Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

domingo, 24 de junio de 2012

Un tono personal

No sé qué me pasa hoy, pero parece que estoy en la luna. He estado durante mucho rato escribiendo un post sobre los adolescentes, y justo cuando iba a publicarlo, se me borra. Me ha dado tanta rabia que al menos por hoy no me apetece escribirlo otra vez. Así que nada, lo dejé y veré si otro día me vuelve a la inspiración.
Como había perdido las ganas de escribir me puse a curiosear el blog y me di cuenta que en 16 meses en este sitio he escrito 181 post (algunos un poco largos). Nunca fue la cantidad síntoma de nada, un número no dice nada, lo dice lo que se esconde detrás de ese número. Me parece increíble, son muchos, yo misma me sorprendo. Nunca escribí tanto, ni tan intenso. Tan plenos de sentimientos, rebosantes y palpitantes.
Nunca nadie me incitó tanto a escribir, me salen espontáneos, sin pretender nada, sin necesidad de impresionar, tan sólo muestran pedacitos de mí y lo que siento. Escritos casi todos al lado de un café, la mayoría en una noche de insomnio o en una tarde lluvia. Además, esto forma parte de mi vida y me llena tanto, que debo reconocer que no podría prescindir de ello.
Es cierto que el blog tiene un tono personal e íntimo, pero para mí tiene su encanto, porque se siente palpitante, pleno de sangre, bullicioso de sentimientos. Recogen vivencias, historias, sentimientos y pensamientos que desnudan a la mujer que soy, que siente, desea, vive y sueña, a la enamorada del amor y a quién el mismo amor le ha regalado vida y desencanto como a todos.
En palabras con las alas del alma desplegadas al viento desentraño la esencia de mi propia existencia, y ahí queda para mí y para quienes quieran y gusten leerlas, porque no hay cosa que me de más pánico que las palabras borradas, que las historias no contadas, que momentos olvidados por no haber sido escritos. Mis textos expresan lo vivido, mi presente, mi forma de ver la vida, el amor desde mi punto de vista, glorifican la verdadera amistad, el amor por mis hijos, a la mujer…
También muchas veces mis palabras enaltecen al hombre como amante, como compañero, como cómplice… pero en general son como una balada al sentir, a la caricia, al beso, a la entrega de la piel en la intimidad, donde hombre y mujer siendo singulares e individuales se hacen una sola carne, una sola alma. Y por sobre todo mis letras engrandecen a la mujer como un todo, única, desinhibida, poseedora del encanto y los misterios de la seducción, un canto a la Venus que todas llevamos dentro…
Hay días que escribo más que otros, hay días que quizás me enredo un poco con mis palabras y mis sentimientos, siempre desnudando mi alma. Y como escribí una vez en este mismo sitio “Cuando escribo sueño, fantaseo, me siento viva… Los que me leen seguramente están de acuerdo con algunas cosas y en contra de otras, pero como esta página es meramente personal seguiré escribiendo para el placer de unos y quizás el tormento de otros”. Los quiero.

