Mi pequeño sitio donde digo libremente lo que pienso y siento.
Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano.Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.
No
sé qué me pasa hoy, pero parece que estoy en la luna. He estado durante mucho
rato escribiendo un post sobre los adolescentes, y justo cuando iba a
publicarlo, se me borra. Me ha dado tanta rabia que al menos por hoy no me
apetece escribirlo otra vez. Así que nada, lo dejé y veré si otro día me vuelve
a la inspiración.
Como
había perdido las ganas de escribir me puse a curiosear el blog y me di cuenta
que en 16 meses en este sitio he escrito 181 post (algunos un poco largos). Nunca
fue la cantidad síntoma de nada, un número no dice nada, lo dice lo que se
esconde detrás de ese número. Me parece increíble, son muchos, yo misma me
sorprendo. Nunca escribí tanto, ni tan intenso. Tan plenos de sentimientos,
rebosantes y palpitantes.
Nunca
nadie me incitó tanto a escribir, me salen espontáneos, sin pretender nada, sin
necesidad de impresionar, tan sólo muestran pedacitos de mí y lo que siento. Escritos
casi todos al lado de un café, la mayoría en una noche de insomnio o en una
tarde lluvia. Además, esto forma parte de mi vida y me llena tanto, que debo
reconocer que no podría prescindir de ello.
Es
cierto que el blog tiene un tono personal e íntimo, pero para mí tiene su encanto,
porque se siente palpitante, pleno de sangre, bullicioso de sentimientos. Recogen
vivencias, historias, sentimientos y pensamientos que desnudan a la mujer que
soy, que siente, desea, vive y sueña, a la enamorada del amor y a quién el
mismo amor le ha regalado vida y desencanto como a todos.
En
palabras con las alas del alma desplegadas al viento desentraño la esencia de
mi propia existencia, y ahí queda para mí y para quienes quieran y gusten
leerlas, porque no hay cosa que me de más pánico que las palabras borradas, que
las historias no contadas, que momentos olvidados por no haber sido escritos.
Mis textos expresan lo vivido, mi presente, mi forma de ver la vida, el amor
desde mi punto de vista, glorifican la verdadera amistad, el amor por mis
hijos, a la mujer…
También
muchas veces mis palabras enaltecen al hombre como amante, como compañero, como
cómplice… pero en general son como una balada al sentir, a la caricia, al beso,
a la entrega de la piel en la intimidad, donde hombre y mujer siendo singulares
e individuales se hacen una sola carne, una sola alma. Y por sobre todo mis
letras engrandecen a la mujer como un todo, única, desinhibida, poseedora del
encanto y los misterios de la seducción, un canto a la Venus que todas llevamos
dentro…
Hay
días que escribo más que otros, hay días que quizás me enredo un poco con mis
palabras y mis sentimientos, siempre desnudando mi alma. Y como escribí una vez
en este mismo sitio “Cuando escribo sueño, fantaseo, me siento viva… Los que me
leen seguramente están de acuerdo con algunas cosas y en contra de otras, pero
como esta página es meramente personal seguiré escribiendo para el placer de
unos y quizás el tormento de otros”. Los quiero.
Siempre
soñé con conocer a la persona que me hiciera sentir en el cielo aunque
estuviera rodeada de infiernos, que me hiciera sentir especial y no una más,
que me diera tanto y cuanto pudiera de su vida, que me hiciera temblar cada vez
que le viera, que compartiera conmigo cosas que con nadie compartiría, que me
mirara y yo pudiera sonreír sabiendo que sólo a mi me mira así, que sus brazos
fueran los más acogedores, que su cuerpo fuera mi casa y su alma mi refugio.
Ese sueño se hizo realidad. Esa persona que siempre quise conocer, eres tú, y
ahora que te conozco no quiero perderte.
Muchas
veces me besas, me abrazas y me das las gracias. Pero, amor, ¿gracias por qué?
Debería dártelas yo a ti porque si yo soy feliz y te hago feliz es por todo lo
que tú me das. Si yo tengo luz para darte todos los días es porque la mantienes
encendida día tras día. Tú me das las cosas que yo quiero cuando menos me lo
espero, me robas la vida para fundirla con la tuya, me das un golpe de energía
cuando estoy sin batería, me das la vida en un instante…
Tú
me prometes un para siempre, yo te llevo al cielo. Tú disfrutas de mi locura,
yo me enamoro de tus vicios. Somos unos enamorados con suerte, cuando me abrazas
de ese modo tan peculiar te juro que por un momento siento que somos eternos.
