Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. Aquí escribo mis pensamientos, cosas que me preocupan, algunas vivencias, historias que conozco... lo que me dicta el corazón para compartirlo con otras personas, es una manera de saber que no estamos solos en este mundo virtual y poder hacerlo más real y cercano. Me gusta escribir y me siento bien haciéndolo, ojala estás letras lleguen a ustedes como yo quisiera. Siéntanse libres de comentar lo que deseen. Gracias por estar aquí.

martes, 9 de abril de 2013

La solución no es esconder y tirar la llave



Las emociones tienen una gran importancia y utilidad en nuestras vidas, puesto que nos ayudan a responder a lo que nos sucede y a tomar decisiones, mejoran el recuerdo de sucesos importantes y facilitan nuestras relaciones con los demás. No obstante, también pueden hacernos daño cuando suceden en el momento inapropiado o con la intensidad inapropiada.

En estos días sentada en la playa, me puse a contemplar el mar, con su tranquilidad y brisa de la tarde. También pasee de un lado a otro, mirando el cielo, disfrutando mi soledad. Mis pensamientos se desataron y analicé muchas cosas, entre ellas las emociones.

La mayoría de las veces se cómo manejar mis emociones y eso es importante a la hora de armonizar mi vida. Ser consciente de esto no significa que siempre sepa batallar con ellas o que las sepa dominar, porque es un trabajo difícil. Pero he aprendido a clasificarlas y a unas les doy la libertad para que sigan manejando mi vida a su libre albedrío y sin pedirme permiso, y a otras intento atarlas a lo cortico.
En mi hoy, hay quietud, a pesar de los problemas que me circundan me deleito en la paz que me habita, más allá de cada proceso que pueda transitar… Cada día deja su aroma en mí, de esa manera quedo completamente impregnada por la fragancia de cada instante que se erige delante de mis sentidos, conformando mágicamente, mi ser.
Las emociones que dejo a su libre albedrío son esas que producen explosiones de vida en positivo en mi interior. Las que hacen sonreír a mis amigos cuando me afloran, son esas que convierten las cosas bonitas en especiales: la sonrisa de alguien, los lugares que me gustan, una canción, un atardecer, las palabras de alguien… Y no me importa si a veces me dicen que soy exagerada. Simplemente lo vivo así y eso me llena de vida, de alegría, me carga las pilas... en resumen me hace feliz. Por eso me importa un comino cualquier cosa que me digan. Es mi torrente emocional en positivo y es ese al que le permito manifestarse cuando le dé la gana, de manera incontrolada.
En cambio las que pretendo amarrar y controlar a golpe de látigo para que, cuando se disparen no hagan de mi vida un desastre son mis miedos, mis inseguridades, mi fragilidad, todo lo que puede convertir cualquier cosa en algo triste, difícil, desesperanzador... Sin embargo, sentada a la orilla del mar pensando en cosas como estas llegué a la conclusión de que no se trata de guardarlas en un cajón y tirar la llave al fondo del mar porque, finalmente, acaban escapando.
No, esa no es la cuestión, simplemente necesito hacerles frente y manejarlas bien, aprender a controlarlas cuando afloran porque en el fondo no puedo huir de mis miedos, ni de mi vulnerabilidad, ni de la tristeza… porque están ahí. Si me di cuenta que no estaba haciendo las cosas bien cuando de repente todas ellas salieron de su caja y afloraron a la superficie como una olla a presión.