viernes, 22 de junio de 2012

El dulce tacto de tu existencia


Siempre soñé con conocer a la persona que me hiciera sentir en el cielo aunque estuviera rodeada de infiernos, que me hiciera sentir especial y no una más, que me diera tanto y cuanto pudiera de su vida, que me hiciera temblar cada vez que le viera, que compartiera conmigo cosas que con nadie compartiría, que me mirara y yo pudiera sonreír sabiendo que sólo a mi me mira así, que sus brazos fueran los más acogedores, que su cuerpo fuera mi casa y su alma mi refugio. Ese sueño se hizo realidad. Esa persona que siempre quise conocer, eres tú, y ahora que te conozco no quiero perderte.
Muchas veces me besas, me abrazas y me das las gracias. Pero, amor, ¿gracias por qué? Debería dártelas yo a ti porque si yo soy feliz y te hago feliz es por todo lo que tú me das. Si yo tengo luz para darte todos los días es porque la mantienes encendida día tras día. Tú me das las cosas que yo quiero cuando menos me lo espero, me robas la vida para fundirla con la tuya, me das un golpe de energía cuando estoy sin batería, me das la vida en un instante…
Tú me prometes un para siempre, yo te llevo al cielo. Tú disfrutas de mi locura, yo me enamoro de tus vicios. Somos unos enamorados con suerte, cuando me abrazas de ese modo tan peculiar te juro que por un momento siento que somos eternos. Es verdad, qué quieres que te diga, tu superas todas mis expectativas. Eres mi canción favorita, como esas canciones míticas que sabes que te gustarán siempre, y no te cansarás nunca de escuchar... Eres como un beso de buenos días que va acompañado de una sonrisa mañanera, o como una ducha caliente en un día de frío. Eres como un abrazo de esos que necesitas siempre, como una de esas melodías que sueles tararear cuando el miedo te domina...
Nos encerramos en la habitación, bailando sin baile. Siguiendo el compás del silencio, roto por la canción de tu respiración y mí aliento. Volamos alto, viajamos lejos. Enmarañados los cuerpos, tiñendo de besos la lluvia, el mal tiempo. Somos la furia loca de la locura en sus mejores momentos, la cordura malentendida, la ebullición de la vida, encendiendo velas de fogosidad efusiva… Arrebatos exaltados en las noches de deseo, que nacido entre ansias, nos infunde. Las palabras se esconden bajo las sábanas… y de pronto, un “te quiero” perdido, un “mi amor”, decidido irrumpe de tu boca.
Contigo me gusta todo, cocinar aunque sea sin verduras, ver la televisión aunque yo no la soporte, leer aunque a veces nos perdamos en el agujero negro, pasear aunque no sepamos dónde ir, bailar aunque lo hagamos fatal… y me encanta dormir contigo… Entre tus brazos arropada, escuchar tu aliento ir y venir, sentir tu pecho hacer guiños a mi espalda, siempre tu pubis encuentra la medida perfecta entre mis oquedades, tus dedos son ramas buscando el muro de mi placer, ahí se esconden, juegan… y mi geografía despierta ante su toque, murmullos de piel, de mojado instinto, su naturaleza es vibrar, sus dedos me abrazan, desde atrás siento el despertar de mi Dios y sonrío, ¡Cómo me gusta dormir contigo!
Somos el amanecer encendido, el secreto que todos intuyen, el más dulce y peculiar sonido. Busco la certeza en tu cuerpo encontrando en tu cerco mi libertad. Somos la esencia de todo lo genial, la espera que no pierde la esperanza, lo cercano y lo profundo, la calma en nuestras pieles perdidas y exhaustas, mapas sin ruta ni rumbo. Enciendes lo oscuro que alguna vez hubo en mí, lo íntimo y el misterio. Tapas con tu contorno mis huecos, con tus virtudes mis faltas, destapándome la risa, anudándote en mi espalda. Somos el más tierno e insondable conjunto.
¿Que más puedo decir para que lo entiendas? Puedo decir que eres todo, pero no en el sentido típico de la palabra. Todo de verdad. Todo aquello que, una vez que lo pierdes, piensas que ya la vida no sirve más que para darte copias baratas e imitaciones absurdas de la mejor canción de amor que hayas escuchado jamás. Gracias por acariciar mi vida con el dulce tacto de tu existencia...