Es verdad, qué quieres que te diga, tu superas todas mis expectativas. Eres mi
canción favorita, como esas canciones míticas que sabes que te gustarán
siempre, y no te cansarás nunca de escuchar... Eres como un beso de buenos días
que va acompañado de una sonrisa mañanera, o como una ducha caliente en un día
de frío. Eres como un abrazo de esos que necesitas siempre, como una de esas
melodías que sueles tararear cuando el miedo te domina...
Nos
encerramos en la habitación, bailando sin baile. Siguiendo el compás del
silencio, roto por la canción de tu respiración y mí aliento. Volamos alto,
viajamos lejos. Enmarañados los cuerpos, tiñendo de besos la lluvia, el mal
tiempo. Somos la furia loca de la locura en sus mejores momentos, la cordura
malentendida, la ebullición de la vida, encendiendo velas de fogosidad efusiva…
Arrebatos exaltados en las noches de deseo, que nacido entre ansias, nos infunde.
Las palabras se esconden bajo las sábanas… y de pronto, un “te quiero” perdido,
un “mi amor”, decidido irrumpe de tu boca.
Contigo
me gusta todo, cocinar aunque sea sin verduras, ver la televisión aunque yo no
la soporte, leer aunque a veces nos perdamos en el agujero negro, pasear aunque
no sepamos dónde ir, bailar aunque lo hagamos fatal… y me encanta dormir
contigo… Entre tus brazos arropada, escuchar tu aliento ir y venir, sentir tu
pecho hacer guiños a mi espalda, siempre tu pubis encuentra la medida perfecta
entre mis oquedades, tus dedos son ramas buscando el muro de mi placer, ahí se
esconden, juegan… y mi geografía despierta ante su toque, murmullos de piel, de
mojado instinto, su naturaleza es vibrar, sus dedos me abrazan, desde atrás
siento el despertar de mi Dios y sonrío, ¡Cómo me gusta dormir contigo!
Somos
el amanecer encendido, el secreto que todos intuyen, el más dulce y peculiar
sonido. Busco la certeza en tu cuerpo encontrando en tu cerco mi libertad.
Somos la esencia de todo lo genial, la espera que no pierde la esperanza, lo
cercano y lo profundo, la calma en nuestras pieles perdidas y exhaustas, mapas
sin ruta ni rumbo. Enciendes lo oscuro que alguna vez hubo en mí, lo íntimo y
el misterio. Tapas con tu contorno mis huecos, con tus virtudes mis faltas,
destapándome la risa, anudándote en mi espalda. Somos el más tierno e
insondable conjunto.
¿Que
más puedo decir para que lo entiendas? Puedo decir que eres todo, pero no en el
sentido típico de la palabra. Todo de verdad. Todo aquello que, una vez que lo
pierdes, piensas que ya la vida no sirve más que para darte copias baratas e
imitaciones absurdas de la mejor canción de amor que hayas escuchado jamás. Gracias
por acariciar mi vida con el dulce tacto de tu existencia...
Una
amiga me dijo ayer, que escribiera nuevamente sobre la amistad y los grandes
amigos que en un momento de nuestras vidas nos olvidan, le respondí que los
verdaderos amigos nunca olvidan. Pero decidí complacerla y volver a tocar el
tema de la amistad, siempre recordando como dice García Márquez que: “Un
verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el corazón”.
Todos
tenemos una o varias personas que nos hacen la vida más fácil, más feliz y más
completa. No son dioses ni superhéroes, son esas personas increíbles que nos
rodean, que se hacen querer, a las que vas conociendo y se van haciendo
imprescindibles en tu vida, porque te ayudan, te animan, te soportan, se
divierten y lloran contigo. A algunos los denominamos amigos del alma, de corazón.
Son sinceros, verdaderos, saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace
felices... Todas las personas dejan huellas en la vida pero los amigos las
dejan en el corazón.