Últimamente he sentido tanto miedo, tanta desesperanza, tanta frustración que durante unos días el dolor y la tristeza se convirtieron en mí día a día y casi terminaron por romperme. Aturdida todavía, tambaleándome, me he dado cuenta de que no tengo más remedio que enfrentarme a mi misma, coger el toro por los cuernos y aceptar que todo eso también está en mí, y que por tanto no lo puedo encerrar ni ignorar, que tengo que enfrentarme a ellos y mirarlos cara a cara en lugar de darme la vuelta y mirar hacia otro lado como si no existieran.
Las emociones están presentes en la vida de todas las personas, prácticamente en todo lo que hacemos. Estamos con un amigo porque nos sentimos a gusto con él y vamos el fin de semana a la playa con ánimo de pasarlo bien. Nos enfadamos cuando las cosas no nos salen bien y nos alegramos y estamos satisfechos cuando tenemos éxito en lo que nos hemos propuesto. 
Todos tenemos miedos unos a volar en avión y otros a ir a la consulta del dentista. Nos sentimos afligidos y doloridos cuando hay un familiar enfermo o muere, o alegres cuando la persona que amamos nos corresponde. Hay días en que trabajamos con entusiasmo y otros en que sólo sentimos pereza o fastidio. Estas y otras situaciones de la vida cotidiana ponen de manifiesto la influencia que las emociones ejercen en nuestras vidas.
Todo está dentro de nosotros, en ese espacio interno tan valioso y trascendental; es ahí donde está la chispa de la vida, donde también se encuentran todas las respuestas… y como todo está en mí, tengo que aprender a ser capaz de convivir con ello, reconciliarme con mis emociones negativas y establecer con ellas un pacto de sana convivencia porque en mi interior está mi fuerza, ahí puedo escuchar el eco de mis afectos, de mis más caros sueños o mis mayores temores. Por eso tengo que buscar y no dejar de escuchar a mí ser interior. En algunas cosas no sé por donde empezar, pero estoy segura de que encontraré la pista.
Y así con tantos pensamientos, en medio de esa paz y tranquilidad que el mar siempre me ofrece, decidí que después de noches sin dormir y llorando desconsoladamente siempre me tengo que regalar la vista de un lindo amanecer. Porque las emociones son inherentes a la propia condición humana y en gran medida determinan la existencia.
Y no hay nada más cierto que el tiempo que pasa no se recupera, los besos que se dan no se repiten ni se devuelven, los abrazos no se conservan en cajas ni en sobres de papel y el amor no se congela en el aire ni en ninguna otra parte, solo tenemos el presente para hacer lo que queremos, esa especie de realidad que ocurre gracias al tiempo, que existe solo por nuestros deseos de estar, solo por nuestras ganas de vivir
Después de tanto pensar y reflexionar conmigo misma mientras paseaba por una playa desierta y me sentaba a contemplar el mar. Me levanto en la mañana y basta con abrir los ojos para regresar a este mundo que no es de ensueño y suspirar, mi vida se siente llena, hay muchas cosas buenas e importantes en ella, muchas cosas que defender y por las cuales seguir luchando sin amedrentarme. El dolor que nos lastima no se cura cerrando los ojos, la felicidad no se encuentra quedándonos parados esperando el alba porque la vida solo se puede vivir mirando hacia adelante.
Y entre otras muchas cosas que me hacen feliz y seguir amando la vida, está el amor. Basta con mencionar su nombre para reír y volar, volar en el mar del amor puro, colorido, del amor que embellece la palabra “Amar”, basta con mirar sus ojos para saber que son perfectos, que la luna, la tierra, las estrellas, el universo, la divinidad y todo lo demás se queda corto comparando la inmensidad de su mirar. Me abriga, me ama, me toca con la mirada y me hace sentir que soy bella, que soy suya, que soy mucho más.
Me siento agradecida con todas las personas que de un modo u otro me han hecho reflexionar y profundizar en mi ser interior.