miércoles, 20 de junio de 2012

La amistad


Una amiga me dijo ayer, que escribiera nuevamente sobre la amistad y los grandes amigos que en un momento de nuestras vidas nos olvidan, le respondí que los verdaderos amigos nunca olvidan. Pero decidí complacerla y volver a tocar el tema de la amistad, siempre recordando como dice García Márquez que: “Un verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el corazón”.
Todos tenemos una o varias personas que nos hacen la vida más fácil, más feliz y más completa. No son dioses ni superhéroes, son esas personas increíbles que nos rodean, que se hacen querer, a las que vas conociendo y se van haciendo imprescindibles en tu vida, porque te ayudan, te animan, te soportan, se divierten y lloran contigo. A algunos los denominamos amigos del alma, de corazón. Son sinceros, verdaderos, saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace felices... Todas las personas dejan huellas en la vida pero los amigos las dejan en el corazón.
No hay nada mejor como estar con tus amigos, ellos están para lo bueno y lo malo, te preguntan ''¿Te pasa algo?'' y tu contestas ''No, no me pasa nada...'' y ellos conociéndote dicen: ''No, claro. Ven, cuéntame. O por lo menos si no quieres hablar no me niegues que algo te pasa porque yo sé que sí''. Esas son las personas que hacen que la vida sea maravillosa y que todo parezca perfecto por el hecho de que están junto a ti, porque puede haber miles de cosas malas en el mundo, pero todo lo malo es mejor si tenemos a nuestro lado esos hermanos por elección.
La amistad exige el fiel sentimiento de la sinceridad, la comunicación sin trampas ni exigencias, la entrega mutua sin egoísmo, la preocupación por el otro, la confianza sin límites, la paciencia, el respeto a las ideas, aceptar la forma de vida del amigo, la confianza sin limites, el saber escuchar, saber perdonar… Alberto Moravia dijo que: “La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea”.
Yo encontré a una persona maravillosa que está cerca de mi corazón para siempre y cumple todos los requisitos que hay que tener para ser una verdadera amiga. Ella sabe lo que pienso, lo que quiero y lo que siento; es honesta, leal. Sé que estás leyendo estas líneas como siempre, y sé que no te gusta que escriba estas cosas pero cuando yo escribo o hablo de amistad es inevitable que tú aparezcas.
Tener a alguien como tú en la vida, es una bendición y un milagro, tú y yo estamos en la misma sintonía; siempre me comprendes. Más que oír escuchas. Suavizas lo arduo y ofreces tu mano. Contigo soy simplemente yo misma, nunca tengo que esconderme, puedo ser exactamente la que soy... en lo más profundo de mi corazón. Estar contigo es como sentirse en casa, conoces el fondo de mi alma, sabes las cosas más grandes y más pequeñas, mis virtudes y mis bajezas.
Tú y yo compartimos: nuestras flaquezas, nuestros deseos más elevados, nuestros pensamientos más serios, nuestras bromas más tontas, sólo tú me haces reír cuando solo quiero llorar... (y por favor, ahora no llores tu). Amiga, eres especial... esa que nunca me falla, esa que sorprendentemente lee mi pensamiento... yo no podré evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
Muchas veces yo necesito que me sostengas aunque no te lo diga, pero siempre preciso saber que estas ahí. Creo que eres sabia porque sabes soportar tu impotencia cuando no te dejo ayudarme. Cuando me encuentres llorando siéntate a mi lado y déjame llorar junto a ti, ese será un gran consuelo. Abrázame y dime que cuento contigo, que me acompañaras en el camino de las lágrimas, tan árido y fantasmal. Yo nunca olvidaré el amor sanador que me ofreces.
Cuando mis pensamientos se vuelven turbulentos me ayudas a sonreír, si te pido que me ayudes a levantar… no lo dudas ni un momento, solo recuerdo risas en esos momentos que pasamos juntas escapando de todos los problemas. Amiga mía, por mucho que te escriba nunca podré describir lo que es nuestra amistad, porque simplemente es extraordinaria.
Si vives cien años, yo quiero vivir 100 menos uno para no tener que vivir sin ti. Cuando necesites desahogarte, yo te escucharé. Cuando necesites algún consejo, yo te lo daré; si necesitas llorar, yo lloraré contigo; cuando precises un hombro para apoyarte, apóyate en el mío. Cuando quieras reír, yo haré cualquier tontería para conseguir que rías; si necesitas un abrazo, prometo darte uno enorme. Cuando quieras estar sola, lo entenderé y te dejaré pero nunca me alejaré. Te deseo paz, amor, salud, suerte y prosperidad. Hoy y siempre... Búscame que ahí estaré por siempre amiga, a tu lado, este corazón que tanto te quiere en lo bueno, pero sobre todo en lo malo. Nosotros somos la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad... Quiero agradecerte por soportar mis defectos, tolerar mis humores, y por sobre todas las cosas por entenderme. Tu amistad es oro para mí.