No
hay nada mejor como estar con tus amigos, ellos están para lo bueno y lo malo, te
preguntan ''¿Te pasa algo?'' y tu contestas ''No, no me pasa nada...'' y ellos conociéndote
dicen: ''No, claro. Ven, cuéntame. O por lo menos si no quieres hablar no me
niegues que algo te pasa porque yo sé que sí''. Esas son las personas que hacen
que la vida sea maravillosa y que todo parezca perfecto por el hecho de que están
junto a ti, porque puede haber miles de cosas malas en el mundo, pero todo lo
malo es mejor si tenemos a nuestro lado esos hermanos por elección.
La
amistad exige el fiel sentimiento de la sinceridad, la comunicación sin trampas
ni exigencias, la entrega mutua sin egoísmo, la preocupación por el otro, la
confianza sin límites, la paciencia, el respeto a las ideas, aceptar la forma
de vida del amigo, la confianza sin limites, el saber escuchar, saber perdonar…
Alberto Moravia dijo que: “La amistad es más difícil y más rara que el amor.
Por eso, hay que salvarla como sea”.
Yo
encontré a una persona maravillosa que está cerca de mi corazón para siempre y
cumple todos los requisitos que hay que tener para ser una verdadera amiga. Ella
sabe lo que pienso, lo que quiero y lo que siento; es honesta, leal. Sé que
estás leyendo estas líneas como siempre, y sé que no te gusta que escriba estas
cosas pero cuando yo escribo o hablo de amistad es inevitable que tú aparezcas.
Tener
a alguien como tú en la vida, es una bendición y un milagro, tú y yo estamos en
la misma sintonía; siempre me comprendes. Más que oír escuchas. Suavizas lo
arduo y ofreces tu mano. Contigo soy simplemente yo misma, nunca tengo que
esconderme, puedo ser exactamente la que soy... en lo más profundo de mi
corazón. Estar contigo es como sentirse en casa, conoces el fondo de mi alma,
sabes las cosas más grandes y más pequeñas, mis virtudes y mis bajezas.
Tú
y yo compartimos: nuestras flaquezas, nuestros deseos más elevados, nuestros
pensamientos más serios, nuestras bromas más tontas, sólo tú me haces reír
cuando solo quiero llorar... (y por favor, ahora no llores tu). Amiga, eres
especial... esa que nunca me falla, esa que sorprendentemente lee mi
pensamiento... yo no podré evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta
el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
Muchas
veces yo necesito que me sostengas aunque no te lo diga, pero siempre preciso
saber que estas ahí. Creo que eres sabia porque sabes soportar tu impotencia
cuando no te dejo ayudarme. Cuando me encuentres llorando siéntate a mi lado y déjame
llorar junto a ti, ese será un gran consuelo. Abrázame y dime que cuento
contigo, que me acompañaras en el camino de las lágrimas, tan árido y
fantasmal. Yo nunca olvidaré el amor sanador que me ofreces.
Cuando
mis pensamientos se vuelven turbulentos me ayudas a sonreír, si te pido que me
ayudes a levantar… no lo dudas ni un momento, solo recuerdo risas en esos
momentos que pasamos juntas escapando de todos los problemas. Amiga mía, por
mucho que te escriba nunca podré describir lo que es nuestra amistad, porque
simplemente es extraordinaria.
Si
vives cien años, yo quiero vivir 100 menos uno para no tener que vivir sin ti. Cuando
necesites desahogarte, yo te escucharé. Cuando necesites algún consejo, yo te
lo daré; si necesitas llorar, yo lloraré contigo; cuando precises un hombro para
apoyarte, apóyate en el mío. Cuando quieras reír, yo haré cualquier tontería
para conseguir que rías; si necesitas un abrazo, prometo darte uno enorme. Cuando
quieras estar sola, lo entenderé y te dejaré pero nunca me alejaré. Te deseo
paz, amor, salud, suerte y prosperidad. Hoy y siempre... Búscame que ahí estaré
por siempre amiga, a tu lado, este corazón que tanto te quiere en lo bueno,
pero sobre todo en lo malo. Nosotros somos la prueba evidente de que dos almas
no se encuentran por casualidad... Quiero agradecerte por soportar mis
defectos, tolerar mis humores, y por sobre todas las cosas por entenderme. Tu
amistad es oro para mí.
Es
de madrugada y estoy cansada, pero he salido como tantas otras noches a la
terraza a respirar un poco el aire fresco de la noche y a mirar ese horizonte
que a penas se intuye entre las sombras, pero que yo sé que esta ahí. Me gusta
mucho esa quietud, ese silencio. Y hoy, especialmente, lo he saboreado más,
porque me siento tranquila, relajada.