lunes, 8 de abril de 2013

Tu compañía me hace feliz



Durante el día me ocurren muchas cosas, unas me hacen feliz y otras no tanto. También me agobio en ocasiones por la cantidad de trabajo o de cosas pendientes, además de los problemas personales… pero siempre estas tu a mi lado, dándome la energía que necesito, diciéndome la palabra que me ayuda a seguir, dándome el amor y el cariño que necesito. Solo con sentirte a mi lado me lleno de las fuerzas necesarias para seguir y avanzar.
Tu compañía me hace feliz, cuando estoy contigo el tiempo pasa de prisa y ni cuenta me doy. Todo es como un sueño, el día más nublado parece soleado. Tu compañía es una necesidad porque tu eres mi felicidad. Contigo encuentro mucha paz, enterneces mi corazón, iluminas mi alma, enalteces mi sentir.
Te agradezco tanto por completar mis días, a tu lado siempre hay algo nuevo que descubrir, sentir y amar. Disfruto tu sonrisa y la forma en que te mueves, sabes todos mis movimientos y mis horarios al derecho y al revés. Me gusta verte mientras trabajas porque pareces contento, sonriendo todo el tiempo, aunque a veces pienso que lo haces solo para mí, porque sabes que no pierdo un detalle de lo que estás haciendo. Me mandas esas señales que solo yo noto, si no estoy a tu alcance me buscas con desespero hasta que encuentras mi mirada para poder sonreír, diciéndome que ya es hora de salir, para poder estar juntos después de un largo día.
En nuestro refugio, nuestros cuerpos se unen y puedo sentir que me deseas tanto como yo a ti, puedo sentir tus manos rodeándome toda, me haces reír en el acto, poco a poco me besas, me excitas, quitas las pocas ideas conscientes que quedan en mi, y entonces solo puedo sentirte. Me desnudas suavemente, susurras lo que me harás… me estremezco toda… me haces sufrir en la espera de sentirte dentro, y repites las escenas una y otra vez, hasta que ya no puedo mas y te imploro que me llenes de ti, y así empezamos amarnos como salvajes, desatando el placer que llevamos dentro, y el tiempo se hace tan corto…
Ya exhaustos y satisfechos, me abrazas, me besas con ternura y me dices lo dichoso que te sientes de tenerme a tu lado. Tus palabras siempre me hacen sentir tranquila y feliz, dichosa y amada. Gracias por tu compañía, por tu amor, por ser mi alma gemela.

miércoles, 3 de abril de 2013

La mezcla no me gusta


Los seres humanos somos muy diferentes unos de otros, en muchos sentidos. Hoy me quiero referir a gustos o quizás algunos los llamen vicios. No sé, eso depende de la percepción de cada cual. Pero voy a referirme específicamente a algunos gustos (míos y de muchas personas), me gusta el café fuerte e intenso, el chocolate amargo y el sexo salvaje. En todo hay variantes, claro, pero en estos casos la mezcla no me gusta.
Por ejemplo, a muchas personas les encanta el café, otras no lo soportan. Yo soy una consumada cafetera, ó lo que es lo mismo que si no me tomo un café al levantarme no soy persona... Confieso que no siento que comienzo el día si no me tomo antes una taza de café y si alguien intenta sostener una conversación razonable conmigo antes de eso, seguramente solo balbuceo incoherencias.
Un café solo y en su punto, es de un gusto exquisito, es brebaje de dioses. Es sin duda uno de mis grandes placeres. Necesito cada mañana arrancar con un café fuerte, aromático, preferiblemente lo tomo en vaso de agua. El café me aclara la mente, me abre el panorama y me termina de despertar, por decirlo de algún modo. Los que me conocen saben que no soporto un café recalentado y tampoco me gusta un café con leche que me sabe a leche.
Existen muchas maneras de tomar un buen café. Mi preferido es solo y bien cargado. Hay pocos aromas que despierten más mis sentidos que el del café. Me gusta aspirar los efluvios que desprende una taza caliente de café bien hecho.
Para muchos como yo, es inconcebible comenzar el día sin una buena taza de café. Para otros, el café es el acompañante perfecto e infaltable de cientos de pequeños ritos cotidianos como la lectura del periódico o fumarse un cigarrillo.
Un buen café negro es un reconstituyente innegable. Aumenta la agilidad mental y la capacidad de tener atentos los sentidos. Da energía, ayuda a concentrarse. A mí me alivia el dolor de cabeza. La cafeína estimula y nos enganchamos a lo que nos excita. Lo que no es precisamente malo…
¡Ah! y con el chocolate negro pasa algo parecido, es estimulante y además buenísimo. También previene enfermedades cardiovasculares, tiene muchos antioxidantes. Pero siempre en su forma más pura… Yo lo disfruto a morir, de sólo pensar en una barra de chocolate negro se me hace agua la boca.
Desde sus inicios, el chocolate siempre ha estado ligado al placer, pero también al amor, siendo desde un "inocente mensajero" en forma de ricos bombones a un acompañante o incluso, como se dice popularmente, sustitutivo del sexo. Realmente existe una misteriosa relación del placer y el sexo con el chocolate.
Y en cuanto al sexo salvaje… apasionado y salvaje ambos para no caer en lo cotidiano. ¿Qué puedo decir? Da energía, vitaliza, estimula el cerebro y el resto de órganos vitales… Para quienes no lo sepan, el sexo salvaje, es puro instinto: olores, sabores… es intenso y se desatan tus instintos más básicos, lo que es muy liberador. Puro, sin subterfugios, como el chocolate negro y el café solo. La diferencia es que no deja un saborcillo amargo. Pero es adictivo como los otros dos.
Somos sexo en tu cama, somos el descontrol encarnado en dos cuerpos… Te quiero fuerte y sin azúcar, te quiero café solo, recién hecho, hirviendo…