lunes, 18 de junio de 2012

Darle el justo valor a las cosas


Es de madrugada y estoy cansada, pero he salido como tantas otras noches a la terraza a respirar un poco el aire fresco de la noche y a mirar ese horizonte que a penas se intuye entre las sombras, pero que yo sé que esta ahí. Me gusta mucho esa quietud, ese silencio. Y hoy, especialmente, lo he saboreado más, porque me siento tranquila, relajada.
El otro día le dije a alguien que yo prefiero trabajar o batallar con un hijo de puta inteligente que con buenazo mediocre y se molestó mucho, me dijo horrores. En distintos momentos de mi vida he sido criticada por mi gusto por la inteligencia. Cuando uno habla de que le gusta la gente inteligente o aún peor, de que uno se considera inteligente, suena pedante. A mi la pedantería me incomoda. Pero también es cierto que me considero inteligente. En este punto es necesario saber qué se entiende por inteligente, porque en realidad no es un puntaje de C.I., cuando yo hablo de inteligencia me refiero a una mezcla entre creatividad, ingenio, y una gran dosis de interés por las actividades que se hacen.
Es cierto que hay otras cosas importantes. Obvio. De hecho, mucha gente que considero inteligente son bastante insufribles, inestables emocionalmente, limitados en su área de conocimiento, o simplemente malas personas. También hay quienes confunden inteligencia con seriedad, lo que es un error, ya que no hay nada menos inteligente que no tomarse las cosas con humor. Tampoco es conveniente confundir inteligencia con una aureola de "bondad" generalizable a todos los ámbitos. En lo personal, he conocido muy buenas personas que han estado lejos de ser brillantes.
Llevo varias semanas agobiada con mucho trabajo (de esos que no sabes cómo entrarles y los vas dejando hasta que te pones contra-reloj) y problemas personales. Algunas veces lo que quiero y lo que no quiero, se ignoran mutuamente, negándose importancia. Lo mejor podría ser abandonar, la esperanza para empezar, la nostalgia para seguir, los objetivos en general, para terminar. No quiero defender el hedonismo, no quiero defender nada. No quiero ningún estandarte. A veces lo que uno quiere no está entre las alternativas y elegir nada, al final es elegir algo, porque eso sí estaba dentro de las opciones. Tener una historia para contar nunca es malo, aunque sea una historia triste.
Bueno, creo que me he ido enredando toda, pero lo cierto es que ahora, ya lo he encaminado casi todo y empiezo a sentir menos presión. Eso hace que me sienta más liberada y feliz. Pero esto me ha llevado a pensar en el valor que uno le da o no le da a las cosas en determinado momento. Dicen que sólo valoramos aquello que perdemos, ¡qué estupidez la nuestra!, aunque muchas veces es así.
Por ejemplo en este instante yo valoro la paz que siento y es que me doy verdaderamente cuenta de lo que significa no sentirse presionada; pero a veces no valoramos el que tenemos trabajo, o a la gente que nos quiere de verdad, o que tengamos 20 putos pesos en la cartera, o que alguien nos sonríe al darnos los buenos días…
Si algo tengo claro es que cualquier cosa que hoy tengo, mañana tal vez ya no la tenga. Y en ese saco incluyo todo cuanto poseo, desde lo más valioso, como la gente que quiero, a las cosas más insignificantes, como el simple trago que me estoy tomando. Hoy estoy aquí pero mañana no sé donde estaré, hoy he sonreído escuchando el canto de los pájaros pero tal vez mañana no pueda escucharlo; he trabajado, me he reído, he hablado con mucha gente, he besado a mis hijos y he tecleado como loca en mi computadora. Pero, mañana, tal vez no pueda hacer ninguna de esas cosas.