El
otro día le dije a alguien que yo prefiero trabajar o batallar con un hijo de puta
inteligente que con buenazo mediocre y se molestó mucho, me dijo horrores. En
distintos momentos de mi vida he sido criticada por mi gusto por la inteligencia.
Cuando uno habla de que le gusta la gente inteligente o aún peor, de que uno se
considera inteligente, suena pedante. A mi la pedantería me incomoda. Pero
también es cierto que me considero inteligente. En este punto es necesario saber
qué se entiende por inteligente, porque en realidad no es un puntaje de C.I.,
cuando yo hablo de inteligencia me refiero a una mezcla entre creatividad,
ingenio, y una gran dosis de interés por las actividades que se hacen.
Es
cierto que hay otras cosas importantes. Obvio. De hecho, mucha gente que
considero inteligente son bastante insufribles, inestables emocionalmente, limitados
en su área de conocimiento, o simplemente malas personas. También hay quienes confunden
inteligencia con seriedad, lo que es un error, ya que no hay nada menos
inteligente que no tomarse las cosas con humor. Tampoco es conveniente
confundir inteligencia con una aureola de "bondad" generalizable a
todos los ámbitos. En lo personal, he conocido muy buenas personas que han
estado lejos de ser brillantes.
Llevo
varias semanas agobiada con mucho trabajo (de esos que no sabes cómo entrarles y
los vas dejando hasta que te pones contra-reloj) y problemas personales. Algunas
veces lo que quiero y lo que no quiero, se ignoran mutuamente, negándose
importancia. Lo mejor podría ser abandonar, la esperanza para empezar, la
nostalgia para seguir, los objetivos en general, para terminar. No quiero defender
el hedonismo, no quiero defender nada. No quiero ningún estandarte. A veces lo
que uno quiere no está entre las alternativas y elegir nada, al final es elegir
algo, porque eso sí estaba dentro de las opciones. Tener una historia para
contar nunca es malo, aunque sea una historia triste.
Bueno,
creo que me he ido enredando toda, pero lo cierto es que ahora, ya lo he
encaminado casi todo y empiezo a sentir menos presión. Eso hace que me sienta
más liberada y feliz. Pero esto me ha llevado a pensar en el valor que uno le
da o no le da a las cosas en determinado momento. Dicen que sólo valoramos
aquello que perdemos, ¡qué estupidez la nuestra!, aunque muchas veces es así.
Por
ejemplo en este instante yo valoro la paz que siento y es que me doy verdaderamente
cuenta de lo que significa no sentirse presionada; pero a veces no valoramos el
que tenemos trabajo, o a la gente que nos quiere de verdad, o que tengamos 20
putos pesos en la cartera, o que alguien nos sonríe al darnos los buenos días…
Si
algo tengo claro es que cualquier cosa que hoy tengo, mañana tal vez ya no la
tenga. Y en ese saco incluyo todo cuanto poseo, desde lo más valioso, como la
gente que quiero, a las cosas más insignificantes, como el simple trago que me
estoy tomando. Hoy estoy aquí pero mañana no sé donde estaré, hoy he sonreído
escuchando el canto de los pájaros pero tal vez mañana no pueda escucharlo; he
trabajado, me he reído, he hablado con mucha gente, he besado a mis hijos y he
tecleado como loca en mi computadora. Pero, mañana, tal vez no pueda hacer
ninguna de esas cosas.
En
cada amanecer, abrimos los ojos para enfrentarnos a un día más... La mañana se
va llenando de un taconeo incesante, las calles se llenan de estudiantes y
trabajadores marchando hacia sus tareas diarias, y otras muchas personas empeñadas
por llegar al lugar deseado... Tanta es la prisa que miramos sin mirar...
Quizás recordamos una marca, comentamos el gesto huraño de alguien sin
importarnos la causa que lo provocó. Así transcurre el día y nos quedamos sin descubrir
el interior de quienes nos acompañan, o nos privamos del disfrute del vuelo de
los pájaros o la sonrisa de los niños cuando juegan. etc. Todos los días son
buenos para redescubrir sonrisas hermosas, actos valiosos, manos habilidosas,
espíritus valientes, luchadores incansables de lo bueno.