jueves, 28 de marzo de 2013

No porque exista el perdón…




Crecer no es una tarea sencilla. A lo largo de los años tenemos avances, retrocesos, desilusiones, esperanzas y dolor. En este trayecto forzosamente existirán personas que nos lastimen, que nos nieguen aquello que deseamos, que no nos comprendan o incluso que nos traicionen. Todos sufrimos alguna vez por causa de otra persona. Ahora bien: ¿Qué sentimos por ese que nos dañó? ¿Somos capaces de olvidar la ofensa? ¿Sabemos perdonar?
Cuando una persona perdona a otra, anula sus malos sentimientos respecto al que le ha ofendido. El perdón es un acto de valentía para algunos o de debilidad para otros, pero lo cierto es que perdonar permite romper la relación de resentimiento y amargura que se había establecido entre nosotros y quien nos ha herido, voluntaria o involuntariamente.
El perdón, es la llave mágica que todos debemos encontrar para sanar cualquier tipo de relación. Es una expresión de amor hacia nosotros mismos y los demás. Perdonar no implica que te guste lo que estás viviendo, es liberarte de sentimientos de odio, rencor, envidia… liberándote de ellos, liberas a los demás, no los retienes en tu mente, dejas libre a esa persona que te ha herido.
El perdón es realmente un acto de amor a nosotros mismos porque cuando decidimos no perdonar, lo único que hacemos es estancarnos en emociones negativas. La falta de perdón nos ata a la otra persona o a la situación que no podemos olvidar y una y otra vez volvemos a recordar trayendo al presente nuestro dolor. Esto te hará mucho más a ti que a la otra persona, porque cargar con esos sentimientos donde quiera que vayas y con quien quiera que estés.
Los médicos afirman que la raíz de algunas enfermedades físicas es el rencor. Cuando las cicatrices no logran cerrarse y el rencor continúa anidando en nuestro espíritu, su energía actúa como un veneno. Muchas de nuestras enfermedades se deben a esta contaminación energética, a la ira permanente, a los pensamientos de venganza y destrucción que ocupan nuestra mente. También muchos de nuestros fracasos nacen en este aferrarse a dolores pasados porque allí donde existe el resentimiento difícilmente pueda florecer una actitud positiva hacia los demás.
Recordemos que todos los pensamientos que tenemos van creando nuestro futuro, cada uno va creando su propia experiencia con las cosas que piensa y que dice. Cada vez que decidimos no perdonar, debemos recordar que el resentimiento es como tragar una cucharadita de veneno diaria, se va acumulando y nos daña. Por eso, para curarnos, debemos perdonar. Enviar luz y paz para que la luz y la paz regresen a nosotros.
Saber perdonar es pasar página ante una situación dolorosa, sin resentimiento. Es algo muy importante y de mucho valor espiritual. Cuántas veces una relación ha llegado a su fin por no brindar un sano perdón al ser que amamos.
Y si saber perdonar es importante, tanto o más lo es el saber pedir perdón cuando nos equivocamos. Muchas personas a pesar de la convicción de la falta cometida tienden a pensar que pedir perdón significa cobardía y hasta falta de personalidad.
La realidad es que si estamos seguros de haber cometido un error no debemos dudar jamás ofrecer disculpas al ser que hemos ofendido. Esto no significa que demostramos flaqueza sino más bien que tenemos sabiduría al momento de evaluar nuestros actos. Todos pasamos por ambas caras de una misma moneda.
Cómo podremos pedir perdón si no practicamos el saber perdonar. No quita meritos decir “Perdóname, me equivoqué” o contestar simplemente “Yo te perdono…”, pero ambas cosas hay que decirlas siempre desde el fondo del corazón porque sólo así encontraremos paz interior. Saber perdonar requiere estar dotado de una gran tolerancia y una apertura de mente. Es algo que enaltece y engrandece al ser que lo practica.
Algunos dirán ¿Por qué perdonar? Si perdonar no significa olvidar, tampoco significa que tengamos que comprender ni restar importancia a su error o a su ofensiva acción. Se trata más bien de hacer un favor al “culpable”, permitirle sentirse mejor y que pueda volver a empezar.
Amigos, perdonar no es anular, como si nada hubiera ocurrido; ni es olvidar, como si fuera posible una amnesia súbita; ni es no tenerlo en cuenta, ser imprudente y no aprender de la experiencia. No significa ser ni ciego ni ingenuo. Lo hecho, hecho está y no hay Dios que lo cambie.
Aprendamos a pedir perdón y a perdonar. Pero recordemos que no porque exista el perdón, la gente tiene derecho a dañarnos las veces que quiera.