En cada amanecer, abrimos los ojos para enfrentarnos a un día más... La mañana se va llenando de un taconeo incesante, las calles se llenan de estudiantes y trabajadores marchando hacia sus tareas diarias, y otras muchas personas empeñadas por llegar al lugar deseado... Tanta es la prisa que miramos sin mirar... Quizás recordamos una marca, comentamos el gesto huraño de alguien sin importarnos la causa que lo provocó. Así transcurre el día y nos quedamos sin descubrir el interior de quienes nos acompañan, o nos privamos del disfrute del vuelo de los pájaros o la sonrisa de los niños cuando juegan. etc. Todos los días son buenos para redescubrir sonrisas hermosas, actos valiosos, manos habilidosas, espíritus valientes, luchadores incansables de lo bueno.
Por eso hoy quiero ser consciente, valorar y agradecer a la vida todo cuanto tengo antes de perderlo, o, más todavía, aunque no lo pierda nunca. Y, sobre todo, agradecerle esta capacidad que constantemente me brinda para sentir, para ser capaz de conmoverme cuando siento el viento fresco de la noche en mi piel o mientras intuyo un horizonte entre las sombras.
No podemos vivir tan deprisa, eso conspira contra nosotros mismos. Siento rabia y tristeza cuando me doy cuenta de que no nos detenemos ni un instante y es necesario hacer un alto como el que he hecho esta noche, para tomar consciencia de muchas cosas. Y aunque me arden los ojos, no he querido acostarme sin sentarme a escribir esto, para ver si de este modo me lo grabo definitivamente en mi memoria, en esta mente traicionera y desleal que muchas veces se empeña en hacerme olvidar lo maravilloso que es vivir cada instante y disfrutar de las cosas simples.
Las cosas que el dinero no compra son las más valederas. La recompensa más grande es la sensación de haber hecho "mi mejor esfuerzo", de no haber desmayado en la lucha, de no tenerle miedo a la noche sino dejarme seducir por su profundidad. La recompensa más grande es darle gracias al camino cuesta arriba que en lugar de cansarme, me revitaliza. El premio más grande es verme con grandes ojeras acompañadas de una gran sonrisa que dice he caminado un largo trecho, con muchas caídas y desaciertos, con algunas cicatrices, polvo y lágrimas, en medio de algunos berrinches y angustias, pero que cada obstáculo me dio un talento, mientras más grande es el reto más son las ganas de superarlo.
¡Ah! Déjenme decirles algo más en cuanto a la inteligencia, cuando digo que me gusta la gente inteligente, no es una declaración de principios con respecto al valor de las personas, que suelen tener cualidades en los diversos ámbitos, sino solamente una declaración de gustos. La inteligencia me gusta como me gusta el cine, me atrae como me atraen los hombres, ni más ni menos. No hay por qué molestarse.
Soy consciente de la suerte que tengo por estar aquí, por ser, por aceptar y disfrutar todo cuánto la vida me regala en cada momento. Quiero sentirme todos los días (sé que eso es imposible) tan liberada y feliz como me he sentido esta noche, cuando buscaba ese horizonte entre las sombras, disfrutando del frescor de la madrugada y con la satisfacción de muchas cosas resueltas.