Por
eso hoy quiero ser consciente, valorar y agradecer a la vida todo cuanto tengo
antes de perderlo, o, más todavía, aunque no lo pierda nunca. Y, sobre todo,
agradecerle esta capacidad que constantemente me brinda para sentir, para ser
capaz de conmoverme cuando siento el viento fresco de la noche en mi piel o
mientras intuyo un horizonte entre las sombras.
No
podemos vivir tan deprisa, eso conspira contra nosotros mismos. Siento rabia y
tristeza cuando me doy cuenta de que no nos detenemos ni un instante y es
necesario hacer un alto como el que he hecho esta noche, para tomar consciencia
de muchas cosas. Y aunque me arden los ojos, no he querido acostarme sin
sentarme a escribir esto, para ver si de este modo me lo grabo definitivamente
en mi memoria, en esta mente traicionera y desleal que muchas veces se empeña
en hacerme olvidar lo maravilloso que es vivir cada instante y disfrutar de las
cosas simples.
Las
cosas que el dinero no compra son las más valederas. La recompensa más grande
es la sensación de haber hecho "mi mejor esfuerzo", de no haber desmayado
en la lucha, de no tenerle miedo a la noche sino dejarme seducir por su
profundidad. La recompensa más grande es darle gracias al camino cuesta arriba
que en lugar de cansarme, me revitaliza. El premio más grande es verme con
grandes ojeras acompañadas de una gran sonrisa que dice he caminado un largo
trecho, con muchas caídas y desaciertos, con algunas cicatrices, polvo y
lágrimas, en medio de algunos berrinches y angustias, pero que cada obstáculo
me dio un talento, mientras más grande es el reto más son las ganas de superarlo.
¡Ah!
Déjenme decirles algo más en cuanto a la inteligencia, cuando digo que me gusta
la gente inteligente, no es una declaración de principios con respecto al valor
de las personas, que suelen tener cualidades en los diversos ámbitos, sino
solamente una declaración de gustos. La inteligencia me gusta como me gusta el
cine, me atrae como me atraen los hombres, ni más ni menos. No hay por qué
molestarse.
Soy
consciente de la suerte que tengo por estar aquí, por ser, por aceptar y
disfrutar todo cuánto la vida me regala en cada momento. Quiero sentirme todos
los días (sé que eso es imposible) tan liberada y feliz como me he sentido esta
noche, cuando buscaba ese horizonte entre las sombras, disfrutando del frescor
de la madrugada y con la satisfacción de muchas cosas resueltas.
Estoy en mi habitación
tratando de olvidarte, pero creo que es un gran error ya que las cuatro paredes
y la oscuridad de la noche hacen que mi corazón sienta más dolor por tu
ausencia. Ya no sé qué hacer para sacarte de mis pensamientos, pero el tiempo
es un gran consejero y me ayudará a dejar de sufrir, porque a olvidar, lo dudo
ya que un amor tan bonito como el nuestro es imposible de olvidar.
Aunque me joda
reconocerlo yo te quiero y tengo miedo a perderte para siempre. Desde que nos
conocemos, he metido la pata varias veces y he cometido varios errores pero me
has perdonado haciendo borrón y cuenta nueva. Supongo que eso es lo que me
gusta de ti, la forma en que me tratas y en la que me dices “te quiero” o tal
vez sean esos ojos que me vuelven loca o tu carita de niño bueno, en fin tienes
muchas cosas que me encantan.
Te amo de todas las
formas y no me avergüenza aceptarlo. Nadie puede prohibirme ni criticar un
sentimiento tan vivo que está dentro de mí, día a día, noche a noche, en cada
ocaso. En mis noches de insomnio recuerdo tu compañía y siento tus manos en mi
cuerpo. Aún cuento los días que han pasado, aún sigo recordando las fechas, los
aniversarios, los romances, nuestras tardes…
Cada vez que hablo contigo
me siento bien, protegida y con ganas de todo, no sé como lo haces pero no
sales de mi mente, no logro olvidarte… Para ser franca, te diré que lo he intentado
pero es imposible, siempre vuelves como un bumerán. Cuando creo que he comenzado
a olvidarte tus recuerdos vienen a mi mente y me atormentan, me confunden, es
increíble lo que tú me haces sentir aún sin verte, eso nadie lo había conseguido
antes.