viernes, 22 de marzo de 2013

Me encanta mirar el mar




Hoy he visto unas fotos preciosas del mar y recordé que es una de las cosas que más amo en el mundo... he deleitando tanto mi vista en las imágenes que mi mente a viajado hasta sus orillas y he llegado a sentir ese olor a salitre que me encanta. Siempre que veo una imagen del mar, lo reconozco: me gustaría estar ahí. Cuando uno tiene pasión por el mar, cualquier momento es un regalo para caminar por la arena y sentir la serenidad o el coraje de las olas cuando rompen en las rocas. Me encanta mirar el mar… me da la paz interior que necesita mi alma... Me gusta observarlo desde la orilla, me gusta su hipnótico movimiento, su fuerza. Me encanta su rugir y sentir su brisa. El mar embelesa. Es fotogénico.
Adoro pasearlo al atardecer o por la mañana cuando aún el sol no me molesta. Contemplarlo en silencio y escuchar su sonido, no hay mejor melodía que la de las olas; me encanta caminar por la orilla solitaria, mojarme los pies pisando la arena y oleeeerlo… Tengo tantas ganas de reencontrarme con ese mar que adoro, y al que a veces tardo tanto tiempo en volver a ver... Por eso hoy, después de recrearme con esas imágenes que vi, visto de mar el blog e intentaré sacar tiempo para estar realmente junto a él aunque sea unas pocas horas.
El eterno mar que tantos secretos guarda que tantas historias a creado, ¡a quien de una manera u otra no le gusta! ¿Por qué nos gusta el mar?, será porque es poderoso e implacable a veces o simplemente porque sus suaves olas nos acarician en la orilla de alguna playa, o porque no hay lugar mejor para ver las salidas y puestas de sol o ver con la rabia que rompen las olas sobre rocas… es bello por donde se mire, y cuando te paras a mirarlo te ayuda a pensar en las cosas que te gusta pensar.
El mar es una de los lugares que más me fascinan. Me renueva, me refresca, me hace bien al alma pasar tiempo en sus orillas. Pero cuando estoy en una playa la fauna humana que se congrega y se empeña en aglutinarse, en observarse semidesnuda con decenas de petates y celulares para ni siquiera conectar con la gloria oceánica es algo que me llena de asombro y contradicción.
El mar es testigo mudo de tantos y tantos de mis días grises. Estando junto a el me siento segura de mi misma... y me puedo pasar las horas muertas ahí contemplándolo. Y cuando lo hago pienso a cuánta gente le gusta hacer lo mismo que a mí. Sin dudas es algo que me atrae mucho y con lo que me identifico. Siempre firme, atento, constante y fiel amigo, que nunca me falla... Puede parecer una tontería, pero es lo que siento.
Siempre he pensado que el mar es una explosión de belleza. Que los momentos más mágicos de la vida tienen lugar en el mar o están relacionados con él. Me parece el lugar más bello de la tierra y cuando me introduzco en él, me siento la persona más libre del mundo. La más feliz. No concibo la vida sin el mar. Está presente en cada momento de mí día a día. En cada acción, en cada palabra, en cada sentimiento, en cada mirada. Es el mar esa puerta abierta a ser el uno mismo que sólo se puede ser ahí.