viernes, 15 de junio de 2012

Aún te amo


Estoy en mi habitación tratando de olvidarte, pero creo que es un gran error ya que las cuatro paredes y la oscuridad de la noche hacen que mi corazón sienta más dolor por tu ausencia. Ya no sé qué hacer para sacarte de mis pensamientos, pero el tiempo es un gran consejero y me ayudará a dejar de sufrir, porque a olvidar, lo dudo ya que un amor tan bonito como el nuestro es imposible de olvidar.
Aunque me joda reconocerlo yo te quiero y tengo miedo a perderte para siempre. Desde que nos conocemos, he metido la pata varias veces y he cometido varios errores pero me has perdonado haciendo borrón y cuenta nueva. Supongo que eso es lo que me gusta de ti, la forma en que me tratas y en la que me dices “te quiero” o tal vez sean esos ojos que me vuelven loca o tu carita de niño bueno, en fin tienes muchas cosas que me encantan.
Te amo de todas las formas y no me avergüenza aceptarlo. Nadie puede prohibirme ni criticar un sentimiento tan vivo que está dentro de mí, día a día, noche a noche, en cada ocaso. En mis noches de insomnio recuerdo tu compañía y siento tus manos en mi cuerpo. Aún cuento los días que han pasado, aún sigo recordando las fechas, los aniversarios, los romances, nuestras tardes…
Cada vez que hablo contigo me siento bien, protegida y con ganas de todo, no sé como lo haces pero no sales de mi mente, no logro olvidarte… Para ser franca, te diré que lo he intentado pero es imposible, siempre vuelves como un bumerán. Cuando creo que he comenzado a olvidarte tus recuerdos vienen a mi mente y me atormentan, me confunden, es increíble lo que tú me haces sentir aún sin verte, eso nadie lo había conseguido antes.
Te extraño mucho y al decirlo mi corazón sufre y llora, porque ha llegado el momento en que me haces falta para estar de pie... Mi amor por ti no se agota... Mi corazón se ha cansado de tenerte dentro de él y a la vez sentirte tan lejos; tengo miedo a soñarte y a pensar en ti, a recordarte y suspirar, no sé por qué no puedo dejarte de amar... Tan sólo hablar contigo cinco minutos me hace feliz las 24 horas, tu amor me alegra, me hace soñar, me hace pensar en cosas que jamás pensé, eres increíble… quizás por eso ha pasado tiempo y aún te amo.
Te digo sin vergüenza ni orgullo “Aún te amo”. Te amo, con mariposas azules, con santos, con mendigos, con una oración. De una manera madura, con mi piel, mi sangre y un mundo lleno de ilusión donde estamos sólo tú y yo. Amor de madurez, prohibiendo intrusos ó alguna opinión.
¿Sabes? No tenía en mis planes echarte de menos pero mis planes se jodieron cuando nos dimos la vuelta y nos separamos. Desde ese preciso momento, justo ahí, empecé a echarte de menos a todas horas, me levanto pensando en ti, en tu sonrisa, en tus abrazos, en tus tonterías y automáticamente una gran sonrisa aparece en mi cara, y es que estás tan grabado en mí que hasta a través de los recuerdos eres capaz de hacerme sonreír.¿Y sabes que es lo peor? Que dudo que algún día deje de echarte de menos o al menos ese día no llegará hasta que te tenga nuevamente entre mis brazos.
¿Cómo arrancarte de mi cuerpo y tirarte al viento? ¿Cómo arrancarte de mi mente y olvidarte para siempre? ¿Cómo arrancarte de mi corazón y aliviarlo de dolor y sufrimiento? ¿Cómo arrancarte de mi alma y liberarla de tu forma de amar? dime tú ¿Cómo arrancarte de mí? Si te tengo clavado en cada parte de mí ser.