Te extraño mucho y al
decirlo mi corazón sufre y llora, porque ha llegado el momento en que me haces
falta para estar de pie... Mi amor por ti no se agota... Mi corazón se ha
cansado de tenerte dentro de él y a la vez sentirte tan lejos; tengo miedo a
soñarte y a pensar en ti, a recordarte y suspirar, no sé por qué no puedo dejarte
de amar... Tan sólo hablar contigo cinco minutos me hace feliz las 24 horas, tu
amor me alegra, me hace soñar, me hace pensar en cosas que jamás pensé, eres increíble…
quizás por eso ha pasado tiempo y aún te amo.
Te digo sin vergüenza
ni orgullo “Aún te amo”. Te amo, con mariposas azules, con santos, con
mendigos, con una oración. De una manera madura, con mi piel, mi sangre y un
mundo lleno de ilusión donde estamos sólo tú y yo. Amor de madurez, prohibiendo
intrusos ó alguna opinión.
¿Sabes? No tenía en mis
planes echarte de menos pero mis planes se jodieron cuando nos dimos la vuelta
y nos separamos. Desde ese preciso momento, justo ahí, empecé a echarte de
menos a todas horas, me levanto pensando en ti, en tu sonrisa, en tus abrazos,
en tus tonterías y automáticamente una gran sonrisa aparece en mi cara, y es
que estás tan grabado en mí que hasta a través de los recuerdos eres capaz de
hacerme sonreír.¿Y sabes que es lo peor? Que dudo que algún día deje de echarte
de menos o al menos ese día no llegará hasta que te tenga nuevamente entre mis
brazos.
¿Cómo arrancarte de mi
cuerpo y tirarte al viento? ¿Cómo arrancarte de mi mente y olvidarte para
siempre? ¿Cómo arrancarte de mi corazón y aliviarlo de dolor y sufrimiento?
¿Cómo arrancarte de mi alma y liberarla de tu forma de amar? dime tú ¿Cómo arrancarte
de mí? Si te tengo clavado en cada parte de mí ser.
El
verano es la estación de mucho sol y diversión, de ejercicio intenso y comida
ligera. En el verano gobierna el fuego, la energía del corazón. El calor
apremia pero no importa, las vacaciones están a la vuelta de la esquina y con
ellas el tiempo para disfrutar de nuestras aficiones favoritas. El verano tiene
sus contratiempos, porque con él llegan esas colas interminables, al sol la mayoría
de las veces, lo mismo para comprar un helado que para entrar a algún lugar. Pero
a pesar de todo para mi gusto es la mejor estación del año.
Empieza
el verano y en las ciudades algo cambia, la gente va ligera de ropas y piensa
en las futuras vacaciones, el día se alarga y en las playas se siente el
intenso calor que nos invita a entrar al mar. Sentir el mar cerca, verlo,
respirarlo, escucharlo... ¡Dios! Imposible resistirse. Uno de los grandes
momentos de ir a la playa, es cuando llegas que empiezas a pisar arena, te
quitas los zapatos o las chancletas (y si la arena no está muy caliente), comienzas
a disfrutar del paseo hacia la orilla. Es como un ritual y cuando por fin, el
agua baña tus pies una maravillosa sensación te invade y piensas "ya estoy
aquí", y te sientes feliz, dueño del universo, da igual que sea enero o
febrero y el agua esté congelada siempre es la misma sensación de paz.
A
partir de ese momento comienzas a disfrutarla, las olas van haciendo su trabajo,
van metiendo su sonido poco a poco en tu cabeza, hasta que llega a pasar casi
desapercibido, como si formara parte de ti y el tacto es tan reconfortante... el
ambiente embruja, y el placer de sentarte en la orilla es indescriptible, y me
complace llenarme la mano con un puñado de arena y soltarla poco a poco, como
si no quisiera que se fuera nunca. Y el aire te acaricia acercándonos el olor
del agua salada, el salitre se mete en tu piel…
Y
ahora recordando las sensaciones que me provocan llegar a la orilla de la
playa, viene a mi mente lo que significaba un día de playa cuando mis hijos
eran chiquitos. Dios mío, aquello era una locura. En primer lugar había que planearlo
a escondidas porque si ellos se enteraban que el fin de semana íbamos a la
playa se volvía imposible descansar, comer o dormir en casa el resto de la semana.
La
noche anterior al viaje siempre me acostaba muy tarde para dejarlo todo listo y
poder salir al amanecer porque su nos llevaba antes de ir a trabajar, casi
nunca iba con nosotros porque detesta la playa (ya se lo que están pensando que
cómo es posible con tanto que yo adoro el mar, pero así es), el se ocupaba de
comprar todo lo que podíamos necesitar.