Cuando estoy junto a el me cuenta al oído milagros de miles de leyendas que quedaron entre sus aguas. En esos momentos sus murmullos monocordes y constantes son todo lo que quiero y lo que amo, porque ahí siempre sé qué soy, qué siento y me confirma que vivo en una conexión secreta y relajada con sus historias que juntan magia en sus orillas. Junto a el me hago de sueños y dejo acunar los sentimientos dormidos en cada paso, en cada huella de aguas y de arenas… con sabor a sal… esperanza de permanecer como la última ola con aroma de mar que acaricie su orilla…
Adoro esa sensación de profunda relajación y paz interior que me invade cada vez que contemplo esas cristalinas aguas azules manchadas con la blanca espuma de las olas... Me da vida, me aporta energía, me acaricia su brisa y me da alegría. El mar también es un escenario poderoso para la lectura, hay pocos placeres tan espectaculares como leer un libro junto al mar.
No se porque mirar el mar me hace pensar... y no en las cosas rutinarias que uno puede pensar parado en un semáforo por ejemplo... sino pensar en el sentido de la vida, en el sentido de MI vida... Supongo que tras repasar las grandes cosas, las más importantes y ver que están en orden (gracias a Dios), irremediablemente empiezo a dar vueltas a otras, que a veces, ocupan mis pensamientos en demasiadas ocasiones. Supongo que todo el mundo echa de menos lo que no tiene y en mi sofá o en mi butaca simplemente se habrían quedado así, pero frente al mar voy más allá... frente al mar siempre me pregunto el por qué de esas cosas, el por qué son, el por qué no son.
Frente al mar me pregunto si es suficiente la espera, me pregunto cómo he llegado a tener tanta paciencia, me pregunto si esto va a cambiar, si merece la pena… Y a pesar de que es cierto que nada es tan fácil como puede parecer, creo que es igual de acertado decir que tampoco nada es tan difícil. Dicen que cuando alguien quiere realmente algo encuentra una manera… y cuando no, una excusa. Sea lo que sea, al final sentir algo bonito siempre merece la pena…
Nada como bañarse de noche en el mar, es algo que nunca me atreví a hacer porque me daba miedo su profunda oscuridad, gracias a mi hermanita lo logré y hoy me fascina hacerlo, y en medio de la noche escuchar el sonido de sus aguas desnudas porque arrastran la risa de los niños y el llanto de los enamorados.  
Amo el mar por grande y poderoso, porque llega donde lo llevan mis pensamientos, porque él puede llevar mi mensaje hasta donde no lo haría nadie... cuando mis ojos físicos lo miran fijamente, se pierden y enceguecen en sus aguas profundas. Y puedo viajar con él... Lugar de encuentro, de roces prohibidos… sus aguas redimen a los corazones solitarios y arrastran la inmundicia de todos, y a todos sumen en la lujuria más lasciva, y a todos bañan en su inercia suave.
Sin duda alguna Mar es un diminutivo de maravilla y Amar es una extensión del mar.