jueves, 14 de junio de 2012

Rememorando un día de playa

El verano es la estación de mucho sol y diversión, de ejercicio intenso y comida ligera. En el verano gobierna el fuego, la energía del corazón. El calor apremia pero no importa, las vacaciones están a la vuelta de la esquina y con ellas el tiempo para disfrutar de nuestras aficiones favoritas. El verano tiene sus contratiempos, porque con él llegan esas colas interminables, al sol la mayoría de las veces, lo mismo para comprar un helado que para entrar a algún lugar. Pero a pesar de todo para mi gusto es la mejor estación del año.
Empieza el verano y en las ciudades algo cambia, la gente va ligera de ropas y piensa en las futuras vacaciones, el día se alarga y en las playas se siente el intenso calor que nos invita a entrar al mar. Sentir el mar cerca, verlo, respirarlo, escucharlo... ¡Dios! Imposible resistirse. Uno de los grandes momentos de ir a la playa, es cuando llegas que empiezas a pisar arena, te quitas los zapatos o las chancletas (y si la arena no está muy caliente), comienzas a disfrutar del paseo hacia la orilla. Es como un ritual y cuando por fin, el agua baña tus pies una maravillosa sensación te invade y piensas "ya estoy aquí", y te sientes feliz, dueño del universo, da igual que sea enero o febrero y el agua esté congelada siempre es la misma sensación de paz.
A partir de ese momento comienzas a disfrutarla, las olas van haciendo su trabajo, van metiendo su sonido poco a poco en tu cabeza, hasta que llega a pasar casi desapercibido, como si formara parte de ti y el tacto es tan reconfortante... el ambiente embruja, y el placer de sentarte en la orilla es indescriptible, y me complace llenarme la mano con un puñado de arena y soltarla poco a poco, como si no quisiera que se fuera nunca. Y el aire te acaricia acercándonos el olor del agua salada, el salitre se mete en tu piel…
Y ahora recordando las sensaciones que me provocan llegar a la orilla de la playa, viene a mi mente lo que significaba un día de playa cuando mis hijos eran chiquitos. Dios mío, aquello era una locura. En primer lugar había que planearlo a escondidas porque si ellos se enteraban que el fin de semana íbamos a la playa se volvía imposible descansar, comer o dormir en casa el resto de la semana.
La noche anterior al viaje siempre me acostaba muy tarde para dejarlo todo listo y poder salir al amanecer porque su nos llevaba antes de ir a trabajar, casi nunca iba con nosotros porque detesta la playa (ya se lo que están pensando que cómo es posible con tanto que yo adoro el mar, pero así es), el se ocupaba de comprar todo lo que podíamos necesitar.
Yo preparaba dos mochilas una con toallas y ropa (ustedes saben como son los niños) y otra con comida, además de poner a congelar tres o cuatro litros de agua para llevarlos en la nevera, además de los pomos con refresco o jugos de frutas. ¡Ah! Importantísimo no podía olvidar dejar la sombrilla de playa junto a la puerta porque sino con el apuro se nos podía quedar. Además de todo eso en un bolso les echaba todos los utensilios que iban a necesitar para su diversión, pelotas (una pequeña y una grande), cubitos, palas, etc, etc.
Levantarlos, a pesar de lo temprano, era una maravilla, la playa era para lo único que se levantaban sin rechistar y sin importarles si todavía estaba oscuro. Desayunaban en un santiamén y se paraban en la puerta queriendo cargar cuanto paquete les cabía en las manos y apurándome porque les iba a coger tarde.
Cuando por fin llegábamos a la tan deseada playa, aquello parecía una cruzada, dejaban todo tirado y se mandaban a correr para llegar al agua, yo tratando de poner orden sin perder la ternura tenía que hacer acopio de paciencia y finalmente casi ya estresada lograba que se detuvieran y me ayudaran con las cosas, como todos sabemos andar por la arena no es nada fácil y más cuando vas cargada con dos mochilas, un bolso, una nevera y una sombrilla de playa.
El siguiente problema estaba en buscar una buena ubicación, afortunadamente como era muy temprano no se me hacía muy difícil, pero tenía que pensar en todo, primero no podía estar lejos de la orilla porque a los niños hay que estar constantemente vigilándolos para que no se pierdan entre la gente y cuidándolos de los peligros que conlleva el oleaje o la resaca si los hay.
Después de encontrar ese lugar idóneo para montar el campamento tenía que fijarme que no estuviera justo donde los adolescentes juegan fútbol o voleibol. Terminado el análisis y la búsqueda del lugar apropiado, entonces colocar la sombrilla en la arena y la lona (para sentarnos y ubicar nuestras pertenencias), bien puestas y con unas piedras en sus esquinas para que el viento no las levante. La sombrilla ubicada de forma que le dé sombra a los niños, las mochilas puestas estratégicamente para que no se llenen de arena, además para que la crema solar no se convierta en un líquido a punto de ebullición y la comida un verdadero desastre en descomposición por el sol abrasador. Las chancletas tapadas para que no causen quemaduras de tercer grado en los pies cuando uno se las ponga. En fin, cada cosa en su lugar.