Yo
preparaba dos mochilas una con toallas y ropa (ustedes saben como son los
niños) y otra con comida, además de poner a congelar tres o cuatro litros de
agua para llevarlos en la nevera, además de los pomos con refresco o jugos de
frutas. ¡Ah! Importantísimo no podía olvidar dejar la sombrilla de playa junto
a la puerta porque sino con el apuro se nos podía quedar. Además de todo eso en
un bolso les echaba todos los utensilios que iban a necesitar para su diversión,
pelotas (una pequeña y una grande), cubitos, palas, etc, etc.
Levantarlos,
a pesar de lo temprano, era una maravilla, la playa era para lo único que se
levantaban sin rechistar y sin importarles si todavía estaba oscuro. Desayunaban
en un santiamén y se paraban en la puerta queriendo cargar cuanto paquete les
cabía en las manos y apurándome porque les iba a coger tarde.
Cuando
por fin llegábamos a la tan deseada playa, aquello parecía una cruzada, dejaban
todo tirado y se mandaban a correr para llegar al agua, yo tratando de poner
orden sin perder la ternura tenía que hacer acopio de paciencia y finalmente
casi ya estresada lograba que se detuvieran y me ayudaran con las cosas, como
todos sabemos andar por la arena no es nada fácil y más cuando vas cargada con
dos mochilas, un bolso, una nevera y una sombrilla de playa.
El
siguiente problema estaba en buscar una buena ubicación, afortunadamente como
era muy temprano no se me hacía muy difícil, pero tenía que pensar en todo,
primero no podía estar lejos de la orilla porque a los niños hay que estar constantemente
vigilándolos para que no se pierdan entre la gente y cuidándolos de los
peligros que conlleva el oleaje o la resaca si los hay.
Después
de encontrar ese lugar idóneo para montar el campamento tenía que fijarme que
no estuviera justo donde los adolescentes juegan fútbol o voleibol. Terminado
el análisis y la búsqueda del lugar apropiado, entonces colocar la sombrilla en
la arena y la lona (para sentarnos y ubicar nuestras pertenencias), bien puestas
y con unas piedras en sus esquinas para que el viento no las levante. La
sombrilla ubicada de forma que le dé sombra a los niños, las mochilas puestas
estratégicamente para que no se llenen de arena, además para que la crema solar
no se convierta en un líquido a punto de ebullición y la comida un verdadero
desastre en descomposición por el sol abrasador. Las chancletas tapadas para que
no causen quemaduras de tercer grado en los pies cuando uno se las ponga. En
fin, cada cosa en su lugar.
Mientras
ellos sacan una de sus pelotas, me detengo a observar las aguas que están serenas
como la superficie de un lago, sólo ligeras ondas dan vida al azul y misterioso
mar. Es tan temprano que tenemos el placer de deleitarnos con un espectáculo
inigualable, un momento que yo venero y que enseñé a mis hijos a disfrutar. Juntos
contemplamos el momento en que surge frente a nosotros un resplandor en la
línea del horizonte marino, un huevo anaranjado y achatado que emerge en la
distancia. El sol, totalmente lleno de vida, que parece nacer en el infinito
cielo y misterioso horizonte donde confluye el cielo y el mar.
Se
eleva lentamente, hasta que surge del todo, cambia su forma achatada por su
habitual contorno circular, y poco a poco se va volviendo más amarillo. Lo observamos,
admirando su belleza, mientras comienza a relucir sobre las aguas, y la franja
de resplandor brillante recorre la superficie marina hasta llegar a nosotros. El
hechizo del mar nos envuelve y los niños están fascinados. Hay silencio, sólo
se escucha la música suave de las olas acariciando la orilla.
Terminado
ese momento mágico, ya los niños están más que listos para meterse en el agua y
yo estoy en estado de deshidratación por tanta sudoración, ¡Así que al agua! Contarles
todo lo que ocurría dentro del agua son por lo menos dos páginas más y no puedo
hacerlos sufrir así, por tanto dejaremos esas historias para otro día. Lo que
sí les diré es la inmensa satisfacción que sentía, realmente los tres estábamos
inmensamente felices porque mis hijos heredaron esa mi pasión por el mar y lo
disfrutan tanto placer que no hay nada que me de más satisfacción que verlos en
ese ambiente divirtiéndose a todo lo que da.
