo pequeño de la mente en esos momentos no puede
dar la lata.

En otras ocasiones lo he
dicho. Existe un affaire entre el mar
y yo. Supongo que lo he sabido desde siempre: estamos ligados por espíritu.
Tratar de negarlo es inútil. Es una relación que se aviva con cada reencuentro.
Nunca puedo separarme de ese mar tan monstruosamente seductor sin una
desconsoladora amargura. Cuando tengo que regresar a casa y me despido de esa
belleza incomparable siempre me siento apesadumbrada.
Pero cuando me marcho de
sus orillas es cierto que me alejo de él, sin embargo realmente no lo dejo
porque es imposible dejar el corazón y llevarse tan solo el cuerpo... conmigo
van sus olas y la furia de sus vientos contrapuestos, su magia y sus misterios,
sus promesas y todos sus silencios, sus colores y el ronroneo incesante de sus
aguas cuando besan las arenas soñadoras de la playa.
“No hay nada más hermoso que la forma
en que el océano se niega a dejar de besar la costa, sin importar cuántas veces
se aleje.”
Sarah Kay