Mientras ellos sacan una de sus pelotas, me detengo a observar las aguas que están serenas como la superficie de un lago, sólo ligeras ondas dan vida al azul y misterioso mar. Es tan temprano que tenemos el placer de deleitarnos con un espectáculo inigualable, un momento que yo venero y que enseñé a mis hijos a disfrutar. Juntos contemplamos el momento en que surge frente a nosotros un resplandor en la línea del horizonte marino, un huevo anaranjado y achatado que emerge en la distancia. El sol, totalmente lleno de vida, que parece nacer en el infinito cielo y misterioso horizonte donde confluye el cielo y el mar.
Se eleva lentamente, hasta que surge del todo, cambia su forma achatada por su habitual contorno circular, y poco a poco se va volviendo más amarillo. Lo observamos, admirando su belleza, mientras comienza a relucir sobre las aguas, y la franja de resplandor brillante recorre la superficie marina hasta llegar a nosotros. El hechizo del mar nos envuelve y los niños están fascinados. Hay silencio, sólo se escucha la música suave de las olas acariciando la orilla.
Terminado ese momento mágico, ya los niños están más que listos para meterse en el agua y yo estoy en estado de deshidratación por tanta sudoración, ¡Así que al agua! Contarles todo lo que ocurría dentro del agua son por lo menos dos páginas más y no puedo hacerlos sufrir así, por tanto dejaremos esas historias para otro día. Lo que sí les diré es la inmensa satisfacción que sentía, realmente los tres estábamos inmensamente felices porque mis hijos heredaron esa mi pasión por el mar y lo disfrutan tanto placer que no hay nada que me de más satisfacción que verlos en ese ambiente divirtiéndose a todo lo que da.
Cuando salimos del agua, después de orientarse hacia donde están nuestras cosas (ya la playa está abarrotada de gente) corren hacia ellas y se lanzan en la lona como si fuera el mar (se imaginan el reguero de arena ¿verdad?). Intento aparentar calma, mientras enciendo un cigarrillo y me abro una cerveza helada que hay en la nevera. Entonces les sugiero que se laven los brazos y manos para que coman algo.
Se levantan de prisa y vuelven a emprender una carrera hasta el agua, al regreso traen la pala mojada y el cubito lleno de agua para hacer su castillo de arena, ¡Mientras comen! Sonrío apretando los dientes mientras sacuden la pala llena de arena, que cae sobre mí, y me dicen "¡Mamita, ya estamos listos!". Haciendo un esfuerzo supremo porque son mis hijitos del alma, aparto a un lugar estratégico lo que queda de mi cerveza, le limpio como puedo las manos y les doy la merienda y el refresco.
A penas unos minutos después regresamos al agua, (era muy difícil mantenerlos fuera) con una sensación de aspereza en la piel y sin parar de sacudirme las manos llenas de una sospechosa mezcla de crema solar, refresco derramado y arena, Tras dos o tres horas de un sol abrasador, saboreando labios resecos y salados, hago el anuncio de que nos vamos a casa. Con sus respectivas consecuencias de quejas y llanto de parte de ellos que aún no les ha parecido suficiente. Pero como su papá está al llegar a recogernos no les queda otra alternativa que obedecer.
Afortunadamente mi esposo también nos recogía, porque se imaginan con esos niños cansados y yo totalmente exhausta de tantos avatares enredarnos con una guagua para regresar a casa, ¡Dios, mejor ni pensarlo!
Los mando a enjuagar los juguetes en la orilla y yo comienzo a sacudir un poco nuestras pertenencias que están llenas de arena. Recojo la lona dándole violentas sacudidas para intentar desprender todo aquello que se le ha pegado durante la jornada. Cierro con sumo cuidado la sombrilla para que entre en su estuche. Nos colocamos las chancletas y nos dirigimos a un costado de la carretera donde su papá nos recogerá.
He aquí donde la cosa se pone verdaderamente peliaguda porque entonces tienen hambre nuevamente y no quieren enjuagarse sino comer. En medio de aquella batalla hago todo lo posible por retirar todo rastro de arena de sus cuerpos para dejarlos comer tranquilos mientras esperan. El calor es sofocante, los refrescantes baños en el mar no han servido para nada. La ropa se me pega al cuerpo, siento la arena por todas partes y el pelo para qué hablar.
Su padre llega y por fin nos vamos a casa, por el camino comienzan los cuentos mientras él les pregunta si se divirtieron hasta que de pronto se hace un silencio sepulcral. “¡Se durmieron!”, digo dando un largo suspiro. Se queda mirando mi expresión y dice “¿Se portaron mal? ¿Tú como la pasaste?”, lo miro sonriente “Ellos no se portan mal, me divertí mucho”. Me da un beso y comenta “Te ves cansada, pero yo sé la felicidad que te da venir aquí”.
Llegamos por fin a casa y mientras él pone orden en el baño yo comienzo a lavar toallas, trusas, juguetes, chancletas, votar restos de comida, fregar cantinas, vasos, cucharas y volver a colocar todo esos bártulos que hay en la mochila en su lugar. Mientras él les sirve la comida yo voy en busca de un placer casi igual de satisfactorio que el de llegar a la playa, DARME UNA DUCHA.
Después de una larguííííííííííííísima ducha, me siento a descansar, ellos vienen corriendo hacia mí me besan, me abrazan y dicen “Mamita, estamos cansados y vamos a dormir, ¿mañana vamos otra vez?”. En medio de mi agotamiento, me quedo sin respuesta y su padre se los lleva deprisa antes de que yo diga algo indebido, los acuesta y sonriente viene a ayudarme a empavesarme de crema.


La fascinación de ellos por el mar no ha disminuido y nos damos muchos viajes a la playa pero la diferencia es que como ya son grandes ahora todos disfrutamos por igual.