Cuando
salimos del agua, después de orientarse hacia donde están nuestras cosas (ya la
playa está abarrotada de gente) corren hacia ellas y se lanzan en la lona como
si fuera el mar (se imaginan el reguero de arena ¿verdad?). Intento aparentar
calma, mientras enciendo un cigarrillo y me abro una cerveza helada que hay en
la nevera. Entonces les sugiero que se laven los brazos y manos para que coman
algo.
Se
levantan de prisa y vuelven a emprender una carrera hasta el agua, al regreso
traen la pala mojada y el cubito lleno de agua para hacer su castillo de arena,
¡Mientras comen! Sonrío apretando los dientes mientras sacuden la pala llena de
arena, que cae sobre mí, y me dicen "¡Mamita, ya estamos listos!".
Haciendo un esfuerzo supremo porque son mis hijitos del alma, aparto a un lugar
estratégico lo que queda de mi cerveza, le limpio como puedo las manos y les
doy la merienda y el refresco.
A
penas unos minutos después regresamos al agua, (era muy difícil mantenerlos
fuera) con una sensación de aspereza en la piel y sin parar de sacudirme las
manos llenas de una sospechosa mezcla de crema solar, refresco derramado y
arena, Tras dos o tres horas de un sol abrasador, saboreando labios resecos y
salados, hago el anuncio de que nos vamos a casa. Con sus respectivas
consecuencias de quejas y llanto de parte de ellos que aún no les ha parecido
suficiente. Pero como su papá está al llegar a recogernos no les queda otra
alternativa que obedecer.
Afortunadamente
mi esposo también nos recogía, porque se imaginan con esos niños cansados y yo
totalmente exhausta de tantos avatares enredarnos con una guagua para regresar
a casa, ¡Dios, mejor ni pensarlo!
Los
mando a enjuagar los juguetes en la orilla y yo comienzo a sacudir un poco
nuestras pertenencias que están llenas de arena. Recojo la lona dándole violentas
sacudidas para intentar desprender todo aquello que se le ha pegado durante la
jornada. Cierro con sumo cuidado la sombrilla para que entre en su estuche. Nos
colocamos las chancletas y nos dirigimos a un costado de la carretera donde su
papá nos recogerá.
He
aquí donde la cosa se pone verdaderamente peliaguda porque entonces tienen
hambre nuevamente y no quieren enjuagarse sino comer. En medio de aquella
batalla hago todo lo posible por retirar todo rastro de arena de sus cuerpos para
dejarlos comer tranquilos mientras esperan. El calor es sofocante, los refrescantes
baños en el mar no han servido para nada. La ropa se me pega al cuerpo, siento
la arena por todas partes y el pelo para qué hablar.
Su
padre llega y por fin nos vamos a casa, por el camino comienzan los cuentos
mientras él les pregunta si se divirtieron hasta que de pronto se hace un
silencio sepulcral. “¡Se durmieron!”, digo dando un largo suspiro. Se queda mirando
mi expresión y dice “¿Se portaron mal? ¿Tú como la pasaste?”, lo miro sonriente
“Ellos no se portan mal, me divertí mucho”. Me da un beso y comenta “Te ves cansada,
pero yo sé la felicidad que te da venir aquí”.
Llegamos
por fin a casa y mientras él pone orden en el baño yo comienzo a lavar toallas,
trusas, juguetes, chancletas, votar restos de comida, fregar cantinas, vasos,
cucharas y volver a colocar todo esos bártulos que hay en la mochila en su
lugar. Mientras él les sirve la comida yo voy en busca de un placer casi igual
de satisfactorio que el de llegar a la playa, DARME UNA DUCHA.
Después
de una larguííííííííííííísima ducha, me siento a descansar, ellos vienen
corriendo hacia mí me besan, me abrazan y dicen “Mamita, estamos cansados y
vamos a dormir, ¿mañana vamos otra vez?”. En medio de mi agotamiento, me quedo
sin respuesta y su padre se los lleva deprisa antes de que yo diga algo
indebido, los acuesta y sonriente viene a ayudarme a empavesarme de crema.
La
fascinación de ellos por el mar no ha disminuido y nos damos muchos viajes a la
playa pero la diferencia es que como ya son grandes ahora todos disfrutamos por
igual.