martes, 19 de marzo de 2013

El placer es todo mío




Hoy me levante receptiva, a pesar de la lluvia iba tranquila y feliz. Llegué al lugar de siempre y al verlo acercarse mi sonrisa fue creciendo. No tenía prisa así que me invitó a desayunar, me sentó frente a él como siempre cuando tomamos esos tórridos cafés tan nuestros y que tanto nos han unido y nos unirán. Entre cafés y palabras pasaron los minutos que nos encantan para comunicarnos. Me sentía bien, relajada lo observaba con interés y deseo.
Cuando los sentimientos son tan intensos, el sentir tan compartido y la complicidad tan fuerte, la inseguridad huye y desaparece dando paso a un solo deseo y una sola alma. No dejo de experimentar sensaciones diferentes a cada segundo que paso a su lado, es como si su mirada absorbiera mi alma, me quedo quieta muy atenta escuchando lo que desea decirme.
Es un placer mirarlo y sentir que me llena de paz y sosiego, confianza y amor. Escucharlo y ver como mi alma se enamora más. Es un placer besarlo con un beso infinito, acariciarlo y hacer de nuestros cuerpos uno solo. Es un verdadero placer sentirlo y vivir cada momento como único. Tiene una habilidad mágica de saber en cada momento cómo actuar, es una persona estricta y segura, dulce cuando debe y duro cuando lo necesito. Pero hoy me sentía morbosa, viciosilla, y empecé a soltarme.
¿Placer?, sí, siempre cuando estoy con él y en él me siento plena. Se inicia todo con una mirada y se continúa con una suave caricia. Es que, ¿quién podría negarse al placer? Quién se detiene y no enloquece al sentir la ropa deslizarse lentamente... al dejarla caer. Cuando estoy con él me visto de nada y vuelo, escapo al infinito, y no sé si estoy en el cielo o a un paso del infierno...
El amor a veces es difícil de explicar. Es él quien llena todas mis expectativas, realidades para seguir creciendo, de saltar cada obstáculo, de cultivar mi alma… es el aliento que entra hasta lo más profundo de mi ser, es mi alegría, mi espiritualidad, es quien me lleva al gran mundo donde los sueños se hacen realidad, es mi nuevo despertar, es quien abarca mi nueva era de madurez.
He sentido cada milímetro de su piel y he tocado su alma. Podríamos besarnos cuantas horas, minutos y segundos tuvieran los años, por días y noches enteras, sin reposo, hasta que termináramos rendidos el uno junto al otro. Sus manos disfrazadas de seda se deslizan lenta y suavemente por mi cuerpo, con la naturalidad de dos hojas en el viento dejándose llevar.
Dos cuerpos, dos almas, dos corazones... que se convierten en uno solo y se aman con los cinco sentidos... nuestro placer será eterno... y nuestros cuerpos se fundirán, amándose una y otra vez... Nos hacemos falta, somos dos seres que saben amarse y disfrutar de emociones. Entendemos nuestros placeres: nuestra complicidad nos une y hasta con el silencio nos decimos todo sin necesidad de más.
Cuando estoy con él mi corazón no deja de decirme que aún sigo viva y mi mente vuela. Los sentidos se dispersan, enloquecen junto conmigo. No pienso, no oigo y lo único que veo son siluetas desnudas agitadas por la melodía de sus corazones. Me seduce el perfume natural de su cuerpo y mis pulmones reclaman a gritos aire. Cuando estoy con él espontáneamente sonrío... quizás al sentir que mi piel se eriza porque mi cerebro aún enloquecido, responde estremeciendo desde el músculo más fuerte de mi cuerpo hasta lo más sensible de mí ser.
Es simplemente una explosión de locura, una expansión de sensaciones vibrantes... Una puerta al cielo u otra entrada al infierno. Pero todo es como una melodía, como un nuevo despertar, como regresar a la vida y sin duda, una relajación total. Y al final no queda más que reconocer que el placer es todo mío cuando estoy con él y en él... cuando él está en mí... Cuando por unos momentos, sin compromisos ni ataduras de ningún tipo, está total e incondicionalmente conmigo y es mío... tan solo mío.
Ha sido un día de emociones, como siempre ha hecho que parezca todo sencillo, especial, ha hablado con mi alma, ha jugado con mi cuerpo y ha alimentado mi mente. Cuando se marcha de mi lado, me encuentro tan llena de su presencia que ni siquiera puedo extrañarlo.